El Parque Nacional Natural Farallones de Cali ha sido, durante años, escenario de la minería ilegal que dejó profundas cicatrices en sus montañas.
Más de mil hectáreas han sido afectadas por esta práctica, y expertos advierten que su recuperación podría tardar al menos dos décadas. Sin embargo, en medio de esa realidad también surgen historias de transformación y resiliencia.
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Hoy, caleños que en el pasado se vieron obligados a trabajar en la minería ilegal decidieron darle un giro a sus vidas: dejaron los socavones para convertirse en protectores de la montaña.
Con apenas 17 años, Gersson ingresó a la minería ilegal como única salida para sostener a su familia. El trabajo, aunque riesgoso, representaba un ingreso inmediato en medio de la falta de oportunidades.
“Era lo único que nos daba de comer”
Gersson.
“Yo entré a la minería a los 17 años porque en mi casa no había otra opción. Era duro, peligroso, pero era lo único que nos daba de comer", comentó Gersson.
Su testimonio refleja la realidad de muchos jóvenes de la ladera de Cali que, sin acceso a empleo ni educación, encuentran en las economías ilegales una aparente solución.
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Diego Guzmán: “Uno arriesgaba la vida todos los días”
Las condiciones de trabajo en los socavones eran precarias. La exposición al polvo, el riesgo de derrumbes y la ausencia de medidas de seguridad marcaron la experiencia de Diego Guzmán en la minería ilegal.
“Uno arriesgaba la vida todos los días. Entre el polvo, las piedras y la falta de seguridad, uno sentía que en cualquier momento podía pasar una tragedia.”
Hoy, Diego mira hacia atrás con conciencia de lo que significaba esa actividad, no solo para su vida, sino también para la naturaleza.
Por otro lado, para Jhon, la minería ilegal dejó una herida profunda. La muerte de su hermano en medio de esa práctica lo llevó a replantear su camino y a tomar la decisión de dejarlo todo atrás.
“La minería me quitó a mi hermano, y desde ese momento entendí que no quería seguir en lo mismo. Yo no quería que la historia se repitiera.”
Su relato pone en evidencia cómo, además del impacto ambiental, la minería ilegal trae consigo tragedias familiares y pérdidas irreparables.
De la explotación a la protección de Los Farallones
Después de años bajo tierra, Gersson, Diego, Jhon y otros caleños encontraron una nueva misión: convertirse en guardabosques de los Farallones de Cali. Ahora, en lugar de destruir la montaña, la cuidan. En vez de extraerle riqueza, le devuelven vida.
Su labor consiste en recorrer los senderos, vigilar el territorio y contribuir a la recuperación de un ecosistema fundamental para el suroccidente colombiano.
Un mensaje de esperanza
Las historias de estos hombres reflejan la posibilidad de un cambio real. Pasaron de ser parte de un problema a convertirse en protagonistas de la solución. Su mensaje es claro: siempre hay una segunda oportunidad para las personas y para la naturaleza.
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