La cultura, la música y el baile se han convertido en herramientas de resocialización para las personas privadas de la libertad en la cárcel de Villa Hermosa, en Cali. En el centro penitenciario Villa Hermosa, la orquesta Son de Villa y Salsa al Patio son muestra de ello.
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En un lugar donde el tiempo parece detenerse, la música encontró la manera de avanzar. Y es que, en el centro penitenciario de Villahermosa, 14 hombres privados de la libertad decidieron cambiar el ruido del encierro por el ritmo de la esperanza.
Así nació Son de Villa, una orquesta conformada por internos que encontraron en la música una forma de transformar su tiempo de condena.
“El poder hacer cualquier cosa que tenga que ver con el arte, la recreación, el deporte en este lugar es una forma de salir de este lugar, de liberarse. Entonces el arte aquí es muy apreciado”.
Breiner Riascos, vocalista y percusionista de la orquesta Son de Villa.
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“Lastimosamente, el ser humano es un ser que continuamente está propenso a caer, pero estos muchachos me han enseñado que la forma de levantarnos y poder dar la cara a la luz es por medio de la música, del arte, de la convivencia que ellos tienen día tras día”, señaló Cristian Jaramillo, dragoneante, facilitador de cultura cárcel Villa Hermosa.
Por ello, entre las distintas personas que conforman esta iniciativa, expresan las bondades de un proyecto de esta naturaleza para la dignidad humana y la resocialización de las personas.
“Nosotros, bajo el sistema penitenciario, el crear estos espacios de estar unidos como personas, como sociedad, pues tenemos la oportunidad de mostrarle que las cárceles no son bodegas de personas, sino por el contrario, sí tenemos unos procesos terapéuticos de transformación social”, señaló Jesús Alberto Córdoba, director de la cárcel Villa Hermosa.
'Son de villa' para todo Colombia
De igual manera, el talento de la orquesta incluso ha logrado salir de los muros del penal.
Asimismo, en eventos como la ayuda 2025 en Cali, estos músicos han podido presentarse ante el público y reencontrarse con sus familias después de años sin verse.
“Salir a la calle para nosotros es una bendición, porque estamos felices de ver a la familia que también nos está apoyando y que estaba ahí en el público. Para nosotros es una alegría impresionante", expresó Juan Carlos Hoyos, vocalista y director de la orquesta Son de Villa.
Entre cada una de estas voces se teje una realidad que va más allá del escenario: la música como herramienta de transformación dentro de contextos complejos.
“El tratamiento penitenciario desde las expresiones de cultura, lo que buscan es resignificar y evidenciar que es necesario, primero, que este instrumento esté en función de la persona privada de la libertad para evitar la posible reinserción a futuro de conductas nuevas delictivas”, afirmó Luis Alberto Sandoval, dragoneante y trabajador social.
Adicionalmente, tras aprender a tocar un instrumento o cantar, también se reconstruyen los vínculos, recuperan la autoestima y encuentran nuevas formas de habitar el tiempo y la identidad dentro de un entorno de reclusión.
“La música en sus expresiones es un mecanismo de comunicación; también es una manera de contarle al mundo lo que están sintiendo. Entonces, ¿qué mejor espacio que este donde tienen la oportunidad de tener el tiempo libre para que ellos mismos empiecen a mirar? Yo estoy aquí porque cometí un error”.
Stephania Agudelo López, trabajadora social de “Salsa al patio”
Asimismo, a través de esta iniciativa, la música y el baile son formas de expresión, resistencia y transformación personal en la cárcel de Villa Hermosa.
El proyecto Salsa al Patio, creado por el bailarín Sebastián Montaño, más conocido como Pikachu, nació mientras él mismo cumplía condena en este centro penitenciario.
“Con la salsa, utilizándola como esa herramienta, vamos a empezar a capacitar a los internos. Después de recuperar la libertad, estoy yendo con las escuelas culturales de la gobernación del Valle; con la salsa como patrimonio cultural, podemos capacitar a los internos y podemos buscar ese descuento, esa redención”.
Sebastián Montaño, PikchuDJ
Estos procesos también evidencian el valor del acompañamiento institucional y social en los caminos de cambio.
Cuando el arte se convierte en un puente entre el adentro y el afuera, entre quienes están privados de la libertad y la sociedad que los espera.
“Hemos encontrado, digamos, el camino para llevar un mensaje a la sociedad, que vean que realmente podemos resocializarnos a través de este proyecto de la música, poderle pedir perdón a la sociedad por las cosas que, digamos, los errores que cometimos”, enfatizó Julián Tabares, guitarrista.
En ese sentido, la cultura se posiciona como una posibilidad real de resignificación personal, donde cada ensayo, cada presentación y cada palabra cantada se transforma en un paso hacia la reintegración.
Finalmente, entre instrumentos y pasos de salsa, estos procesos culturales buscan demostrar que el talento también puede surgir en los lugares más inesperados y que a veces la segunda oportunidad comienza mucho antes de recuperar la libertad.
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