Lunes, Diciembre 10 2018

.

Desdicha y vergüenza en la justicia

En los momentos más oscuros de la historia del país, cuando se podía presagiar que sucumbiríamos bajo el poder brutal del narcotráfico o que nos disolveríamos en una horda fratricida debido a la corrupción y la violencia política, el poder judicial colombiano mantuvo la firmeza necesaria para que pudiéramos reconstruir el camino. El costo fue …

Desdicha y vergüenza en la justicia

En los momentos más oscuros de la historia del país, cuando se podía presagiar que sucumbiríamos bajo el poder brutal del narcotráfico o que nos disolveríamos en una horda fratricida debido a la corrupción y la violencia política, el poder judicial colombiano mantuvo la firmeza necesaria para que pudiéramos reconstruir el camino.

El costo fue demasiado alto. En diferentes partes de la nación fueron asesinados magistrados, jueces, fiscales, empleados e investigadores judiciales.

Recuerdo a OMAR EDUARDO GARCÉS, presidente de ASONAL JUDICIAL, ofreciendo sus discursos fúnebres con la misma introducción: “aún no se han marchitado las flores que pusimos en la tumba de nuestra compañero, acribillado por sicarios, cuando de nuevo nos hemos visto obligados a visitar este valle de la muerte para poner flores en la tumba de otro compañero asesinado…”

La inmensa mayoría de servidores de la justicia sobrevivieron al régimen de “plata o plomo” que impuso la mafia y dieron un ejemplo de dignidad imperecedero.

Paradójicamente en la medida en que el narcotráfico dejó de convertirse en una amenaza insuperable y los operadores judiciales fueron objeto de una mayor protección, empezaron a evidenciarse problemas internos en la Rama Judicial que al cabo de unos pocos años la han llevado al desprestigio y la pérdida de credibilidad.

Las altas corporaciones de justicia se vieron envueltas en escándalos vergonzosos relacionados con la politiquería y la corrupción. Igual sucedió con muchos jueces y fiscales.

La impunidad se convirtió en un derecho inalienable de los poderosos y el castigo en el inevitable destino de los débiles.

La sabiduría del juez dio paso a la arrogancia del funcionario que ordena sin motivación y grita o amenaza por puro amor propio. Los fiscales avasallan empoderados de un código que privilegia el secreto y la trampa. La justicia negociada desterró a la dialéctica del juicio, so pretexto de que hay que aprovechar la ganga de la mitad de la pena aunque la persona sea inocente.

La Corte Constitucional es la ruina de la catedral de los derechos fundamentales que fue hasta hace poco por cuenta de los mutuos señalamientos de corrupción entre algunos magistrados.  El cadáver del Consejo Superior de la Judicatura no podrá ser enterrado en tierra sagrada por la carga enorme de sus múltiples e imperdonables pecados.

El fiscal general empezó ejerciendo como académico, luego mutó a caballo desbocado, al poco tiempo empezó a delirar y se autoproclamó emperador, luego fungió como Califica de Mano Generosa, para terminar convertido en el Cafre del Año (según Diego Martinez) y en el hazmerreír de todo un país.

Poco queda de la Rama Judicial que con dignidad y valentía enfrentó al crimen organizado, la corrupción y el poder desmedido de los gobiernos de turno.

Los falsos testigos, las falsas víctimas y los falsos reclamantes reinan en muchos procesos penales gracias a las actuaciones de fiscales e investigadores judiciales, motivados por intereses económicos, políticos, venganzas o simplemente para escalar posiciones dentro de la institución.

Los magistrados, jueces, fiscales  y demás funcionarios probos que aún quedan  (ojalá sean muchos), tienen la responsabilidad histórica de devolverle respetabilidad a la administración de justicia. Eso requiere que mantengan una posición vigorosa en contra de la corrupción, el abuso y la arbitrariedad.

Los servidores de la justicia son los primeros llamados a rechazar los actos que los desprestigian, vengan de donde vengan. Guardar silencio ante los escandalosos episodios que enlodan al poder judicial solo contribuye a incrementar la pérdida de confianza de los ciudadanos.

El silencio atronador de los servidores de la justicia frente a los despropósitos del fiscal general o los actos de corrupción de algunos magistrados de la Corte Constitucional, para citar solamente algunos ejemplos, causa enorme incertidumbre y tristeza.

No se trata de emular las épocas del sacrificio físico de centenares de mártires de la justicia, pero es necesario recordarlos para que su memoria sirva de ejemplo y aliento.

Por esos valientes hombres y mujeres que honraron sus cargos, vale la pena decirles a los doctores Pretelt y Montealegre, que son una desdicha y vergüenza para la Rama Judicial.

La opinión de los blogueros no refleja el pensamiento editorial de 90minutos.co

 

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

4 × 3 =

Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

Noticias Relacionadas