Martes, Diciembre 18 2018

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De I will survive a Sobreviviré

Mucho va de Newark-Nueva Jersey a San jerónimo-Antioquia. Mucho de la música Disco a la música Despecho. Mucho de la ‘Reina del Soul’ a ‘El rey del Despecho’. Mucho, pero una cosa une a Gloria Gaynor y a Darío Gómez, una canción que habla de uno de los más sublimes actos de la liberación: zafarse …

De I will survive a Sobreviviré

Mucho va de Newark-Nueva Jersey a San jerónimo-Antioquia. Mucho de la música Disco a la música Despecho. Mucho de la ‘Reina del Soul’ a ‘El rey del Despecho’. Mucho, pero una cosa une a Gloria Gaynor y a Darío Gómez, una canción que habla de uno de los más sublimes actos de la liberación: zafarse de un amor.

Gloria Fowles-su verdadero apellido- alcanza fama y reconocimiento con ‘I will survive’, pues por primera vez la letra de una canción se escribía desde el punto de vista de una mujer, que arremetía con vehemencia -y hasta cierta vulgaridad: “Debí haber cambiado esa cerradura de mierda, debí haberte quitado la llave”- en contra de su ex amante, que vuelve, pero ella ya es libre, el sufrimiento la ha fortalecido y declara que puede seguir adelante sin él.

La canción se convirtió en un himno de la liberación femenina y hoy sigue sonando con fuerza en algunas discotecas y en el corazón y la razón de las despechadas setenteras que lo cantan a viva voz y no pierden la oportunidad de vociferarlo en cuanto karaoke o encuentro femíneo se les atraviesa.

Corría 1978. Latinoamérica y el planeta fútbol -que comenzaba a gestarse- se rendía a los pies -y a las piernas- de un mechudo al que le decían ‘El matador’: Mario Alberto Kempes. Menotti fumaba impasible y abstraído por la vedada imposición del Régimen de Videla, y en el muchachito de 17 años que había dejado por fuera de la nómina argentina: Diego Armando Maradona. Holanda volvía a mostrar el mejor fútbol y a perder. Sobre la estrepitosa derrota de Perú ya se cernía la duda y sobre ‘El chupete’ Quiroga la maldición. En Colombia Millonarios alcanzó la undécima estrella. El M-19 preparaba la ‘Operación Ballena Azul’. ‘El Mandato Claro’ de López Michelsen fue oscurecido por un Paro Cívico nacional. Turbay fue elegido presidente y debería afrontar el Robo de armas del Cantón Norte ocurrido el 31 de diciembre de ese año.  

En medio de ese panorama, en Colombia ‘I will survive’ fue un éxito relativo. Sobre todo entre las privilegiadas chicas de ciudad que sabían algo de inglés, tenían walkman, probaron a escondidas las delicias de la píldora y los deleites de la marihuana, y soñaban con unas vacaciones en los Estados Unidos y un marido que no se pareciera en absoluto a sus papás.

Darío Gómez entretanto, lloraba la muerte de su hermana Rosángela, el 31 de octubre de 1978, y escribía los primeros versos de la canción que lo sacó del anonimato: ‘Ángel perdido’, que grabó con ‘Los Legendarios’, el grupo que un año atrás había creado con su hermano Heriberto. En seis meses vendió 600 mil copias, acaso un presagio de los seis millones de discos que ha vendido hasta el momento y los 60 países que ha visitado. Ya nunca más volvería a coger café. Y de mecánica, solo la de las canciones. La estrechez económica parecía ceder. Codiscos lo nombra Director Artístico.

Aunque ha compuesto más de 900 canciones, en 1979 hizo una adaptación de ‘I will survive’ para jugársela toda por Olga Lucía, su segunda esposa, que para la época tenía escasos 13 años. Darío con 27 y una facilidad para componer solo comparable con su afición por el trago y las mujeres, no era bien correspondido y decidió reescribir el éxito de Gloria Gaynor, preservando su esencia y añadiéndole la sonoridad de la canción popular y la cadencia paisa, amén de la rima del español. Habría de grabarla 13 años después y hacer suyo también, el éxito de una mujer que el lunes 7 de septiembre cumplió 66 años.

Darío de Jesús Gómez Zapata tiene 64 años y es considerado el más grande cantante de música popular en Colombia. No hay colombiano que no haya escuchado alguna vez por lo menos una estrofa de ‘Nadie es eterno’ y una abrumadora mayoría que no se haya empujado un trago -y hasta más- con alguna de sus canciones.

Pero mientras Gloria Gaynor está pasadita de kilos, se entregó al señor -es cristiana- y hace música góspel, Darío Gómez promociona su más reciente trabajo discográfico. Un compendio de canciones -algunas inéditas- titulado ‘Legado’, donde hace dúo con las nuevas figuras de la música popular en Colombia: Pipe Bueno, Jhonny Rivera, Giovanny Ayala, Luisito Muñoz y Jhon Alex Castaño; consagrados como El Charrito Negro y Luis Alberto Posada; e incluso reguetoneros como Yelsid Feat & Andy Rivera.

Darío es el ‘papá’ de todos. No el que abrió la puerta (El Caballero Gaucho, Oscar Agudelo o Rómulo Caicedo), pero si el que la ensanchó. Y por ella han entrado todos. No viven en Miami, pero suenan y resuenan. Son los reyes del espectáculo nacional. No venden tantos discos, ese ya no es el negocio socio. Hacen entre seis y diez presentaciones cada fin de semana. Basta ‘pegar’ un tema, para que sean invitados a cualquiera de las quince mil ferias y fiestas que se celebran en los 1.123 municipios de Colombia. Eso sin contar con presentaciones en lugares públicos y eventos privados en las fincas de los señores que gustan de los caballos, las potras y los negocios de alto riesgo. Eventualmente emergen en las pantallas del Jet Set criollo, que tiene tanto de criollo como la gallina de campo de Doña Gallina. Son exitosos. La confirmación de que lo popular no solo sobrevive, sino que a pesar de todo y por encima de todos, es la cantera cultural de la nación.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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