miércoles, septiembre 23 2020

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El fotógrafo del Nobel, retrato de un hombre con mil historias

Desde hace 40 años, un amante a la fotografía se ha empeñado en dejar sus huellas por varias partes de la ciudad, aquellas que solo recrean un registro memorial de ensoñaciones que van en contra de las corrientes estéticas y sociales del momento. Pablo Hernando Francisco Guerrero es un viejo de ilusiones rebuscadoras, gobiernos difuntos …

El fotógrafo del Nobel, retrato de un hombre con mil historias

Desde hace 40 años, un amante a la fotografía se ha empeñado en dejar sus huellas por varias partes de la ciudad, aquellas que solo recrean un registro memorial de ensoñaciones que van en contra de las corrientes estéticas y sociales del momento.

Pablo Hernando Francisco Guerrero es un viejo de ilusiones rebuscadoras, gobiernos difuntos y suspicaces ideas, que a diario tratan de florecer sentado sobre un andén declinado y desgastado volviéndose su sitio de preferencia.

Foto tomada por Anghelo Bernal.  Las calles del barrio San Antonio se conviertieron en el lugar predilecto para Hernando Guerrero. 

 

 

Se sienta, pone la radio para informarse. Por estos días está de moda una noticia, aquella que le hace recordar con mayor aflicción una vieja amistad. Hace un viaje en el tiempo, evoca todo tipo de personas, intervenciones y tonalidades hechas y desechas que siempre lo sumergieron bajo el mundo de la fotografía. Hernando Guerrero logró ser el líder fotográfico de uno de los mayores recuerdos importantes en la literatura colombiana. Es sábado del 2013, es medio día, está muy caluroso. El hambre se acerca, una sopa de queso con tostadas de plátano se convierten en el lapsus de una gran historia, pero él sigue ahí, recapitulando cada hecho del Nobel Gabriel García Márquez como si hubiera sido ayer.

“Reguero” como su madre y amigos le decían, es un hombre afligido y cautivador. Los libros, las fotos, el cine, la camaradería y las pastillas se convierten en el escenario perfecto del cual se le ha hecho difícil desprenderse. De esquina en esquina se la pasa, ha preferido estar entre la Carrera Sexta y la Novena. Sus pasos y su vetusto equipaje lo convierten en el símbolo del barrio San Antonio. Maletas de diferentes tamaños y colores son la labor del trabajo del día a día, trasteos de un sitio a otro, trapos viejos y sucios, un palo de bambú, carpetas añejadas, diferentes clases de frutas, una botella de whisky y mil negativos inéditos son la clasificación de una reportaría visual jamás vista. Ahora el tiempo lo puso en otro lado, hace una parodia de artista de aquellas composiciones abstractas que solo su retentiva logra asimilar.

ESTOCOLMO, DICIEMBRE DE 1982.

Una mirada escéptica de Guerrero convirtió las vivencias en imágenes de un gran lugar, de una obra elegante, clásica y serena, aquella que desde hace 30 años carece de un observador a su lado. Aquel momento solo vive bajo el mundo del recuerdo de Gabriel García Márquez, Hernando y todos aquellos que acompañaron al escritor a celebrar el momento más esperado. Muchas amistades estuvieron presentes en primera fila, el Maestro Angulo, Alfonso Fuenmayor, Rafael Escalona, José Vicente Katarain, Hernando Guevara y por su puesto, Eligio García y Mercedes Barcha, hermano menor y esposa de ‘Gabo’.

Foto tomada por Hernando Guerrero. En España, rumbo a Estocolmo, Guerrero mostró a un eufórico García Márquez, acompañado de figuras de la cultura nacional.

 

 

Un encuadre, una angulación, el fondo y su perspectiva eran los elementos que Hernando Guerrero tenía presentes para crear un juego de luces y una combinación perfecta en el momento del disparo. Fotos a blanco y negro, muchos negativos inéditos de diferentes formatos, personas importantes y distintos espacios fueron la sustancia del retrato fotográfico que se encargaron de generar una descripción alternada de la ceremonia del Premio Nobel de Literatura, en diciembre de 1982.

Diciembre 6. Aeropuerto El Dorado, 8:30 a.m. “Un viaje de largas horas se volvió mi propia manía, tanta espera era el motivo de felicidad de todos los que estábamos en el avión, pero especialmente el mío.  Me acuerdo que entre vuelos y escalas diferentes temas fueron tratados, desde el nuevo gobierno de Belisario Betancur, pasando por el ingreso de Colombia en la organización de los países No Alineados y terminando con temas de literatura como por ejemplo la biografía escrita por Umberto Valverde a Celia Cruz hasta llegar a Cien Años De Soledad, libro por el cual celebrábamos en dicho momento”.

Bogotá, San Juan, Madrid, Frankfort y por último Estocolmo, fueron las ciudades transitorias de dicha travesía. Hernando no veía la hora de llegar al Aeropuerto de Barajas, en Madrid, donde por segunda vez volvería a tener un encuentro grato y afectuoso con su vieja amistad `Gabo’ y Mercedes Barcha, quienes por episodios molestos y agraciados lo han llevado en su corazón. “Varias horas de espera no fueron suficientes para notar por un instante la felicidad que los ojos de ‘Gabo’ reflejaban al saber que era el primer Nobel en la literatura colombiana. Fue en ese momento que usé su retrato como inspiración para empezar a capturar”. Es de esta manera como Hernando Guerrero recapitula sorbo tras sorbo de una caliente sopa de queso un momento propio pero no el más significativo al lado del escritor.

Los días 7, 8 y 9 de ese helado diciembre fueron las fechas donde la Academia Sueca conmemoró a los escritores como Gabriel García Márquez por sobresalir en el campo de la literatura. El orgullo colombiano fue el cuarto personaje en recibir el premio por su única novela donde lo fantástico y lo real se combinaba en un mundo ricamente compuesto de la imaginación.

Foto tomada por Hernando Guerrero. Gabriel García Márquez aceptó el Nobel con el discurso ‘La Soledad de América Latina’.

 

Guerrero en aquel día, como era de esperarse, cargaba sobre sus manos una cámara ardiente tratando de bosquejar un universo de diferentes sensibilidades. Con su mirada veloz fijó varias proyecciones del escritor hacia el obturador, descubriendo una riqueza de gestos y poses que contribuía a la verosimilitud de la historia.

UN RETATO QUE NUNCA EXISTIÓ

Un incidente inesperado gracias a una pasada de copas y a un pequeño complejo burgués fueron las razones sustanciales del gran arrepentimiento fotográfico de Hernando, que aún le cuesta admitir. “Por inhibido, acomplejado, bruto y cumbreño no entré a la celebración del Nobel, no tenia un smoking para entrar”, admite Guerrero evadiendo la situación en medio de su confesión. En su recuerdo dice que `Gabo` en la ceremonia al recibir el premio empezó a nombrarlo, haciendo un comentario que solo entre ellos dos podía ser entendible “¿Dónde está mi fotógrafo del millón?”, haciendo mención a los 1.050.000 ejemplares vendidos en el primer año de Crónica de una Muerte Anunciada y haciéndole reconocimiento a Guerrero por la foto tomada y publicada en la caratula del libro.

No hubo un instante preciso para capturar la ocasión, parece como si nunca hubiese estado ahí. Su cámara no disparó el mayor recuerdo y ahora lo único que queda es una gran aflicción. “Yo no recuerdo nada, solo me acuerdo que me fui para el cuarto del hotel, prendí el televisor para ver la gran novedad y después de una enlagunada me quedé dormido sin saber que había pasado en ese preciso instante”.

Foto de Hernando Guerrero. Gabriel García Márquez a la espera de la decisión de los 18 jurados vitalicios de la Academia de Letras de Suecia.  

A la mañana siguiente de la premiación, con la cámara colgada en el hombro, un ejemplar de un periódico internacional, en sus manos y el informe del Nobel, Hernando divisó diferentes tomas fotográficas que debió tener la noche anterior en algunos de sus negativos, pero que al revisarlos se encontraban totalmente limpios. Guerrero en ese momento supo que había perdido la oportunidad de ser el fotógrafo de una noticia que siempre se recordará.

Foto tomada por Hernando Guerrero. ´Gabo´ acompañado de sus amigos más cercanos después de haber recibido el Nobel.

 

Foto tomada por Hernando Guerrero. ´Gabo´ disfrutando de la ceremonia del premio Nobel de Literatura de 1982.

 

 

El discurso de aceptación “La Soledad de América Latina”, el vestido Liki Liki, un mostacho de diferentes colores y unas cuantas muecas convirtieron a `Gabo` en la celebridad peculiar de los colombianos, más no en la cámara de Hernando.

Muchas fotos hubo del antes y el después y es lo que hoy por hoy registran en la memoria y se convierten en la nostalgia irremediable de el fotógrafo caleño. “Perdí la oportunidad de ser el fotógrafo de todas las ediciones de `Gabo`, a causa de malos entendidos y mi desorden”, recuerda Guerrero con dolor mientras abre su primera botella de wisky.

EL PRIMER ENCUENTRO CON `GABO’

Gabo y Guerrero. Fue esa amistad fina y cautivadora que en un comienzo se dio por escribir y leer entre líneas, pero que con el tiempo se fue convirtiendo en la materialización de fantasías, presagios y evocaciones.

Un encuentro latinoamericano de literatura en marzo del 67 en la ciudad de México fue el delirio de Hernando Guerrero, quien desde que estaba muy joven empezó a sentir un fuerte interés por el mundo intelectual, desvinculándose totalmente de la vida de barrio. Su madre al ver el talento y las ganas de su hijo por estar allá, decidió apoyarlo a toda costa y darle el viaje de regalo de grado, ya que por esa época estaba terminando su último año de bachillerato.

En aquel salón se encontraba la primera plana de escritores latinoamericanos que, entre letra y letra, lograban superar el mayor desafío: hacer creíbles diferentes vidas por medio de estilos metafóricos. En ese preciso instante Hernando conoció a Gabriel García Márquez, antes de la publicación de Cien Años de Soledad.

Foto tomada por Hernando Guerrero. Los brindis previos a la entrega del Nobel de Literatura fueron captados en la lentre de Guerrero.

 

     

Dicho vinculo se nació a partir de una necesidad monetaria. La madre de Guerrero le había dado antes de viajar un cheque de 100 dólares y como era Semana Santa no existía ninguna posibilidad de ser cambiado en ningún banco Mexicano. Juan Rulfo, al ver el apuro y la carencia en la que se encontraba el fotógrafo, le presentó a ‘Gabo, escritor que hasta ese momento no era reconocido en el primer mundo literario y quien después le solucionaría el problema económico a Guerrero.

A la semana, ‘Gabo’ citó a Hernando en un café para terminar de aclarar cuentas. El escritor se encontraba junto a su esposa Mercedes quien tomaba un sorbete de mora y Hernando, al darle la mano de cortesía a la mujer, hizo un reguero sobre su vestido blanco. Ese incidente logró establecer una amistad que duraría 15 años más.

Un tiempo después…

‘Crónica de una Muerte Anunciada’ fue la principal razón del trabajo y el entusiasmo de estos dos seres que siempre han estado observando la vida para plasmarla.

En 1980, José Vicente Katarain, editor de la editorial Oveja Negra, buscó a Hernando Guerrero para que fuera el fotógrafo de la portada del libro ‘Crónica de una Muerte Anunciada’. Una vez aceptada la propuesta, viaja a Bogotá para trabajar con Hernando Vergara, el diseñador de la carátula. Ambos pasaron días y noches trabajando para que la publicación fuera todo un éxito.

Foto tomada por Hernando Guerrero.  Gabriel García Márquez en una sesión de trabajo durante el diseño de la portada de ‘Crónica de una Muerte Aunuciada’.

 

            Cuenta Vergara que después de mil intentos, negativos perdidos y mucho agotamiento, Guerrero consiguió la foto que atraparía al lector por medio de una técnica fotográfica. “Recuerdo que la foto escogida por ‘Gabo’ era aquella donde él se veía un poco desenfocado, pero que tenía algo muy particular: De fondo se podía ver el autorretrato de Alejandro Obregón y sus características físicas no eran las reales sino aquellas que el espejo podía reflejar. Hernando Guerrero con un punto de vista muy particular respetó su decisión pero nunca estuvo de acuerdo, pues decía que agredía un poco la estética del arte fotográfico”, menciona el artista plástico y diseñador de portadas de diferentes autores.

Foto de la izquierda. Se muestra la fotografía publicada en ‘Crónica de una Muerte Anunciada’ y tomada por Hernando Guerrero.

Foto de la derecha. Dedicatoria de ‘ Gabo’ al fotógrafo del millón.

 

 

 

           

La opinión de Vergara coincide con la Guerrero: “La verdad es que a pesar de ser un trabajo mío, nunca estuve muy satisfecho con la elección de `Gabo’, pero debía respetársela y lo peor de todo es que esa foto me la encuentro por todos lados y, bueno, es el resultado de mas de mil ejemplares vendidos”.

Hernando aún tiene varias fotos desconocidas de la vida del Nobel, las cuáles, asegura, publicará en un tiempo no muy lejano. También asegura que “a pesar de habar viajado a la entrega del Nobel fue un hecho significativo, no logró ser tan valioso como lo fue la publicación de mi foto en ‘Crónica de una Muerte Anunciada’, porque el primero fue un encuentro rodeado de muchas personas, mientras que el segundo simplemente era un contacto entre él y yo”. Dicha afinidad se convirtió en una hermandad que tiempo después seria asolada por causas de dinero, malas jugadas, rumores y otras tonterías que crearon una idea falsa de Guerrero ante Gabriel García Márquez.

Foto tomada por Hernando Guerrero. Gabriel García Márquez en su apartamento de Bogotá.

Foto tomada por Hernando Guerrero. Mercedes Barcha, esposa de ‘Gabo’ particpó en el montaje de la carátula del libro ‘Crónica de una Muerte Anunuciada’.

 

 

La codicia y la avidez de José Vicente Katarain pasaron  sobre los sentimientos de sus compañeros, quienes en todo momento le brindaron su confianza. Piraterías de diferentes ediciones y un poco de lealtad se convirtió en la guillotina de varios escritores, pero primordialmente de ‘Gabo’. Y fue precisamente Katarain quien acabó con la amistad de Gabo y Guerrero. El fotógrafo, empleado por Katarain, se vio envuelto en un negociado en el que no solo salió engañado el Nobel sino que los platos rotos los pagó Hernando.

GUERRERO MUCHO MÁS QUE UN NOBEL.

Lenguaje imponente, películas desventuradas y fotografías sobreexpuestas hacían también parte de la vida de un hombre sencillo, quien con frecuencia retrotrae la historia de los 70, cuando las fotografías lo enloquecían y el cine lo agotaba.

Un ser extraño, tímido, rudo, basto, admirable, agudo, lúcido e instruido así es Hernando Guerrero, el fotógrafo macondiano de Ciudad Solar, un espacio que había sido creado para las muestras artísticas y fotográficas del momento.

Foto tomada por Hernando Guerrero. A la izquierda se encuentra Carlos Mayolo, en el centro, Luis Ospina y a la derecha, Andrés Caicedo, durante una de las producciones cinemátograficas para Caliwood.

 

 

“Ciudad Solar era un espacio donde operaba una discusión, un encuentro de pocos pero grandes amigos como: Andrés Caicedo, Carlos Mayolo, Luis Ospina, Miguel González, Jaime Acosta, Pilar Villamizar y Mirta García, por supuesto. Eramos un grupo de jóvenes amantes al arte, a la droga, el alcohol, la locura, las pasiones y las fornicaciones. Muchachos que mostrábamos nuestra inconformidad con el establecimiento conservador y católico colombiano”, recuerda Hernando.

Foto inédita. Hernando Guerrero (derecha) y sus compañeros de Ciudad Solar creando guiones y escritos de poesía.

 

 

Según el fotógrafo, Cali en la década de 1970 era una ciudad en ebullición intelectual donde jóvenes como él se sentían capaces de crear y no temían expresarse.

Guerrero era aficionado al cine, fanático de los RollingStones y amante de la salsa brava de Héctor Lavoe, Richie Ray & Bobby Cruz y, por supuesto, fiel hincha del América. 

Ramiro Arbeláez, director de artes plásticas de la Universidad del Valle afirma que Guerrero se caracterizó por ser un editor importante para el momento generacional, pues a a pesar de tener una corta edad ya había publicado dos revistas: Juventa y Vanguardia, intentos de revistas internacionales literarias. Después, en Ciudad Solar diagramó la revista cultural Aquelarre, hasta que por último escribió en el periódico El Pueblo, destacado por una imagen barroquista y la combinación de corrientes gráficas y populares. Luego viajó a Suecia como fotógrafo del Nobel colombiano de lo que hasta ahora no se conoce nada.

HERNANDO Y EL AHORA.

Actualmente, Hernando Guerrero es un hombre que con su mirada veloz recorre paisajes tan solo para mantenerlos en su registro fotográfico mental.  Ahora, es un viejo cansado y ya encorvado de 64 años. Por su cara aceitosa resvalan las gotas de cansancio que caen sobre el piso; su boca, oculta por una espesa barba, se convierte en el motor principal de sus acciones: hablar, reír, ofender y tomar; su cabellera lisa, poco abundante y despelucada lo vuelven un personaje real.

Opta por seguir una vida a la francesa, donde la liberación sexual, la drogadicción y el alcohol lo atrapan en el día a día, y en donde la bohemia y la tertulia se vuelven la salida perfecta para fantasear.  

Ramiro Arbeláez vuelve y expone que; “Hernando sigue siendo igual de afable, igual de abierto dependiendo del contexto donde se encuentre, porque puede ser incomodo para algunos escenarios. Él va expresando, sin mucho filtro, las cosas que piensa y que pueden molestar a otros. Es una especie de desparpajo que siempre ha tenido. El amor por sus amigos siempre lo tuvo, es una especie de complicidad humorística”.

Por otro lado, Guerrero retoma la historia y tan solo dice: “El objetivo mío el resto de mi vida es volverme a apropiar de mi trabajo, yo solía ser muy sistemático hasta que me cogió el vicio y me daño la cabeza y en ese despelote de la droga todo lo volví mierda. Quiero que las fotos de ‘Gabo’ lleguen a sus manos antes de que pueda ser demasiado tarde”.

Foto tomada por Valeria Marmolejo. Hernando Guerrero disfrutando de  ‘ La Colina’, su sitio de preferencia. 

 

 

Llega la noche, el ritmo de la salsa y del tango más un trago de wisky Clan MacGregor, con un olor dulce y penetrante, ayudan a distorsionar el alma de ‘Reguero’. Son las once, la noche está fría, después de un largo y efímero día, Hernando Guerrero se ha enlagunado, sus amigos lo acompañan, y este extraño ser una vez más ha ingresado impúdicamente en su propia intimidad.

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