Miércoles, Diciembre 12 2018

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El referendo de la hermana senadora

La senadora Viviane Morales radicó en la Registraduría 230.000 firmas para inscribir el comité promotor del referendo que pretende reformar la Constitución Política, introduciendo una norma que prohibiría la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Haciendo uso del discurso político la senadora justificó la iniciativa como una medida de protección de los niños …

El referendo de la hermana senadora

La senadora Viviane Morales radicó en la Registraduría 230.000 firmas para inscribir el comité promotor del referendo que pretende reformar la Constitución Política, introduciendo una norma que prohibiría la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

Haciendo uso del discurso político la senadora justificó la iniciativa como una medida de protección de los niños y reivindicó el derecho que tienen los ciudadanos a acudir a los mecanismos de participación democrática.

Con el reciente fallo de la Corte Constitucional mediante el cual negó la posibilidad a los gais de adoptar, salvo cuando un miembro de la pareja es el padre o la madre biológica, podría pensarse que la propuesta de referendo sería retirada, pero lo más probable es que siga el trámite hasta las últimas consecuencias.

A la senadora le asiste el derecho a promover este referendo. Ni más faltaba. Su calidad de miembro de una iglesia cristiana no constituye una limitación para el ejercicio de sus derechos políticos y hay que respetar que la líder política ceda el paso a la evangelizadora dogmática, eso es asunto suyo.

Lo que no podemos soslayar es el oportunismo de Morales, quien de un solo tiro pretender sacar provecho político y religioso a la coyuntura, ni desconocer los peligros que entraña la propuesta. La senadora sabe muy bien que Colombia es un país mayoritariamente católico, con una presencia importante de las iglesias evangélicas y que sacerdotes y pastores se oponen a que los gais puedan conformar una familia, con los mismos derechos que las parejas heterosexuales. Es de esperar entonces que desde los pulpitos se incite a las feligresías a votar por el referendo, contando de esta manera con el voto mayoritario de los colombianos. En estas condiciones el triunfo político se da por descontado.

Pero además, aprovechando que los colombianos tenemos por costumbre no leer la letra menuda, el texto del referendo desarrolla el concepto cristiano de familia, es decir la “unión constituida (solamente) por una pareja heterosexual en los términos explícitos del artículo 44 de esta Constitución, es decir, por un hombre y una mujer unidos entre sí en matrimonio o unión marital de hecho, con el cumplimiento de los demás requisitos establecidos en la ley”. Moñona religiosa.

El oportunismo religioso-político de la hermana senadora, no le ha permitido sopesar las consecuencias de hacer proselitismo en contra de las minorías. Porque en esencia de eso se trata: mostrar a los gais como unos enfermos (consultar a cualquier profesor de la Universidad de la Sabana), que amenazan con socavar los fundamentos éticos y morales de nuestra sociedad.

El discurso del miedo y el repudio sobre el cual se basa la campaña, haría que el referendo terminara convertido en una verdadera cruzada homofóbica. Los homosexuales y las lesbianas serían perseguidos como parias, ante la mirada complaciente de algunos promotores, quienes no tendrían problema en sacrificar en altar de sus creencias a sus propios hijos o hijas.

En poco tiempo surgirían grupos de limpieza social acribillando maricas, como ocurrió en la calle 8 de Cali en la década de los 90, justo cuando se acuñó el despreciable terminó “desechables”, utilizado para nombrar a las víctimas de estas organizaciones.

Meterle gasolina religiosa al fuego de la violencia que arde en nuestro país es una irresponsabilidad imperdonable. Los gais que aspiraran a la adopción son unos cuantos y los que desean casarse unos pocos miles y, en su gran mayoría, son personas decentes, trabajadoras, con sólidos principios; ciudadanos ejemplares que no representan un peligro para nadie.

En lugar de movilizar las mayorías en contra de una minoría indefensa, Viviane Morales debe hacer uso de su credencial como senadora y promover un debate en el seno del Congreso, entendido como el escenario natural y apropiado para llevar a cabo este tipo de discusiones, sin el riesgo de alguien resulte herido o muerto.

 

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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