Jueves, Octubre 17 2019

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Generación X, Y, Z… ¿qué Viene?

Lo cierto es que ser estudioso no está de moda. Tampoco ser respetado o bueno, esos son embelecos del siglo pasado.

Generación X, Y, Z… ¿qué Viene?
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Que Germán Garmendia el año pasado haya colapsado la Filbo; y Calle (Daniela Calle) y Poché (María José Garzón) este año hayan abarrotado el más grande de sus auditorios, es solo otra prueba de lo que hoy pasa por la mente de nuestros jóvenes. Un ya no tan joven chileno (29 años) -una versión latinizada de Jim Carrey con muchos menos millones de dólares-, que se hizo famoso por hacer muecas (actúa con la cara dicen los expertos) y llevar la cotidianidad a las plataformas (producir contenidos); y un par de chicas ‘hipermegaosea’ que hacen pública su vida íntima, fueron con sus libros la sensación para los que ahora se caracterizan por darle menos importancia a los estudios formales, y por supuesto, a una carrera profesional. Y es que en los jóvenes de estas generaciones pareciera rondar la idea de que ser famoso y millonario es algo que se logra a través de cualquier red social. ¡Está a un click y varios likes! Y para ellos esto es literal.

Lo primero que debe decirse es que ser profesional no te hace ni rico, ni inteligente, ni nada per se. Solo profesional, una categoría que otorga un título, un cartón, una clasificación que no garantiza nada sin esfuerzo y trabajo. Colombia -y el mundo, pues uno de los efectos de la globalización y el predomino tecnológico es la deshumanización del conocimiento- están llenos de malos profesionales, de mediocres que no aprovecharon su exclusiva oportunidad, en una sociedad donde la educación es cada vez más un negocio y menos una vocación. Las universidades están llenas de gente que va a todo, menos a estudiar. (Una de las razones debe ser, que también están llenas de profesores que van a todo menos a enseñar). Como en la vieja metáfora audiovisual de la canción Another brick in the wall (Otro ladrillo en la pared), de Pink Floyd, aún se gradúan profesionales con la misma técnica con la que se producen salchichas.

Lo cierto es que ser estudioso no está de moda. Tampoco ser respetado o bueno, esos son embelecos del siglo pasado. Ni siquiera ser inteligente, hay que ser listo, audaz, temerario, y claro, muy, pero muy cool. Técnicamente Calle y Poché (Caché, así las rebautizaron sus fans) son dos lesbianas que se declaran bisexuales, pero por ahora, están muy enamoradas la una de la otra. Negocios son negocios y no está bien dejar por fuera cualquier inclinación que reduzca la monetización. Menos ahora que Disney tocó su puerta. En la población LGBTIQ (ya en breve no alcanzará el abecedario: Lesbiana, Gay, Bisexual, Transgénero, Transexual, Travesti, Intersexual…) hay un nuevo concepto: el Queer. Una persona rara que no se siente a gusto con ninguna clasificación. U organización, sea esta política, social o de cualquier índole. Para un queer todo es opresivo. Su excentricidad raya en lo estrambótico. Y Calle y Poché lo saben, en medio de la precariedad tanto política como existencial de sus seguidores, el mundo g-local respira dinero.

También lo sabe Germán Garmendia, el Youtuber hispano con más suscriptores en el mundo. La cuestión con estos dos fenómenos (¿acaso tres?), es que escriben libros. Bueno, es un decir. Todo sabemos que las editoriales contratan escritores a sueldo que les hacen el trabajo a estas figuras, para que no deje de sonar la caja registradora. Pero supongamos que Germán escribió #Chupaelperro y Di Hola; y que Calle y Poché escribieron Sí, si es contigo. Supongamos, para no entrar en otras honduras. Supondremos también que eso no es literatura, para no complicarnos la vida. (Hacemos parte de una generación con vidas complicadas, aunque no se complica la vida; que habla de transparencia en un mundo cada vez más corrupto, y a su corrupción llama buenos contactos e influencias; que se considera ecologista, pero consume sin límites y fuma marihuana medicinal; trasnochadora compulsiva que madruga a trotar sobre una banda; que va al gimnasio en carro, etc.) Es una generación extraña, no lee, pero corre a comprar lo que su Youtuber le dice impreso. En últimas, renuncia a su digitalidad, a su mundo virtual, para agarrar con sus manos algo de sus ídolos. Para que lo tangible le sea posible, para asirse de alguien o algo, para que su mundo miserable adquiera sentido, para que sin saberlo haga parte de esa trasmutación comercial que solo cambia de fachada.

Hace poco, el Instituto Tecnológico de Massachusetts, reveló una investigación que podría darnos algunas luces sobre las preferencias que en términos de contendidos tienen los jóvenes de hoy y hace que sigan a personajes como Garmendia y Caché. El estudio de por lo menos 40.000 biografías, incluidas en la base de datos Pantheon, pudo establecer una relación directa entre la aparición de tecnologías de la comunicación y los famosos de cada tiempo. Así entonces, antes de la imprenta de Gutenberg, los famosos eran líderes políticos o religiosos; y después de ella, la memoria colectiva del mundo se amplió y varios de los famosos posteriores, son cercanos a Mainz, la ciudad donde comenzaron a imprimirse libros en serie y a destacarse otras profesiones o actividades. Con la radio y el cine los famosos fueron los cantantes y los actores; y con la televisión los deportistas, es especial los futbolistas. Ya intuimos entonces, cuáles serán los famosos después de Internet.

Nuestra historia si no está llena, por lo menos si tiene unos ejemplos notables de personas que no necesitaron ser profesionales para triunfar. En la literatura, el Premio Nobel Gabriel García Márquez hizo cuatro semestres de Derecho, los mismos que William Ospina, Premio Rómulo Gallegos. Álvaro Mutis, que se ganó todos los premios de la gran literatura española, ni siquiera terminó el bachillerato. En política el caso más emblemático es el de Alberto Lleras Camargo, lo más cercano a un estadista que tuvimos en la segunda mitad del siglo XX, que no recibió título alguno. Internacionalmente solo comparable con Luiz Inacio Lula Da Silva. Sus mayores títulos, presidentes de la república. En periodismo, diez de los más destacados del país no son graduados en periodismo. En la música ni Shakira, ni Juanes, ni Darío Gómez o el Charrito Negro y otra veintena, son músicos titulados.

Entonces, por qué tanta alharaca económica y tecnológica, por qué tanto ruido y tan poco análisis sobre lo que en realidad hoy persiguen los jóvenes. Que vendrá la generación V, la virtual- vaticinan los gurúes. Hace cuánto estamos en ella. Ya comienzan a percibirse las consecuencias de la revolución tecnológica: producción más eficiente y barata, pero desempleo masivo y desigualdad por desplazamiento de trabajadores no calificados. Y no lo dijo Petro o Soros, es conclusión del Foro Económico Mundial de Davos (2016). Muchos de los avances logrados en la tarea de reducir la pobreza, se perderán ante los ojos del mercado; y claro, de los más ricos y poderosos, que se apropiarán de los mayores beneficios de las nuevas tecnologías.

Y cómo estamos los colombianos, mal, muy mal. Con jóvenes obnubilados por la pirotecnia tecnológica, que olvidaron que el indio es más importante que la flecha. Con universidades metidas en sus burbujas a las que poco o nada les importa, que un egresado salga a devengar menos del 1% de lo que sus padres invirtieron en su carrera. Y un Estado que no oye a la OCDE: “Colombia es el país con más desigualdad de Suramérica, el segundo más desigual en Latinoamérica después de Haití y el cuarto en el mundo”. Y todos los análisis apuntan a la misma solución: mejorar la educación. Si nada funciona bien sin bases conceptuales sólidas, por qué son exitosos los nuevos famosos. Una respuesta que me atrevo, es la banalización de los contenidos, que como cinta atrapamoscas, engancha una generación de abandonados por un sistema educativo precario y excluyente. Otra, se la dejo a Jim Carrey: “Pienso que todo el mundo debería ser rico, famoso y hacer todo aquello que siempre soñaron. Así podrían darse cuenta que esta no es la respuesta”.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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