Jueves, Junio 21 2018

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Deporte en tacones

Por muchos años los hombres monopolizaron el periodismo deportivo. Era un espacio que tenían reservado en la práctica, la transmisión y el comentario. La participación de la mujer en dichos escenarios era inimaginable hace un siglo y debatible hace 50 años. Si bien su reciente irrupción obedeció al cumplimiento de un rol estético y de cosificación, muchas de ellas han …

Deporte en tacones

Por muchos años los hombres monopolizaron el periodismo deportivo. Era un espacio que tenían reservado en la práctica, la transmisión y el comentario. La participación de la mujer en dichos escenarios era inimaginable hace un siglo y debatible hace 50 años. Si bien su reciente irrupción obedeció al cumplimiento de un rol estético y de cosificación, muchas de ellas han logrado romper barreras y prejuicios, y consolidarse en dicho campo. De manera especial en la última década, su aparición en los medios ha ido en abierto y creciente apogeo. Aunque su importancia y protagonismo se asume por algunos analistas como otra prueba de la mercantilización del espectáculo, hoy es difícil encontrar un medio de comunicación -con enfoque deportivo- que no cuente con una mujer en sus filas.

               Eran tiempos de cabellos largos e ideas cortas. Basta recordar las inefables palabras de Pierre Frédy de Coubertin en 1896 cuando tras la inauguración de los primeros Juegos Olímpicos en Atenas, con la participación de 241 atletas y 14 países, a alguien se le ocurrió preguntarle por qué no había participación femenina y el Barón señaló: “Las mujeres sólo pueden estar en los Juegos Olímpicos para adornar las frentes de los ganadores con las guirnaldas”. Él, que cambió la milicia por la pedagogía; él, que fundó la primera revista dedicada al deporte en Francia, la Revue Athlétique; él, que obró bajo la singular doctrina del cristianismo muscular consistente en la búsqueda de la perfección espiritual por medio del deporte y la higiene; él, que soñó con la unión y la hermandad de los pueblos a través del deporte; él, que ha de estar revolcándose en la tumba, pues el ánimo de lucro hace rato superó el simple deseo de conseguir la gloria.

               Doce años después, en los Juegos Olímpicos de Londres en 1908, desfilaron 2.059 atletas, de los cuales 36 eran mujeres. Sin embargo, las damas seguían sin acercarse al periodismo deportivo, que la verdad sea dicha no había descollado como tal. Los hechos o sucesos deportivos se cubrían con especial interés, pero aún no se asumía como una disciplina concreta. Desde entonces sí, en relación con el deporte, primaba el cubrimiento de los encuentros, de las prácticas específicas, de los juegos y el resultado. Lejos estaba el nuevo milenio y sus reyes mediáticos, los deportistas, cuyo valor hoy sobrepasa lo inimaginable y se basa en lo que los medios digan o dejen de decir de ellos. Hoy, por ejemplo, es historia el ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda de Falcao y el planeta fútbol reza por el quinto metatarsiano del pie derecho del zurdo maravilloso, James Rodríguez. Así somos los seres humanos. Todo cambia, todo pasa. Ahí va ‘El tigre’ siguiendo el rastro de Winston Churchill: “El éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”. Y padeciendo el acecho de Louis Van Gaal y la prensa inglesa. Bueno, con 800 millones de pesos semanales en el bolsillo.

               De ahí que el deporte se considere hoy el fenómeno cultural con mayor desarrollo dentro de la esfera humana. Una dulce veta en medio del proceso de mundialización de la engolosinada sociedad del entretenimiento. La joya de la corona del descontrol controlado de los ciudadanos. La caja registradora que, con su arsenal de ídolos, resuena gracias al deporte convertido en mercancía de consumo. Y ahí está la mujer, armada con el anzuelo de su belleza física para atrapar sedentarios homínidos hipnotizados por cualquier dios en pantaloneta. Porque son los hombres la masa que aúlla y sostiene el escenario deportivo mundial; y los dioses indestronables del Olimpo periodístico. Un imperio autónomo, una industria cultural comercialmente relevante pero intelectualmente despreciada, donde la objetividad, la imparcialidad o la neutralidad, no figuran. La especulación reina. Las mujeres han arañado el trono, mientras los héroes posmodernos atienden a sus iguales, a los hombres. En una sociedad patriarcal, machista y premoderna, como la latinoamericana, lejos estamos de fenómenos intrépidos de periodismo deportivo femenino. Su narrativa, su construcción de sentido y su relación con el sistema, atiende la perspectiva del hombre; y su valor esencial sigue siendo estético, en el sentido más decorativo del término.

               Pero bien lo dijo una testaruda genial, Mafalda: “Si las mujeres deciden hacer trabajos de hombres son pioneras; si un hombre decide hacer trabajos femeninos, pues es maricón”. Y añade la eterna niña, “hacemos todo lo que hacen los hombres y trepadas en unos tacones altos”. Creo que ahí habló Quino, no ella. Es cierto que las mujeres han colonizado un espacio antes conquistado de manera exclusiva por los hombres, pero no es menos cierto que lo hacen bajo directrices donde el cuerpo se refuerza como símbolo. Tal vez no solo como objeto sexual o de deseo, pero si como prueba de actividad física y excelencia corporal. Esbeltez, bronceado, ropa deportiva, cuerpos en movimiento y temas secundarios o banalizados. Parecieran ser más modelos que periodistas. Una triada contemplativa las envuelve deporte-espectáculo-consumo, y exacerba las emociones colectivas a través sobretodo de las pantallas y sus rituales publicitarios.

               Cali, que ha sido tantas cosas a la vez, es ahora pionera de las periodistas deportivas. Fue en 1928 primera sede de los Juegos Olímpicos de la República, creados en el gobierno de Pedro Nel Ospina. Ocho años después, y con seis deportistas, Colombia asiste a Berlín. Los medios elaboraron informes especiales sobre la actuación de los nacionales -casi inadvertida-, pero nada que pueda considerarse periodismo deportivo. Solo para 1948, con el inicio del Campeonato Profesional de Fútbol, puede hablarse de periodismo deportivo en nuestro país; que se consolida en el 51 con la Primera Vuelta a Colombia en bicicleta. Y las mujeres, en la casa. El gremio comenzó a gestarse. Se creó una asociación de periodistas deportivos que aportó ideas para la creación del Instituto Colombiano para la Juventud y el Deporte, Coldeportes. Su fundación, en 1968, fue una antesala para la realización de los Juegos Panamericanos celebrados en Cali en 1971. Y las mujeres, ya no estuvieron solo en la casa.

               De hecho, una vallecaucana, Judy Lizalda, fue la primera mujer que comentó fútbol en Colombia. Gloria López, se sostuvo por más una década como la Jefe de Deportes en el periódico ‘El País’. Vimos crecer -no envejecer- a Vivian Murcia en ‘Chiva Deportes’. Y cada vez es más notoria la presencia femenina en este ámbito. Aquí o en Argentina. En Fox Sports o en Televisa. Modelos, reinas, políglotas, relacionistas públicas, profesionales, parecieran desestimar la idea de que la belleza es una chica egoísta que no gusta de caminar al lado de la presumida inteligencia. Son acaso farándula, glamour y moda pasajera. Son la noticia o la cubren. Hay un estereotipo. Qué tanto de sudor hay en su trabajo. Se refuerza el prejuicio. Se carnavaliza la profesión. Son tabla de salvación en la crisis del periodismo deportivo. Comunicadoras o periodistas. Simple fórmula económica. Una contradicción, una paradoja. El empaque del negocio. Músculo publicitario.

               Todo tal vez, menos que Willie Colón tenga la razón total y Talento de televisión sea solo una canción parcial y desafortunada. O que los hombres, esos primates mal diseñados -tienen la cola adelante-, no quieran soltar el monopolio y seguir en la delantera de los equipos de periodismo deportivo.

 

Nota:Sobre éstos y otros temas disertarán este jueves 19 de marzo, seis de las más reconocidas periodistas del ámbito deportivo en La Hora del Periodismo, evento organizado por la Facultad de Comunicación de Universidad Autónoma de Occidente. Auditorio Xepia. 10:00 a.m. Entrada libre.

 

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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