Sábado, Agosto 24 2019

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El Coronell sí tiene donde escribir

Este columnista es sin duda alguna el más enconado crítico del hoy senador por el Centro Democrático y, para muchos, presidente efectivo de Colombia.

El Coronell sí tiene donde escribir
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

En un hecho sin precedentes en Colombia, la revista Semana acaba de anunciar el regreso de Daniel Coronell a su habitual columna semanal. Y no tiene antecedentes un hecho similar, porque pasaron apenas un par de semanas, para que el columnista volviera al redil de Felipe López Caballero y del grupo Gilinski. Lo habitual, es que periodistas que han salido de algunos medios -por las más diversas razones-, regresen a éstos un tiempo después, cuando se han calmado las aguas. Es decir, cuando como ellos, también han salido despachados sus directores o presidentes. Son las leyes del mercado, pero aquí no salió nadie, solo Coronell. Porque no estamos ante uno de los cientos de casos, donde el medio arroja a la calle a los periodistas, como quien escupe el bagazo de una fruta, después de haberle exprimido buena parte de su jugo.

A Coronell le queda mucho néctar. (No tanto eso sí como a Julio Avelino Comesaña, que se ha ido ocho veces del Junior de Barranquilla y ha vuelto nueve. Y que hoy está a punto de conseguir la novena estrella, si el Pasto no logra acompañar su estrella solitaria). No había digerido el segundo hijo de Alfonso López Michelsen, la salida de Coronell de su emporio, cuando el país conoció que Daniel Alfonso ya escribía para The New York Times. (Bueno, al menos una columna). Así pues, el presidente de noticias de Univisión, demostró que hay una especie de hermandad periodística o mediática, que desafía a Newton y su Ley de Gravedad, y se cae de para arriba. Y esta puede ser una de las razones de su regreso a Semana. Pocos medios colombianos pueden darse el lujo de contar entre sus plumas, con alguien que escribe en el periódico más importante del mundo.

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Otra razón menos evidente, pero acaso más trascendente, es que a la revista no le viene bien dejar en el ambiente la sensación (equivocada o no) de que con la llegada del grupo Gilinski –propietario del 50% de Publicaciones Semana- la libertad de su ejercicio periodístico se verá constreñida. Poco le deben importar las quejas de sus lectores o el retiro de algunos suscriptores. (Se afirma que fueron alrededor de 200, todos terceradeños, que pagaban unos 45 millones anuales que no le hacen cosquillas a las finanzas de don Felipe. Hoy resulta más barato regalarle una Tablet a cada uno de ellos, que hacerles llegar la revista impresa a su domicilio, si decidieran retomar la suscripción). Pero lo que si mueve decisiones en este mundo, es el retiro de alguno de sus poderosos anunciantes. Es bien sabido que en los comités editoriales, se habla más de negocios que de noticias.

También puede especularse como razón valedera para el regreso de Coronell al semanario, que cada vez toman más fuerza en el país las denuncias sobre un posible regreso de los ‘falsos positivos’, el eufemismo macabro con el que los medios de comunicación rebautizaron el asesinato de civiles inocentes, por parte de miembros del ejército. El cuarto sol sobre el hombro del general Nicasio Martínez, comandante del Ejército, ha generado más sombra que luz sobre las nuevas revelaciones que dan cuenta de cómo asumieron –o entendieron- algunos militares, que los resultados se cuentan solo con muertos. Y que además, los cadáveres otorgan licencias y premios, amén de ser una especie de montaña que sirve para alcanzar los ascensos. Si a ello se suman las recientes declaraciones del coronel Gabriel de Jesús Rincón Amado, ante la JEP, sobre las directrices del general Mario Montoya, de pedir “litros y tanques de sangre… y bajas a cómo diera lugar”, la situación se torna más compleja. De llegar a comprobarse esas denuncias, Coronell y Semana, de nuevo sumarán a su palmarés periodístico, el destape de otra vergüenza nacional.

Estarán pensando unos más, que el retorno de Coronell es clave en el desenlace del futuro de Colombia y del ex presidente Álvaro Uribe Vélez. Este columnista es sin duda alguna el más enconado crítico del hoy senador por el Centro Democrático y, para muchos, presidente efectivo de Colombia. (Hay otros fustigadores acérrimos como Gonzalo Guillén o Daniel Samper, pero el primero no tiene el respaldo de un gran medio; y el segundo, corre el riesgo de convertirse en una caricatura de sí mismo, no porque lo que escribe o denuncia no sea importante, sino porque es una de las condenas del sarcasmo, la ironía y el humor). Ahora que las Cortes le pisan los talones al dueño de El Ubérrimo, Semana no puede dejar de asistir a recoger los leños del árbol caído. Hace ya 17 años que Coronell comenzó a destaparle guardados al ‘presidente eterno’.

Pensará alguno que no hay acaso una razón limpia y pura para que Coronell haya regresado, pero siento decepcionarlos. No. El prestigio y la credibilidad -demos por caso-, es algo que a muy pocos importa, solo cuando se monetiza. Ahora y siempre en los medios de comunicación lo que priman son los intereses, sobre todo económicos e ideológicos. La rentabilidad se vale de cualquier estrategia. Verdad, independencia, libertad, etc. son arandelas que se esgrimen en cátedras o conferencias o en homenajes y celebraciones. De Semana han salido, desde que llegaron los Gilinski, un centenar de trabajadores. Y se fusionan cargos para los que permanecen. La idea, han asegurado sus directivos, es preparar la revista para la obligada transición digital. De modo que al igual que El Tiempo, City TV, El Espectador o El País, las barridas laborales atienden intereses del mercado. Lo mismo que la inclusión de periodistas destacados en sus nóminas.

Por todo esto y más, el domingo, nadie querrá dejar de leer la columna de Coronell. Y tendrá que pagar, si quiere primicia.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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