Artículo escrito con el apoyo de la Inteligencia Artificial. En el distrito de Aguablanca, oriente de Cali, un grupo de mujeres ha encontrado en el fútbol mucho más que una pasión: una forma de sanar, resistir y reconstruir sus vidas. Se trata del equipo Leonas Doradas Fútbol Club, un proyecto liderado por Arli Quiñones, un joven nariñense desplazado por la violencia, quien decidió transformar su experiencia en una oportunidad para otras mujeres con historias similares.
Asimismo, Quiñones, quien llegó a Cali hace 13 años tras huir de su natal Magüay, en Nariño, conformó hace un año este equipo que hoy reúne a 62 jugadoras entre los 12 y 40 años, muchas de ellas también víctimas del conflicto armado.
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“El nombre Leonas representa el coraje, la berraquera y la fuerza que tenemos para salir adelante”, asegura el entrenador.
Historias que marcan la historia del fútbol femenino
Entre las integrantes destacan historias de profunda resiliencia. Adriana Carabalí, desplazada hace 11 años y Claudia Valencia, quien perdió a su madre y dos hermanos en su huida del cañón del Micay, ven en el deporte una terapia para sobreponerse al dolor.
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Ambas han logrado construir nuevas vidas: Adriana lidera un pequeño emprendimiento familiar en el barrio Comuneros. Mientras Claudia es administradora de empresas y dueña de un salón de belleza en Ciudad Córdoba.
Igualmente, el equipo ha logrado sostenerse gracias a la solidaridad de la comunidad, realizando rifas y actividades para comprar uniformes y participar en torneos locales.
En suma, su esfuerzo ya ha dado frutos: las Leonas han competido en cuatro campeonatos y obtenido dos subcampeonatos, destacándose talentos juveniles como Ana Lucía España, de 12 años, y Liset Parra, de 15, quienes sueñan con llegar a la Selección Valle y, algún día, vestir la camiseta de la Selección Colombia.
“Cuando jugamos, olvidamos todo lo malo y pensamos solo en disfrutar”, dice una de las jugadoras. Así, entre goles, disciplina y compañerismo, las Leonas Doradas demuestran que el fútbol también puede ser un camino de esperanza, empoderamiento y reconstrucción social en los barrios del oriente caleño. Por ende, el fútbol femenino sigue posicionando a Cali como la verdadera ciudad que impulsa esta disciplina:
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