jueves, agosto 6 2020

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El falso dilema entre la vida y la economía en los tiempos del COVID-19

El proceso de levantamiento de la cuarentena es irreversible y cada vez son más las personas que transitan por las calles y congestionan el sistema de transporte masivo, pese a los esfuerzos de los gobiernos locales por mantener controlada la situación.

El falso dilema entre la vida y la economía en los tiempos del COVID-19
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Cuando se decretó la pandemia por la propagación del Covid19, se planteó que los gobiernos tenían que resolver un dilema: priorizar la salud o la economía. Algunos mandatarios optaron por el segundo camino argumentando que la economía se iba a desplomar y las consecuencias serían más catastróficas que los estragos de la enfermedad.

Donald Trump, Boris Johnson y  Jair Bolsonaro coincidieron en esta posición y poco o nada hicieron en las primeras semanas de las crisis, convencidos de que sus egos serían suficientes para vencer el virus. Ahora el elevado número de personas contagiadas y muertas en E.E.U.U., Inglaterra y Brasil  demuestran que sus gobernantes estaban muy equivocados.

Iván Duque, que tiene como ejemplo precisamente a estos líderes de la derecha, tampoco se preocupó demasiado por el asunto, al punto que mantuvo abiertos los muelles internacionales, pese al conocimiento que tenía sobre el ingreso de pasajeros provenientes de Europa y E.E.U.U. donde el virus estaba propagándose de manera incontrolada.

Después, ordenó la cuarentena o aislamiento social obligatorio que los colombianos acataron y tuvo resultados positivos en la medida que evitó un contagio acelerado  que habría colapsado nuestro precario sistema de salud. No obstante, con el paso de los días, las organizaciones empresariales y el uribismo ejercieron presión para que el gobierno ordenara la reapertura de algunos sectores de la economía.

La medida fue bien recibida especialmente por las personas que a los pocos días de la cuarentena habían agotado sus recursos quedando a expensas de la solidaridad y las ayudas del gobierno.

Como era de esperar, con la reapertura vino un aumento del número de contagiados, especialmente en algunas ciudades que presentan, además, problemas de indisciplina social o están ubicadas en las zonas de frontera.

El proceso de levantamiento de la cuarentena es irreversible y cada vez son más las personas que transitan por las calles y congestionan el sistema de transporte masivo, pese a los esfuerzos de los gobiernos locales por mantener controlada la situación.

El mundo nunca se había sometido a una cuarentena de esta naturaleza, ni siquiera durante la Gripa Española (1918-1920), pues muchos gobiernos, especialmente de aquellos países que intervinieron en la  Primera Guerra Mundial (1914-1918), guardaron silencio sobre la existencia de la enfermedad para no desmoralizar las tropas y solo vinieron a tomar medidas sanitarias cuando el brote que azotó sus territorios era inocultable.

La cuarentena fue promovida por el gobierno como la herramienta más eficaz para evitar el contagio, pero ante la falta de voluntad política para promover una distribución de la riqueza que permitiera atender los sectores más vulnerables, se planteó “la estrategia del acordeón”, que según Duque consiste en aflojar y apretar, dependiendo de las circunstancias.

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La posición del gobierno nacional ha despertado entusiasmo en empresarios y trabajadores que ven en la reapertura gradual una tabla de salvación para evitar la ruina de las empresas y la garantía de ingresos para atender las necesidades básicas de los trabajadores,  de hecho Duque ha ganado popularidad en las últimas semanas gracias a los anuncios sobre el restablecimiento de la economía.

Coinciden estas medidas con lo que está sucediendo en los países de la comunidad europea, la diferencia estriba en que en  esas naciones se superó el pico y desde hace varias semanas los contagios y muertes vienen en descenso, mientras que en Colombia el número de contagios y muertes aumentan con el paso de los días.  Sin embargo, muchas personas creen que estamos en las mismas condiciones y asumen que el riesgo ha disminuido o que tiende a desaparecer. Creen lo que necesitan desesperadamente creer, por lo tanto, se nutren de falsas noticias y de informes seudocientíficos para tranquilizarse y poder salir a la calle.

Pero, ¿qué tan cierto es que si la cuarentena se extiende naufragaría la economía condenando al mundo al caos?

La economía tiene unas reglas que la gobiernan, pero aun así ningún economista tiene la capacidad de predecir el futuro. Nadie puede señalar qué  sucederá en los próximos meses o años. No obstante,  los catastrofistas de derecha anuncian que sí la economía se paraliza por más tiempo el mundo que conocemos quedaría sometido a la miseria durante décadas, por su parte los catastrofistas de izquierda vaticinan que el capitalismo caerá a pedazos dando paso a un nuevo orden económico y social.

Lo que ocurrió en el mundo después de la Gripa Española, nos puede ayudar a responder la pregunta que acabamos de plantear.

Esa pandemia que también se extendió por todo el planeta, provocó entre 50 y 100 millones de muertos, durante los años 1918 y 1920 (el último caso registrado fue en abril de 1920). Al menos 1 de cada 3 personas contrajo la enfermedad en el mundo y 1 de cada 5 falleció. El mundo fue atacado por un virus, que curiosamente, era igual de contagioso y letal y provocaba los mismos síntomas que el COVID19.Tal vez sea una mera coincidencia, pues hasta el momento nadie ha dicho que ambas pandemias hayan sido causadas por la misma cepa. Amanecerá y veremos.

Lo cierto es que los países que sufrieron con mayor rigor la pandemia enfrentaron graves problemas económicos, pero al poco tiempo superaron las dificultades. La economía es altamente resiliente y absorbió rápidamente el impacto causado por la enfermedad.   Inclusive muchas personas recibieron importantes sumas de dinero de las aseguradoras. En Norte América, por ejemplo, pagaron indemnizaciones por más de 100 millones de dólares (unos 20 mil millones en la actualidad), según refiere Laura Spinney en su libro El Jinete Pálido. Muchos se beneficiaron con las herencias que recibieron de parientes fallecidos, “por ejemplo, tras la muerte a causa de la gripe de un inmigrante alemán en EEUU, su viuda y su hijo recibieron una suma de dinero. Lo invirtieron en inmuebles y hoy la fortuna de su nieto supuestamente asciende a miles de millones de dólares. Su nombre es Donald Trump.” (Ob cit. Pág 534)

Los países más devastados tuvieron un crecimiento del ingreso per capita al quedar menguada la población por culpa del virus. “No se trataba de nueva riqueza, sino de un indicador de la capacidad de una sociedad para recuperarse después de una conmoción violenta.” (ob cit. Pag 540)

Desde luego que no todos los países superaron con la misma prontitud la crisis económica, pero la economía restaño sus propias heridas y el capitalismo sobrevivió.

Así las cosas, estamos frente a un falso dilema. No se trata de escoger entre la economía y la vida, ni mucho menos, como expresaba un economista eugenésico, de una batalla que ganaran los más fuertes e inteligentes y por lo tanto debemos resignarnos a que mueran algunos miles (débiles) para salvar a los demás (fuertes). El virus ha demostrado ser letal (entre 3 y 5 de cada 100 personas enfermas fallecen, aunque en algunos países la tasa es mucho más alta), y terriblemente contagioso. Muchas celebridades se han contagiado y muerto. Por lo tanto, mientras no se encuentre la cura, una vacuna o el virus mute y se debilite, la medida sanitaria más adecuada es el aislamiento social.  El filósofo griego Epicuro escribió “Es posible procurarse seguridad frente a las demás cosas, pero, frente a la muerte, todos los seres humanos habitamos una ciudad sin murallas”.  Cuando la muerte acecha en forma invisible, en cualquier momento puede venir cabalgando en una leve brisa.

Pase lo que pase el gobierno tendrá que asumir la responsabilidad. Sí las medidas de flexibilización provocan un aumento de los contagios y muertes, los mismos que hoy aplauden al presidente saldrán a juzgarlo.  Es muy probable que la próxima pandemia sea social. Existe la posibilidad de que el desajuste emocional y moral de la sociedad,  genere reacciones en contra de los gobiernos después de la pandemia. Los trabajadores, los desempleados, los marginados y excluidos de las políticas públicas, tal vez acumulen un resentimiento mayor, al tener consciencia de que el Estado no fue capaz de protegerlos porque eligió cuidar la economía y mantener intactos los privilegios de una minoría. De todas maneras las cosas no van a seguir iguales. No se trata de un simple frenazo de la rutina, ni de una parálisis transitoria de la vida social. El mundo está cambiando de manera vertiginosa y los gobernados toman cada vez más consciencia de los estragos producidos por la corrupción y el mal gobierno y repugna, más que antes, la grosera concentración de la riqueza en unas pocas manos.

Duque no ha cambiado una sola línea de las normas que regulan el sistema de salud en Colombia en poder de mafias de politiqueros que lo desangran en forma inclemente. Pero el curso de los acontecimientos puede llevar a que los colombianos exijan en las calles un modelo de salud pública sometido a controles efectivos, que garantice una cobertura universal de calidad y termine con la contratación del personal médico, asistencial y de sanidad a través de la oprobiosa figura de las cooperativas. De acuerdo con un informe de BBC Mundo, Colombia solamente ha invertido el 2% del Producto Interno Bruto en la atención del Covid19.

Cuando termine la cuarentena empezarán las movilizaciones sociales exigiendo cambios estructurales. Es lo único que el gobierno puede tener como cierto.

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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