viernes, enero 15 2021

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El poder del ejemplo

Con el tiempo, la imitación cayó en desgracia y el imitador terminó siendo considerado un mediocre que robaba las ideas ajenas.

El poder del ejemplo
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

En la edad media, los grandes artistas enseñaban permitiendo que los aprendices imitaran sus obras. Por eso existen varias réplicas de la Monalisa, pintadas por los alumnos de Da Vinci.

Con el tiempo, la imitación cayó en desgracia y el imitador terminó siendo considerado un mediocre que robaba las ideas ajenas.   Por esa razón hemos creído que el ejemplo y la experiencia perdieron el poder de influir en la formación de las personas, en un mundo cada vez más individualista y competitivo.

Craso error.

El ejemplo es poderoso. “Dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás; es la única manera.” La frase es atribuida a  Albert Einstein y encierra una gran verdad.

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Gracias al ejemplo que recibió del Quijote, Sancho Panza gobernó la Ínsula Barataria con sabiduría.

Sancho era un hombre de bien, un humilde labrador vecino del Quijote, “de muy poca sal en la mollera”, al extremo que dejó a su mujer e hijos para convertirse en escudero de su vecino. Después de muchas aventuras, Sancho fue investido, en broma, como gobernador de un villorrio al que llamaron Insula Barataria, sin embargo, causa asombro la forma inteligente y sabia como administró justicia. ¿Cómo lo hizo?

Cervantes no lo explica, pero es obvio que Sancho aprendió del Quijote a través del ejemplo.

En lo personal, tuve la fortuna de recibir el ejemplo de hombres y mujeres excepcionales. De mi padre aprendí que servir a los demás es maravilloso. Durante el tiempo que laboré en la Rama Judicial, no pude sustraerme al ejemplo que irradiaron muchos servidores judiciales, algunos de los cuales ofrendaron su vida en cumplimiento del deber.

De ellos aprendí que el prestigio de la justicia depende de la conducta de quienes nos desenvolvemos en el campo jurídico.

No es necesaria la lámpara de DIOGENES para encontrar personas honestas y justas. Existen. Debemos mirar hacia ellas como el capitán de un barco que busca en la mitad de una noche tormentosa la luz del faro para no estrellarse contra las rocas.

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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