Miércoles, Octubre 17 2018

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El cartel de Cali

Veinte años después de la captura de los jefes del Cartel de Cali,  los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela,  quienes controlaron el tráfico de drogas desde el sur occidente colombiano y ejercieron un enorme poder económico, político y social, ha comenzado a surgir una especie de tendencia, que podríamos llamar  "negacionista", porque  niega la …

El cartel de Cali

Veinte años después de la captura de los jefes del Cartel de Cali,  los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela,  quienes controlaron el tráfico de drogas desde el sur occidente colombiano y ejercieron un enorme poder económico, político y social, ha comenzado a surgir una especie de tendencia, que podríamos llamar  "negacionista", porque  niega la relación del cartel con importantes sectores de la ciudad y del país.

Aprovechando la bruma que cubre los hechos históricos y la tendencia de los seres humanos a reescribir el pasado de manera conveniente, los "negacionistas" sostienen que los hermanos Rodríguez Orejuela, se dieron a conocer como unos importantes empresarios de la ciudad y  cuando gozaban de mayor reconocimiento fueron señalados por el gobierno norteamericano como jefes de la mafia.

Nada más ajeno a la verdad. Desde finales de los años 70 la prensa local y nacional había registrado los antecedentes criminales de los Rodríguez, quienes, además, nunca salieron a desmentir su pasado. Cuando se destacaron como dueños de importantes empresas, droguerías, un equipo de futbol, una cadena radial y un banco, quienes hicieron negocios con ellos conocían muy bien el origen de esas fortunas.  También lo sabían aquellos que en busca de favores (especialmente dinero) hacían cola en la mansión- cuartel del sur Cali, desde donde el cartel administraba el tráfico de drogas y llegó a controlar los destinos de la ciudad y del país gracias a la financiación de una campaña presidencial.

Por esa mansión desfilaron políticos, empresarios, periodistas, magistrados, jueces, policías, militares, embajadores, intelectuales, académicos, abogados, arquitectos, ingenieros, sacerdotes, etc. etc.  Algunos más importantes que otros, pero todos hechizados con el poder de los capos, quienes sabían muy bien que la mejor manera de protegerse contra una eventual persecución por sus negocios ilícitos era siendo generosos con los ejércitos de rémoras insaciables que tocaban a sus puertas.

Por aquel entonces se acuñó la expresión "se te apareció la virgen" para significar que una persona había tenido la suerte envidiable de ser contactado por el cartel para realizar alguna tarea o mejor aún para vincularse a la organización como sicario, relacionista público, testaferro, vocero, constructor, difusor ante los medios, empresario y  hasta escribidor de libros sobre los temas que le interesaba difundir a la organización.

Los narcos lograron permear todos los campos de la vida social, incluyendo a la iglesia y la academia. Para la muestra dos ejemplos estrechamente ligados: jóvenes universitarios de Cali protagonizaron a principios de los 90 la toma de una iglesia en la ciudad, cuando los medios de comunicación acudieron a cubrir la noticia quien lideraba la toma explicó que la ocupación del recinto tenía como fin denunciar que la universidad estaba a punto de recibir una importante suma de dinero proveniente del cartel de Cali, mientras los periodistas  salían de su asombro y trataban de matizar lo dicho al aire por el estudiante, un sacerdote que estaba dentro del templo increpó a los muchachos diciéndoles que no fueran ilusos que no iban a acabar con el cartel con ese tipo de acciones y que más bien pensaran en la contribución que esas personas le hacían a la ciudad, generando empleo.

En la susodicha universidad, un profesor, quien además era directivo del plantel, realizó la siguiente proeza frente a sus alumnos para justificar el ingreso de dineros de la mafia:   puso sobre el escritorio un billete de 2000 pesos y sin quitarle la mirada lanzó los siguientes interrogantes: "Santander, dime: ¿qué es la ética?, Santander, dime: ¿qué es la moral?, Santander: dime: ¿qué es lo bueno, qué es lo malo?" (Refiriéndose a la imagen del general Francisco de Paula Santander impresa en el billete). Luego, guardo silencio durante varios segundos y lanzó una especie de grito de triunfo, para rematar diciendo: "vieron, el dinero no habla, el dinero, no tiene ética, ni moral, el dinero no sabe lo que es el bien y el mal.  ¿Por qué exigen entonces que averigüemos si el dinero con el cual van a ayudar a la universidad es bueno o malo?"  El profesor de marras, quien dicho sea de paso estuvo preso por aceptar dineros de los hermanos Rodríguez Orejuela, sufrió una dura réplica por parte de la mayoría de los alumnos y no pudo terminar la clase. Pese a las protestas del estudiantado la universidad terminó aceptando el dinero ofrecido por el cartel.

Ambos episodios son fidedignos. Lo afirmó porque fui testigo presencial de los mismos.

Aceptar que Cali estuvo involucrada hasta la médula con el Cartel nos permitiría hacer un examen a fondo de las consecuencias que esto trajo consigo. De igual manera serviría para evitar que retornaran las prácticas pavorosas que impusieron los mafiosos y su soldadesca.

Cali no vivió una época de esplendor cuando gobernaban los capos sino de alucinante decadencia. Cuando fueron capturados o muertos los cabecillas y se desplomó la artificiosa economía que habían creado, nos dimos cuenta que habían desaparecido desde mucho antes los valores que alguna vez construimos como sociedad.

Dos décadas después del fin del cartel guardamos la esperanza de superar los rezagos de ese pasado siniestro para no volver a caer en las redes de los nuevos capos que pretenden controlar la ciudad. Todo depende de que hayamos aprendido la lección.

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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