Miércoles, Junio 20 2018

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En los zapatos de unos pies descalzos

Mientras Colombia no asuma la puntualidad como una característica nacional, no vamos a construir una nación que sea reconocida como confiable.

En los zapatos de unos pies descalzos
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Colombia no es confiable. Lo escuché en el Foro: Comunicación, Cultura y Construcción de Paz, organizado por la revista Semana en alianza con el Ministerio de Cultura y el apoyo de las universidades del Valle, Icesi, Santiago de Cali, Autónoma de Occidente, la Secretaría de Paz y Convivencia de la Alcaldía de Cali y la Gobernación del Valle del Cauca.

En eso están de acuerdo Francisco Piedrahita, rector de Icesi y los Hermanos Lebrón. El primero asegura que en nuestro país el 4% confía en el otro y en los países escandinavos lo hace el 75%; y los segundos,  cantan en Prostitución: “Ya hasta la confianza se ha perdido y no existe unión entre los hombres. El difunto amor fue destruido, por la prostitución de los hombres”. Aquí nadie cumple a tiempo con nada ni con nadie. Ni ´El minuto de Dios´, ni la eternidad de los gobiernos.

No se habló solo de confiabilidad claro, pero en las actuales circunstancias del país llamó la atención y -de alguna manera- marcó el derrotero de un espacio pensado para lanzar el proyecto Semana Rural. Una apuesta periodística apoyada por el Programa de Alianzas para la Reconciliación (PAR), la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y Ampliando Oportunidades en el Mundo (ACDI-VOCA).

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Volvió a discutirse esa propensión tan histórica como errada de algunos medios, a considerar que son “La voz de los que no tienen voz”. Se planteó con otras palabras, si lo que falta es músculo financiero o fuerza moral para escuchar las voces de la periferia. Se reconoció que una verdad a medias es como una herida curada en falso, que puede volver a sangrar en cualquier momento. Y se volvió a cometer el error que comenten por estos días todos los eventos que se hacen en nombre de la paz o sobre sus hombros: no voltear el protocolo.

Las últimas de la agenda fueron las experiencias de paz. Así como cuando las víctimas tienen la palabra, justo cuando los auditorios están medio vacíos. Debemos no temer al cambio. Es preciso alternar las voces. Mezclar los saberes. Valorar la oralidad. Recocer la sabiduría popular. No son los últimos de la agenda, son los primeros de la vida. Son sobrevivientes de la barbarie y trabajadores por la paz mucho antes de que se platearan siquiera los diálogos o se lograran los Acuerdos.

Ad portas de los 20 años del nuevo milenio, apenas estamos saliendo del siglo XX, de su lastre de guerra, y no lo vamos a lograr si no cambiamos muchas cosas para ganarnos la confianza del otro. Este proceso de paz es como unos zapatos nuevos que nos han dado para andar el nuevo camino. Nos corresponderá nuestra talla o una un poco menor, algo mayor tal vez. A fuerza entran, pero tallan. O el pie queda suelto y no encuentra su acomodo. Se necesita tiempo, trabajo y estrategias para hacerlos cómodos, a la medida.

El general Naranjo cambió el uniforme y las botas policiales, por el ´Everfit´ y los zapatos ´de material´. También los miembros del Secretariado de la Farc cambiaron el camuflado por la guayabera. Y los ex guerrilleros rasos, ya en la civilidad, siguen en botas pantaneras. Esas botas de caucho con las que guerreaban, cocinaban, dormían, comían, y -lo más impresionante- corrían. No cambia el protocolo.

Entonces en el Foro hablaron primero los señores organizadores. Y tomaron la vocería de los invisibilizados que tienen voz, pero no megáfono. Y evocaron la élite del periodismo nacional -otro brazo, para no llamarlo tentáculo, de la élite política- que no suelta los hilos de su poder. Está amarrado al imperio del discurso dominante, a la manipulación agazapada en la libertad de prensa.

¿Y qué tal si la comunidad está primero que los académicos en los foros? ¿Y qué tal si las experiencias de paz están por encima de los negociadores de oficio? ¿Y qué tal si los periodistas no están por encima de los protagonistas? ¿Y qué tal si llegamos a tiempo? ¿Y qué tal si se cumplen la tareas? ¿Y qué tal si dejamos de quejarnos del incumplimiento  del otro, sin reconocer el propio? ¿Y qué tal si nos ponemos en los zapatos del otro? No importa si son botas o mocasines, o mejor aún, si esos pies están descalzos.

Mientras Colombia no asuma la puntualidad como una característica nacional, no vamos a construir una nación que sea reconocida como confiable. Las potencias y los países emergentes lo han logrado con disciplina. No de perros, sino la de los humanos capaces de disponer del tiempo y las ideas de manera organizada, pensante y ética. No llegó la ministra por cuestiones de agenda. No llegó la gobernadora por la misma razón. Y llegó tarde el alcalde. Muchos se fueron después del refrigerio. Así es el protocolo.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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