viernes, mayo 7 2021

.

Despertemos nuestra alma melómana

La propuesta es entonces a que despertemos nuestras almas melómanas, a que nos acerquemos desde otros lugares a esa música que nos acompaña desinteresadamente, que nos pone a bailar y que alegra nuestros momentos.

Despertemos nuestra alma melómana
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Por Diana Ordóñez Hincapié -Directora de Cultura Siguaraya

El recuerdo más cercano y repetido que llega a mi mente respecto a la salsa está en La Mitad, una canción que estoy segura han escuchado en la voz de Gilberto Santa Rosa bajo la dirección del maestro Willie Rosario.

Noticia del día: Conozca el pico y cédula que regirá en Cali este viernes 30 de abril

Se viene a mi memoria la siguiente escena: Es el año de 1.999, experimento mi primera ruptura amorosa, tengo 16 años, estoy en Terrón Colorado en la salsoteca del polideportivo Tory Castro con el grupo de amigas de esa época, veo al chico a quien le rompí el corazón (¿pensaron que era yo quien andaba llorando?) en primer plano se escucha: “cuando me doy cuenta, que cruzo la calle y falta tu presencia y no está tu mano”, se acerca Tuto, mi ex, y me invita a bailar, me acerca a su cuerpo y de allí en adelante él se apropia de cada parte de esa letra que hoy, 22 años después sigue estando en la lista de mis temas favoritos.

Ahora, debo confesarles que el gusto profundo por esa canción no tiene su raíz en esta pequeña historia de desamor, sino en el hecho de que su compositora es una mujer: Zulma Angélica González, nacida en Puerto Rico y responsable de las letras de varios éxitos que se escuchan una y otra vez en los rincones de esta ciudad: ¿Por qué te niegas? (Roberto Roena), Pide y Toma (Cano Estremera) y La canción que te prometí (Orquesta Borinque) por nombrar algunas.

Le puede interesar:

Tito Rojas, ‘El Gallo salsero’ que se nos marchó a otro corral

Traigo a colación esta historia por tres razones: Primero, porque es de mi interés reconocer los poderosos papeles que han jugado las mujeres en la producción de las músicas afrocaribeñas, sonoridades que se han arraigado a nuestra identidad; segundo, porque me parece potente el poder que tiene la música para tejer recuerdos, para musicalizar memorias; y tercero, porque quiero hacerles  extensiva la invitación a que se animen a investigar quiénes son las personas responsables de la composición de esas músicas que hacen parte de sus historias personales.

Por ejemplo: dejamos esta labor a las y los melómanos expertos que habitan esta ciudad y nos limitamos a decir: Dos Gardenias de Daniel Santos o Don Goyo del Gran Combo, desconociendo por completo a la cubana Isolina Carrillo o a la colombiana Graciela Arango de Tobón, las compositoras de estos dos temas respectivamente.

La propuesta es entonces a que despertemos nuestras almas melómanas, a que nos acerquemos desde otros lugares a esa música que nos acompaña desinteresadamente, que nos pone a bailar y que alegra nuestros momentos. A que la escuchemos con oídos curiosos, a que indaguemos, cómo lo dice el Trio Matamoros desde 1928, ¿de dónde son los cantantes?

Otras columnas:

La decencia de Luigui Texidor

Acerca del Autor

Diana Ordóñez Hincapié

Conocida como Diana Siguaraya es Comunicadora Social. Aspirante a Magister en Ciencias Sociales. Desde hace siete años es Gestora Cultural e investigadora de la historia social de las músicas afrocaribeñas. Es Directora del proyecto Cultura Siguaraya, iniciativa que crea, produce y circula contenidos relacionados con la memoria y la apreciación de las músicas afrocaribeñas y su relación con el patrimonio cultural en Cali. Se caracteriza por tener un enfoque de género reconociendo los diversos y poderosos papeles que han jugado las mujeres en la producción de los sonidos afrocaribeños y en las expresiones culturales relacionadas con ellos.

Noticias Relacionadas