Domingo, Mayo 26 2019

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En Colombia, la discriminación golea al fútbol femenino

Hacemos eco de la campaña de las jugadoras Melissa Ortiz e Isabella Echeverri, hoy radicadas en Estados Unidos, quienes lanzaron en redes sociales el hastag  #menosmiedomasfutbol.

En Colombia, la discriminación golea al fútbol femenino
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

El anuncio del presidente de Colombia de buscar para el país la sede del mundial femenino de fútbol de mayores, a disputarse en 2023, puso de nuevo sobre la mesa el debate sobre las condiciones laborales, económicas y personales de las deportistas.

“Este es un país machista donde la mujer suele cargar las culpas. Aquí se vive del intercambio de favores y de la rosca, no del esfuerzo y el trabajo. Primero habrá que solucionar eso. Luego veremos si nos merecemos un mundial”, declaro una de las jugadoras más veteranas.

La práctica del fútbol femenino comenzó en Colombia en la década de los 80, precisamente en los parques de los barrios de algunos municipios de nuestro departamento, luego la experiencia pasó a Antioquia y Cundinamarca. Obviamente, como el fútbol ha sido jugado y manejado por hombres, las dificultades no han sido pocas.

En los comienzos, muchas fueron las niñas y adolescentes que practicaban el deporte en secreto por temor a la desaprobación de sus familias y a la crítica y las burlas de la gente. Desde calificativos como “marimachos” y órdenes para ir a la cocina o dedicarse a criar hijos debieron escuchar cuando jugaban. Del matoneo verbal se pasó a la discriminación, al acoso laboral y sexual, al chantaje y a las amenazas, como se supo recientemente, por revelaciones de jugadoras de la Selección Sub 17.

Finalizando 2018 el país se escandalizó con las declaraciones de Gabriel Camargo, presidente del Tolima quien expresó: “el futbol femenino no es rentable; hay problemas con las mujeres que son más tomatrago que los varones y la liga es caldo de cultivo del lesbianismo.” Aunque se disculpó, obligado por la presión social, sus declaraciones evidencian la realidad que padecen las deportistas. Por ejemplo, el Atlético Huila, que ganó la Copa Libertadores femenina en 2018, y se hizo acreedor a  los 55.000 dólares del premio de la Conmebol, expresó el temor de que los recursos fueran a manos del equipo masculino de la primera división.

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La indiferencia de la Federación Colombiana de Fútbol y de la Dimayor ante las graves denuncias de las jugadoras y sus familias es innegable, como ha ocurrido con la Selección Sub 17, dos de cuyas jugadoras y la fisioterapeuta cansadas de los abusos y el acoso decidieron revelar una serie de atropellos a los que se han visto sometidas y las correspondientes secuelas sicológicas, hechos que comprometen a varias figuras del equipo técnico y que ya están en conocimiento de la Fiscalía.

A las humillaciones provocadas por piropos, toqueteos, masajes indebidos, ofertas, sobrecarga de trabajo, retiro de la selección, cobro de coimas para ser escogidas, viajes sin seguro, gastos de transporte, hospedaje, alimentación y uniformes a su cargo, recorte de pírricos auxilios, amenazas, coacción y cero protestas para evitar represalias, se suma la falta de pagos por transferencias y de contratos laborales y el trato de aficionadas para evitar salarios. Una difícil realidad que las obliga a buscar otras opciones para sobrevivir. En resumen, para las mujeres colombianas, el fútbol no es una opción laboral estable y es un espacio donde reinan la inequidad y la desigualdad ante el derecho.

Laura Gómez, abogada experta en violencia de género señala: “La Federación Colombiana de Fútbol se aprovecha de su fuerza de trabajo a través de los vacíos jurídicos enormes que hay en el derecho deportivo y en las normas FIFA (…) Las jugadoras convocadas no adquieren ningún tipo de compromiso laboral, por eso permanecen indefensas ante cualquier abuso.”

El año pasado, según la FIFA, el fichaje en el fútbol femenino movió un escaso 0,1% de la cifra que registró el negocio en el campo masculino; posiblemente, esta sea la razón que frena los intereses de los patrocinadores y medios de comunicación que negocian la publicidad y los derechos de transmisión.

Develado este oscuro panorama y el valor de quienes se atreven a denunciar, nos sumamos a las voces que exigen a las autoridades deportivas y a las judiciales esclarecer los hechos cuanto antes y tomar las medidas pertinentes.

De nuestra parte, solidaridad total y compromiso absoluto con la defensa de la dignidad de la mujer en todos los ámbitos sociales, laborales y familiares. Hacemos eco de la campaña de las jugadoras Melissa Ortiz e Isabella Echeverri, hoy radicadas en Estados Unidos, quienes lanzaron en redes sociales el hastag  #menosmiedomasfutbol.

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