Lunes, Agosto 19 2019

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Doña Florinda

Son increíbles las similitudes entre Colombia y doña Florinda Corcuera y Villalpando viuda de Mátalas Callando, la vieja chancluda.

Doña Florinda
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Es igual de pobre a todos los de la vecindad, pero se cree de mejor familia. Tiene con qué hacer un par de mercados, pero siempre ofrece solo tacitas de café. Ha malcriado a su bobalicona descendencia, pero jura y perjura que es lo mejor que tiene. Su prepotencia la lleva al menosprecio de su clase y su soberbia, a la periódica transformación del autoritarismo en agresión física. El delantal confiesa su oculto servilismo y su cabeza, ese arreglo siempre inconcluso que no concreta la promesa. Su arribismo lama restorán a una pequeña fonda y sus ojos delatan, la profunda tristeza de la viudez prematura. Sí. Son increíbles las similitudes entre Colombia y doña Florinda Corcuera y Villalpando viuda de Mátalas Callando, la vieja chancluda.

Desagreguemos. Salvo su envidiable posición geográfica, el país no está en términos económicos mejor que ninguno de Suramérica. Con todas las variables de análisis posibles (tierra, riqueza, ingresos, etc.), somos la nación más desigual del cono sur. Y la segunda de Centroamérica, escoltando a Haití, esa nación negra a la que nadie le perdona haber sido la primera en declararse libre. No somos más que nadie en la vecindad.

Colombia posee inmensas posibilidades de incrustarse en el mercado mundial, pero siempre ha sobrevivido de lo que buenamente ofrezca la tierra: café y otras yerbas. Caña, plátano o palma.  Importamos más granos que una epidemia infectocontagiosa y no proveemos ni al campo, ni a los campesinos, de las condiciones mínimas de producción y comercialización. ¡Somos fieles a Conchita, la mula!

Nuestro país no ha sido capaz de consolidar una oferta de educación de calidad y menos, de convertirla en eje prioritario de su desarrollo. Desde Simón Bolívar hasta la Comisión de sabios, que entregó hace 25 años el informe Colombia al filo de la oportunidad, se viene insistiendo en la necesidad de transformar el ethos de la educación. Nada, para la educación no hay recursos. ¡Vámonos tesoro!

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Aquí los gobiernos no protegen a quienes están en riesgo. Aquí cualquier grupo al margen de la ley declara objetivo militar a cualquiera, para desterrarlo. Y no se le advierte nada a quien caerá asesinado bajo la mirada complaciente de quienes ofrecen plomo a discreción. Basta sobreponer un mapa con los lugares donde han sido asesinados nuestros líderes sociales, para descubrir que la estrategia es acabar de manera sistemática con las bases que promueven el cambio. “No volvió el paramilitarismo; diría que es gente mala, matando gente buena”: Mindefensa. ¡No contaban con su astucia!

Colombia se ha convertido en un país sinvergüenza. En la Guajira se firma un contrato millonario un día antes de entrar en vigencia la farsa de la Ley de Garantías, para mejorar las competencias en inglés en los 38 municipios, cuando el departamento solo tiene 16 y cientos de pequeños muriéndose de hambre y sed. Al presidente saliente del Congreso el país le escucha sus sucias artimañas para menoscabar a la oposición y todo sigue igual. El que toma posesión en la nueva legislatura tiene más investigaciones que la sábila y el borojó juntos. Se recibe a un delincuente extraditado como a un héroe y no solo se le esconde y protege, sino que se le prepara una ley a su medida y a la de otros bandidos. Y como colofón del servilismo, este gobierno le pagará al hombre más rico de Colombia, por habernos desfalcado con Odebrecht. ¡Recontrachanfle!

Si antes, y durante mucho tiempo, fueron la pobreza y la poca educación, los pilares de nuestra democracia; ahora, son el robo y el asesinato, así como suenan, las columnas sobre las que Colombia edifica su futuro como nación. Un presidente mentiroso, impostado, que lleva al Congreso una comisión de aplausos que dirige su hermano, para que lo adulen. Un actor de reparto que con babas en las comisuras de sus labios, abre la boca para expeler lo que le dictan. Un presidente que tiene en su pasado como congresista a su peor enemigo, porque ha superado con creces todo lo que antes criticaba. Un impostor que pasará a la historia sin tener más méritos que los que otorga una posición social privilegiada. ¡Quico, no te juntes con esa chusma!

Y que conste, la crítica no es rencor. Estamos infectados de muerte. A los colombianos nos han inoculado odio y violencia desde siempre, para que nos corroa el desprecio por el otro. Y los señores que riegan el suelo con sangre inocente, cosechan para su beneficio, legislan para sus arcas y gobiernan para sus bolsillos. Aquí ya todo lo malo pasa de frente, no se oculta ni se disfraza. Hay un vocabulario del extermino, se siente en las calles y en los noticieros, en las redes y en sus memes. La corrupción se hereda como el apellido. No hay transiciones, sino transmisiones de poder. Esa es la obsesión que unos pocos asumen como potestad. La ética o la moral hace rato dejaron de ser nuestras bases sociales, ahora el país se sostiene sobre el terreno fangoso de la putrefacción.

Pero aun doña Florinda tiene un poco más de dignidad que Colombia. A veces se compadece y apiada con las desgracias de sus iguales, de sus vecinos. Aun respeta el honor de don Federico, su esposo muerto en un naufragio, pues todo parece indicar que no ha pasado al plato fuerte con el profesor Girafales, que sería como la educación: digna y vaciada. El chavo es el pueblo: pobre, hambriento, harapiento y humillado. El señor Barriga sin duda es el capitalismo: gordo y cobrador. Ñoño y Quico, los hijos parásitos de una generación de inútiles. Don Ramón, el eterno desempleado que por su culpa todo quiere subsidiado. La Chilindrina, la picardía nacional que le dice vivo al torcido. Y la bruja del 71, una señora que podría llegar a presidente. Dios quiera no le pase nada al miembro de la nobleza nacional, de categoría inferior a la del príncipe y superior a la del marqués.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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