Martes, Septiembre 25 2018

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El insomnio de la guerra

Si el Estado no copa estos espacios y combate estas células, el problema puede crecerse y tocará volver a tomar y disparar pepas para el dolor cabeza.

El insomnio de la guerra
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Monterredondo es una de las 25 veredas de Miranda y una de las 23 Zonas Veredales Transitorias de Normalización que en agosto pasaron a llamarse Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación. Allí se concentraron 305 guerrilleros. 82 combatientes y 223 milicianos. Como en casi en todos estos espacios, la idea del incumplimiento ronda y la desconfianza se huele en el ambiente. Se están yendo. Unos a buscar la familia y otros el reencuentro con las balas. A embandolerarse. El día que la visitamos dos actividades concentraban la atención y rompían la rutina: la Agencia Nacional de Reincorporación realizaba -con el apoyo del Sena-, un proceso de valoración y validación educativa de la antigua guerrillerada. Y varios obreros trabajaban en el levantamiento de una pancarta con información gubernamental de la inversión.

Al lugar se llega fácil. Es una carretera destapada pero en buen estado. El mayor peligro son las volquetas inmensas que bajan de La Mina y La Calera o las que surten de balastro el plan. El paisaje repetido de Miranda, Padilla o Florida, con sus cañaduzales eternos y sus casas altas y pintorescas, cambia. Se busca la cordillera y el sol cede. También el calor y el color. En Campoalegre florecen los cafetales. En el Caraqueño blanquean los platanales. En Calandaima refulge el verde de los sembrados de coca. Y en todo el cañón serpentea el rio Desbaratado, que corre entre Florida y Miranda y sirve de límite al Valle y al Cauca. Varias veces quiso llevárselo todo con avalanchas.

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Hoy, en un recorrido que no supera la hora desde la cabecera municipal, se pueden recoger imágenes de varias Zonas de Reserva Campesina, un Resguardo Indígena y la zona campamentaria. La década del 80 fue difícil, pero esperanzadora. Proyectos de reforestación recuperaron la cuenca del Desbaratado e hicieron frente a la pobreza. En los 90 se fortaleció el trabajo comunitario. Y ya para el 2000 el estigma de zona roja se había reducido un poco. Al menos eso dijo Luis Alberto Zapata Martínez, el conductor de la chiva que nos trepó a la zona. Un negro gigante y bonachón que echa de ver como la palma blanca de su mano, lo que es la paz de estos lugares desde que se firmaron los Acuerdos. Miranda tiene un solo corregimiento: El Ortigal. Y aunque se puede llegar a Monterredondo por Guatemala, “la carretera por allá es guatepior” asegura. Y suelta una carcajada.

El que casi no se ríe es el comandante Giovanni. ´Giovanni Castro´. Habla pausado, con un inocultable deje tolimense, aunque nació en San Vicente del Caguán. Se movió 33 años en ese departamento. En Planadas, en Gaitania, en Marquetalia, en la cuna de las Farc-Ep, cuando ya era mítica la historia del movimiento de guerrillas liberales campesinas. En Chaparral, en Rovira, en San Antonio. Fue comandante del Frente 21 y ese nombre es su seudónimo de guerra. Recuerda cómo se llama claro, pero no voltea a mirar si le mientan su nombre de pila. No fue reclutado, ingresó porque quiso, porque quería cambiar la realidad de los pobres, de los campesinos, que vienen siendo lo mismo. Tenía 18 años. Adora el Tolima. A su gente. A ellos, a su valor, entereza y compromiso con la causa, les endosa el éxito de la guerrilla. No es el más alto rango en Monterredondo, pero sí uno de los más queridos.

“Aquí se acabaron las órdenes. La guerrillerada se volvió muchachada. Andan más preocupados de encaramarse en una moto, salir a bailar o conseguir pareja. Ya son civiles. Ya no hay armas, ni castigos. De modo que hay respeto sí, pero no órdenes. Eso es violatorio. Ahora todos somos, como le digo: civiles”. Cuenta que a los 13 años ya “voliaba piedra” y echaba consignas. Desde muy “guámbito” le dolía ver a la gente sufriendo, sin con qué ganarse un plato de comida. “Que háyamos llegado a ser guerrilleros fue por convicción”.

Con un deje de nostalgia señala que en los últimos 15 años de guerra la gente se pegaba al Frente revolucionario por diversas razones, pero sin ideología. “En mi época jamás un comandante desertaba. A lo último cada rato era que se voló fulano, que se llevó tanta plata sutano. Y así.” Unos lo hacían pensando en el uniforme y el arma. En tener poder y en conseguir plata. En vengarse de algún enemigo. En conocer y salir del reducido universo de sus fincas o veredas. Y hasta por alguna decepción amorosa. ”Los de antes no somos los más esclarecidos, porque no estudiamos en la escuela, pero si recibimos instrucción en la guerrilla y seguimos dando maracas”. Es una expresión para el desacuerdo, dar maraca es como dar lora, porque considera que el colombiano es muy disperso y con tantas “vainas” que se incumplen en Colombia, hay que insistir demasiado. No se puede desfallecer.

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´Giovanni´ recita unas cifras de incumplimiento: 14 combatientes asesinados, 23 familiares y una veintena de líderes. 1.443 guerrilleros siguen encarcelados. Y no a todos los desmovilizados les llegan los recursos prometidos por el gobierno. “Somos buenos perdedores. En la guerra nos dieron muchas palizas y esta no es la más dura, pero la gente se cansa”. En un año largo que llevan en Monterredondo los gastos en medicina, implementos de aseo, ropa, transporte y comida -sobre todo cuando van a visitar a sus familiares-, logística, adecuación de los dormitorios y  espacios en general, suman $3.000 millones de pesos. La tienda al frente del lugar ha prosperado. También el restaurante de doña señora. Nadie cree que ese pueblo que se está gestando vaya a ser transitorio.

En aritmética simple, son unos 820 mil pesos mensuales por persona los que ha asumido la organización, que tras declarar sus bienes y llamarse ahora Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, les ha informado a los comandantes que el dinero escasea. La semana de la visita, se debían recoger entre 10 y 12 caletas con armas en la zona. ´Giovanni´ no habló nada de caletas con dinero. Ese comienza a erigirse como un mito rural, tan o más peligroso, que el mito urbano de las caletas de los narcos. Ya son varios los accidentes registrados por cazadores de caletas en zonas minadas. Si hay minas hay caleta, es la ecuación. Resulta claro que no solo la Fiscalía, el gobierno de los Estados Unidos y el Centro Democrático, andan buscando la plata de las Farc-Ep.

´Giovanni´ afirma sin vacilación alguna que no hizo plata en la guerrilla. No es comandante de los duros, dueños de fincas y hatos ganaderos. O minero o narco. No sabe lo que es una corbata. Todavía siente dignidad y orgullo guerrillero. Y campesino. No le tiene miedo a la muerte, pero se cuida. “Yo soy conciente de que si doy papaya me matan. Tengo muchos enemigos. En la guerra uno hace muchos amigos, pero son más los enemigos. Yo siempre estaba preparado para morir. Todas las noches me acostaba pensando en que no iba a amanecer vivo. Y dormía muy poco. Uno en medio de la guerra no duerme profundo nunca. Duerme con un ojo abierto. Y eso me dejó la guerra: el insomnio. Ahora me toca tomar pepas para dormir. Además, creo que me picó el bicho de la política. Eso tampoco me deja dormir.”

Por lo menos 480 hombres de las Farc-Ep conforman las disidencias de este grupo y operan en 40 municipios. Comparados con los más 14.000 desmovilizados y los 250 municipios donde ejercían influencia, puede parecer poco. Pero si el Estado no copa estos espacios y combate estas células, el problema puede crecerse y tocará volver a tomar y disparar pepas para el dolor cabeza.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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