Sábado, Octubre 20 2018

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El Salsódromo: ¿fue realmente tan bueno o quedó debiendo?

Por: Carlos Penagos Cuando Cali vive su feria todo se acepta, el pueblo goza, canta y baila, no importa si al final pagar por una boleta valió o no la pena, y muchos dirán desde una mirada local que los trapos sucios se lavan en casa. Sin embargo, no se debe olvidar, ni se puede …

El Salsódromo: ¿fue realmente tan bueno o quedó debiendo?

Por: Carlos Penagos

Cuando Cali vive su feria todo se acepta, el pueblo goza, canta y baila, no importa si al final pagar por una boleta valió o no la pena, y muchos dirán desde una mirada local que los trapos sucios se lavan en casa. Sin embargo, no se debe olvidar, ni se puede perder la perspectiva y la alta exigencia organizativa que requiere el Salsódromo, ya convertido en un ícono cultural con trascendencia internacional.

Miles de extranjeros quieren vivirlo, miles de colombianos que visitan Cali, también, y claro, los hijos de esta tierra que viven en otras latitudes y que sueñan con llevarse en sus corazones un pedacito entrañable de la ciudad que no olvidan. Por eso, hay que contar lo que hay contar, para mejorar, no para destruir: Así fue para algunos, la experiencia del Salsódromo en la Feria de Cali de 2014:

Llegar a la tribuna asignada en su boleta, ¿tarea fácil o difícil?

De más está señalar que en general el buen comportamiento de los asistentes al evento inaugural de la versión 57 de la Feria de Cali, marcó un arranque positivo para el esperado festejo decembrino y ello facultó, entre otras razones, que encontrar la tribuna que indicaba la boleta que la gente tenía en su poder no fuera una labor titánica, pero en un universo de más de 100 mil asistentes, la historia para muchos otros fue caótica.

Para llegar a las tribunas, Corfecali dispuso señalética grande, muy generosa visualmente, pero hicieron falta puntos de información, al menos sobre la Carrera 56 y otro Carrera 39 o personal que entregara volantes con un mapa de la distribución del Salsódromo para tomar el camino correcto.

Pero según un sondeo realizado por www.90minutos.co, muchas personas no sabían si su tribuna estaba ubicada sobre el sardinel que divide la Autopista Sur, o si por el contrario estaba en la orilla de los andenes de los barrios, y en la búsqueda de esa otra acera debían caminar trayectos que superaban las 20 cuadras.

La situación se complicó porque según conoció este medio, la Policía Metropolitana de Cali suspendió sobre las 4:00 p.m., hora de pleno acceso al Salsódromo, el paso de un lado al otro sobre el puente peatonal de la Carrera 44.

Confirmaron las autoridades, que la acertada, aunque incómoda determinación fue tomada porque las personas se estaban quedando en el puente y su estructura, no diseñada para soportar grandes pesos, mucho menos oscilantes, empezó a flaquear y reportaron el debilitamiento de la misma, por lo que, por prevención, ese único paso fue clausurado, obligando a quienes lo necesitaban a caminar hasta la Carrera 39 o hasta la Guadalupe.

La experiencia en las tribunas del Salsódromo

El personal de logística visualmente bien diferenciado atendía con cierta prestancia a los asistentes. Boleta en mano, después de alguna travesía corta para unos o larga y tediosa para otros, las personas llegaban por fin al lugar destinado para unas cuantas horas de alegría, tras 360 días de espera.

Sobre las 6:00 p.m. iniciaron los desfiles. Alguien, seguramente en un acto de infinita sabiduría comercial o de mercadeo, pero que refleja un concepto en especial “artesanal” o “criollo”, decidió despachar en un evento que ya es de carácter internacional, en primera instancia, una caravana de carros valla, modelos de protocolo, Dj’s, los carros recolectores de basura, etcétera y entre unos y otros, grupos de bailarines que nadie supo si eran o no profesionales.

Y justó ahí empezaron a notarse algunos puntos que marcaron una noche con ciertas frustraciones e insatisfacciones, potencializadas cuando la gente pagó por un evento de calidad y más aún si compraron abonos con otros desfiles que para el caso de muchos, no eran de gran interés, pero que era la única manera de tener la boleta para el Salsódromo.

Cabe aclarar que el sonido contratado por Corfecali a lo largo del kilómetro y medio que tenía de extensión el Salsódromo, es decir, la calidad y el volumen era bueno, pero faltó coordinación en la producción y allí comenzó todo, aseguraron asistentes a las distintas tribunas, a escucharse mal.

Las comparsas arrancaron y hay que señalar que fue una idea acertada disponer unas largas banderas de Cali, emocionante, igualmente, el aplauso que reconoció la grandeza y los triunfos al vallecaucano Orlando Duque quien abrió el certamen.

En adelante, figuras decorativas del recordado ‘Puente Ortiz’, informaban el nombre del ala que venía y por el sonido principal se anunciaba quiénes se acercaban en la carroza asignada, además de los nombres de las escuelas de baile y las canciones que bailarían.

Pero así como suena de ordenado al escribirlo, no se vivenció en la cinta asfáltica del Salsódromo.

Las carrozas tenían su propio sonido, pero en la mayoría de ocasiones, el sonido principal tapó el de los vehículos y allí, por ejemplo, iban Los Hermanos Lebrón, ¿alguien los disfrutó al menos un minuto?, ¡no!…iba también la orquesta D’Cache, lindas mujeres a las que los hombres vieron, pero poco escucharon y la orquesta Salsa Másters, a quienes se les veía desde las tribunas las caras de inconformidad porque se les cruzaban los audios de lo que ellos tocaban, con el del exterior. Así, de trago en trago, la alegría aumentaba como por segundos, de forma fraccionada y luego se fueron desvaneciendo las ilusiones de propios y extraños de disfrutar con sus artistas.

Muy similar sucedió con la carroza de los bailarines chiquitines quienes se quedaron quietos frente a varias tribunas porque no sabían con cuál canción era que debían bailar, y de esto ni los expertos bailadores de la vieja guardia se salvaron. ¿Y qué decir de la ‘Percubanda’?, que muchos después del puente de la Carrera 50 se quedaron esperando, y que jamás por esos lados se vio, ni escuchó una conga, un timbal ni un cencerro.

Los bailarines de las escuelas tenían largos intervalos de silencio, al punto que desde las tribunas la gente coreaba alguna canción y ellos en virtud a que se debían al público bailaban, colocando ese grano de arena para que lo que ya se evidenciaba, no terminara con un acto de indiferencia de su parte. Sin duda, los bailarines, en lo suyo cumplieron con creces.

A la producción del Salsódromo se le fueron literalmente las luces, y esa queja se escuchó entre los asistentes que estaban en las tribunas ubicadas después del puente de la Carrera 50 que atraviesa la Autopista Sur.

Y es que únicamente hasta allí llegaron las luces de colores, el humo tipo discoteca y el espectáculo visual que ello genera. En adelante, hasta el final del recorrido sólo iluminaban la vía unas luces blancas instaladas, de esas que tiene cualquier cuadra de Cali. Por estas razones el descontento reinó en ese sector del Salsódromo.

Pero también hubo quejas en la zona de adelante, espectadores de las tribunas 1 y 2 indicaron que los artistas salieron con afán, pasaron muy rápido y no pudieron disfrutar de ellos.

De otra parte, afirmó parte del público que los encargados de la logística dejaron que a las tribunas accedieran más personas que las que el propio peso de la misma soporta.

Cuando se evidenció el error, quien necesitara, por ejemplo, ir a uno de los baños móviles dispuestos, no lo dejaban subir de nuevo y ya no podía regresar al lugar en el que estaban sus amigos y familiares. También se registraron algunos empujones y empellones por un lugar en la tribuna, y así varias situaciones que se pudieron evitar, si desde un principio existen mayores controles y mejores decisiones.

Al final, entre gustos y disgustos el Salsódromo no perdió su esencia porque su espíritu se conservó, pero de los realizados hasta el momento no fue el mejor, la intención fue la mejor, pero fallaron puntos claves: coordinación, logística y producción, y ello atentó contra la calidad de un espectáculo que seguramente en 2015 tendrá una revancha.

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