Lunes, Mayo 20 2019

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El Día Mundial de la Radio protestaré no escuchando noticieros radiales

En las últimas décadas la radio colombiana ha sido un instrumento al servicio de quienes se oponen a la solución pacífica del conflicto armado y una rabiosa difusora de ideas equivocadas y malsanas sobre la paz, el perdón, la reconciliación y los derechos de las víctimas.

El Día Mundial de la Radio protestaré no escuchando noticieros radiales
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

“El 13 de febrero de 2019 la UNESCO celebrará la octava edición del Día Mundial de la Radio. Este día es una oportunidad para que el mundo celebre la radio y su impacto en nuestras vidas. La radio nos informa, transforma y une. Reúne a comunidades de todas las profesiones y condiciones sociales para promover un diálogo constructivo para el desarrollo. Más concretamente, la radio es el medio ideal para pedir que se apacigüen y contrarresten la violencia y los conflictos, en particular en zonas remotas, que están potencialmente más expuestas a esas realidades.”

Así reza la convocatoria de la UNESCO para celebrar el Día Mundial de la Radio. De la redacción del documento se advierte claramente que los promotores de la idea desconocen que en Colombia la radio, especialmente los noticieros nacionales, desinforman, deforman, desunen y en lugar de promover el diálogo constructivo para el desarrollo, exacerban los odios, al punto de contribuir a la conformación de bandos irreconciliables empeñados en su mutua destrucción.

En las últimas décadas la radio colombiana ha sido un instrumento al servicio de quienes se oponen a la solución pacífica del conflicto armado y una rabiosa difusora de ideas equivocadas y malsanas sobre la paz, el perdón, la reconciliación y los derechos de las víctimas.

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Gracias, especialmente a la radio, millones de colombianos salieron a las calles a votar en contra del proceso de paz. Con muy contadas excepciones,  los comunicadores radiales transmitieron el montón de mentiras que los sectores de extrema derecha prepararon para desprestigiar la terminación del conflicto armado con las FARC, envenenando el alma de muchos compatriotas que están convencidos que la solución es armarnos todos hasta los dientes, para perderlos luego, junto con la vida, gracias a la bala sin rumbo disparada por una persona “de bien” o a manos de los malos de profesión. La radio ha logrado mantener vigentes la ideología paramilitar y la solución violenta a la cruenta lucha interna o conflicto armado que seguimos padeciendo.

La mayoría de los grandes medios radiales están dirigidos por personajes que obedecen  a poderosos intereses económicos y políticos, de los cuales obtienen enormes dividendos.

Para identificar, descubrir o develar las estratagemas de manipulación, distorsión de la verdad, ocultamiento de la realidad, favorecimiento y apoyo a personajes y grupos que abusan del poder, en que incurren los grandes comunicadores radiales, no es preciso acudir a un análisis crítico del discurso, basta escucharlos con atención cada mañana.

Sin tapujos, en forma abierta y descarada, estos “aristócratas del micrófono”, reescriben la historia a su antojo, acribillan la verdad con interpretaciones groseras y amañadas, ponderan los errores y atropellos de quienes ejercen el poder, ridiculizan las causas contestarías, especialmente aquellas que defienden el medio ambiente y los Derechos Humanos, persiguen como fieras pequeñas presas, al tiempo que ponderan a los grandes delincuentes de cuello blanco y alaban  la astucia de los políticos y funcionarios que se mantienen impunes y someten a sus caprichos a la administración de justicia y exaltan al gobierno por la burda intervención en los asuntos internos de otros países.

Los funcionarios de la UNESCO que redactaron el documento explicando la importancia de la radio en el mundo desconocen por completo el perverso uso que le dan a la radio colombiana.

Es claro que jamás han escuchado las entrevistas almibaradas a los funcionarios del Estado, como la que hace pocos días le hizo uno de estos “periodistas” al embajador de Colombia en EEUU, para alardear que eran amigos entrañables, compadres del alma, mientras que los oyentes esperaban explicaciones sobre las maniobras que este diplomático adelanta en contra de Venezuela y que nos pueden precipitar a una guerra fratricida.

Ni que decir del otro director de noticias que, un poco más a la derecha del dial,  orientó  “magistralmente” una entrevista al gerente de las Empresas Públicas de Medellín, para dejarlo indemne de las críticas por la falta de previsión en la puesta en funcionamiento de la represa de hidroituango, que trajo como consecuencia una tragedia ecológica de incalculables proporciones.

Podríamos hacer una lista abundosa, solamente con ejemplos recientes, para demostrar que la radio colombiana es utilizada como un arma eficaz para destruir los valores ciudadanos y mantener desinformada a la audiencia.

Es obvio que la UNESCO no sabe la degradación que ha sufrido la radio en nuestro país, puesta al servicio del mejor postor, rendida de hinojos “a los dueños de las empresas”, porque, al fin y al cabo, la radio terminó convertida un negocio lucrativo donde  ganan quienes preparan y envían el mensaje y pierde quien lo recibe, es decir, la sociedad.

El Día Mundial de la Radio podría ser una buena oportunidad para que los colombianos reflexionemos sobre el derecho que tenemos a conocer la verdad y la obligación de los periodistas de ser objetivos, imparciales y honestos. En mi caso lo haré NO escuchando noticieros nacionales el 13 de febrero, cosa que, debo confesarlo, ya he venido haciendo desde hace algún tiempo.  Usted, ¿cómo celebrara ese día?

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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