El consumo de sustancias psicoactivas en el Valle del Cauca dejó de ser un fenómeno distante y hoy se convierte en una emergencia social que avanza con fuerza entre niños y adolescentes.
La Secretaría de Salud advierte más de 11.000 casos atendidos por consumo problemático en Cali, y un 62% de ellos corresponde a personas que comenzaron entre los 10 y 28 años, una cifra que revela la creciente vulnerabilidad emocional de esta población.
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Un problema que toca cada vez a más niños en el Valle del Cauca
Especialistas en salud mental explican que muchos jóvenes llegan al consumo empujados por conflictos familiares, tensiones emocionales o la necesidad de escapar de situaciones que no saben gestionar.
Antes de su declaración, advierten que incluso desde los 10 años algunos menores ya presentan patrones riesgosos.
“La persona necesita una sustancia para salir por minutos u horas de la realidad. Desde los 10 años se pueden observar niños preadolescentes que comienzan ya con un consumo y rápidamente un consumo problemático de sustancias psicoactivas.”
Las instituciones educativas también han encendido las alarmas: uno de cada diez estudiantes entre 12 y 17 años ha probado alguna droga, generalmente marihuana, sustancia que, según especialistas, está generando casos de esquizofrenia temprana.
Detrás de estas cifras aparecen jóvenes que iniciaron sin medir consecuencias, motivados por curiosidad, presión social, o la búsqueda de un escape emocional.
“Sentí que lo podía controlar. Sentí que no iba a perjudicar mi salud ni a mi familia, pero cuando pasó el tiempo me di cuenta de que me estaba destruyendo yo y estaba destruyendo a mis seres queridos.”
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La familia como primera red de protección
Frente a este panorama, los expertos coinciden en que la estructura familiar, la presencia afectiva y las pautas de crianza son fundamentales para frenar el avance del consumo. El acompañamiento emocional crea una base sólida que ayuda a los jóvenes a enfrentar presiones sin buscar refugio en sustancias.
Los centros de tratamiento señalan que la solución no se limita a intervenir a quien consume, también es necesario fortalecer un entorno que incluye atención psicológica, actividades grupales y procesos que les permitan trabajar los factores que los llevaron al consumo.
Quienes lograron superar su adicción envían hoy un mensaje de esperanza a los demás jóvenes que enfrentan este riesgo.
“Siempre hay una salida. Uno puede levantarse, ser útil para la sociedad y ayudar a muchos jóvenes que hoy sienten debilidad frente a las drogas.”
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