sábado, mayo 15 2021

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La gratitud con Tito Rojas, El Cano y Willie Colón

A los músicos hay que tratarlos como los mejores amigos que queremos a pesar de sus defectos y de los que nos distanciamos algunas veces.

La gratitud con Tito Rojas, El Cano y Willie Colón
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

La mayoría somos perfectos, bueno, tenemos pequeños defectos, pero a nadie le interesan, ni aunque estos fueran grandes, nuestra vida es tan anónima como el cero que siempre está a la izquierda, una vida plana, sin altibajos, no hay grandes decepciones pero tampoco grandes logros, casi como un estado comatoso que no despierta ningún demonio, demonios como el de las adicciones por ejemplo; esta pequeña levedad del ser, sin errores, pero sin medallas, nos hace creer que podemos levitar sobre la moral y que tenemos licencia para juzgar la paja en el ojo ajeno.

Del otro lado están ellos, los pocos bienaventurados que escucharon ese leve susurro casi inaudible que es la voz interior, y atendiendo esa guía clarividente se dedicaron con tesón desde los primeros años a afinar el talento que les fue revelado, sin importar el sacrificio, el hambre o la soledad, se tenían que pasar horas pateando un balón, tocando un instrumento, escribiendo y borrando canciones, hasta lograr la perfección, porque esa era la única meta, no importaba que en esa escalada se sacudieran los lomos de los demonios internos más feroces que luego de ser despertados iniciaban una lucha que dura toda la vida.

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Y si, muchos de nuestros ídolos salseros, El Cano, Héctor Lavoe, los tres Titos, Rodríguez, Gómez y Rojas, por nombrar solo algunos, genios en su arte, lucharon toda su vida contra sus adicciones y perdieron la batalla al final, sus muertes prematuras en parte fueron a causa de estas adicciones; la frustración de no brillar, la soledad cuando la fama se esfuma buscan su refugio muchas veces en los cantos de sirena del alcohol y las drogas. Y nosotros, cuasi perfectos, sólo estuvimos con ellos cuando brillaron, ¿pero en sus ocasos nos preguntamos al menos qué tan mal la estaban pasando?, no, “nadie pregunta si sufro o si lloro, si tengo una pena que hiere muy hondo”.

Realmente conocemos poco de nuestros artistas, solo lo mas extremo de su vida, cuando están en la cima de la fama o en el fango del escándalo, y allí llegamos a aplaudirlos o a señalarlos. Algo injusto, cuando ha sido su música la que nos ha acompañado toda la vida, los momentos felices siempre llevarán música, el “Prende el fogón” de la Ponceña con Tito Gómez en las rumbas más eternas, o el “me pasé la noche fumando” de Héctor Lavoe, un tema casi suicida para echarle sal a la herida del desamor.

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A los músicos hay que tratarlos como los mejores amigos que queremos a pesar de sus defectos y de los que nos distanciamos algunas veces porque su militancia no está alineada con la nuestra, pero no se debe desconocer por eso su genialidad, el esfuerzo realizado para ofrecernos la banda sonora para acompañar nuestros días, para ponernos a bailar, para superar el trago amargo.

A grandes virtudes, también pueden venirse grandes defectos, que no se nos olvide al momento de juzgar a nuestros artistas, al final nuestra única virtud quizás ha sido tirar la primera piedra.

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Acerca del Autor

Wilmer Zambrano

Caleño, salsero, ingeniero, melómano, bloguero y twittero. https://twitter.com/SalsaChevere_

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