Miércoles, Septiembre 26 2018

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Daniel, el confeso

Como casi todos los de su estirpe, sobrelleva una calvicie prematura que lo hace parecer un poco más viejo de lo que en realidad es. Ellos, los Samper, son viejos desde muy jóvenes, pero insisten en seguir siendo niños. Es decir, se empeñan en reír, o en hacer reír, sin ser payasos y a pesar …

Daniel, el confeso

Como casi todos los de su estirpe, sobrelleva una calvicie prematura que lo hace parecer un poco más viejo de lo que en realidad es. Ellos, los Samper, son viejos desde muy jóvenes, pero insisten en seguir siendo niños. Es decir, se empeñan en reír, o en hacer reír, sin ser payasos y a pesar de la barba rojiza y, en algunos casos, rolliza. Eso no es grave si uno se decide por el periodismo, pero delicado si resuelve ser presidente de la república, como su tío Ernesto. O Secretario General de Unasur, pagado por Venezuela. Daniel debe estar aburrido de escuchar estos chascarrillos, pero incluso él confiesa que su tío es el más chistoso de la familia. Sobre todo cuando hace política.

Los Samper son charrísimos, dicen las señoras chirriadísimas de Bogotá y churrísimos, algunas de sus abnegadas esposas. Precoces y visionarios, como su antepasado José María Samper, que publicó a los quince años en un periódico capitalino, ya mayorcito sentó las bases de la Universidad Nacional y más viejo donó los terrenos donde se fundó el Gimnasio Moderno. O como Andrés Samper Gnecco, que con el texto “Mi primer fracaso en matemáticas”,inauguró la zaga humorística de la familia en dicho colegio. Todos trabajadores, casi todos medio rubios -como el Marlboro, jamás como el Pielroja-, y algunos con facilidad de palabra, obra y omisión. Y facilidad de escritura, pública claro está.

No importa si desde El Aguilucho o si desde Cromos o Jet Set, Soho o Semana, Diners o El Tiempo, Daniel ha llevado con imperturbable serenidad el peso de ser un Samper periodista. No abomina de ello, pero le ha servido tantas veces como insumo en las entrevistas, que ha llegado a manifestar que hubiera querido llamarse de otra forma y hacer otra cosa en la vida. Es difícil creerle semejante introversión, pero cuando se revisan los sueldos de los periodistas y se evoca la frase atribuida en Colombia a su padre: “Ser periodista en una forma divertida de ser pobre”, uno le cree… un poco.

Su consagración fue la Revista Soho. Bajo su dirección, las historias allí relatadas lograron llamar la atención de lectores de toda Latinoamérica e inscribir la publicación en la narrativa vigente del continente, junto a Etiqueta Negra, Gatopardo o Letras Libres, para mencionar solo algunas. Muy buenos textos y muy buenas tetas. Una dupla sinigual, salvo contadísimas excepciones. Viejas en pelota y letras. Una relación algo promiscua y, acaso por ello, muy plácida. Con pe, no con efe, venga a la mano la claridad. Y lo de viejas es literal o que me denuncie por cohecho Yidis o por difamación Marbelle.

A Dios gracias, en casi tres lustros que estuvo a la cabeza de Soho, no pudo convencer a su papá de que se encuerara. Después de lograrlo con Faustino Asprilla, cualquier hombre sensato lo haría. Es una cuestión de principios, decía León María Lozano, ‘El Cóndor’. ¡Semejante pájaro! Pero nadie es perfecto, se retiró de la revista con dos frases de cajón y una lindeza: “Cumplí mi ciclo, doy un paso al costado, no quiero que Soho se envejezca conmigo”, declaró.  

Tiene pues a cuestas el peso de ser Samper y periodista. Ha publicado cinco libros y sigue escribiendo para la revista Semana con el mismo sentido del humor que impulsó sus primeros textos. Es decir, con el sentido común bien administrado. Conciente de que en Colombia escandaliza más la foto de un desnudo o una grosería, que una masacre o un desfalco a la nación, no abandona la sátira. Como compete a quien utiliza las dosis exactas de ironía y sarcasmo, su potencia intelectual no se mide por el volumen de la carcajada que provoca, sino por el resonar de la reflexión que dejan sus apuntes. Allá Wilde si consideraba que el sarcasmo es la más baja expresión del humor. Aquí Samper, que lo enaltece como la más alta expresión del ingenio.

Repetir que su mayor acto de fe es ser hincha del Expreso Rojo (Lo confiesa cada que puede) y que jugó buen fútbol, es echar sal y limón en heridas sangrantes. Tanto como hacer el largo prontuario de los escándalos suscitados por sus columnas y las fotos de la revista. La crucifixión de la Azcárate, las curvas y el pare de Endry Cardeño, el arrepentimiento de Carolina Cruz tras haber soltado la lengua, las hermosa protuberancias de Karla Giraldo, etc. etc. etc. Reconoce que ya no es un delfín, sino una ballena. Un tipo normal. Pero no se es del todo normal, cuando se es como él, un líder de opinión y el miembro de una casta privilegiada.

De ahí que uno entienda a quienes lo critican por cínico, porque no creen que coma lechona y gallina en la afueras de El Campín, sino carnes importadas en Andrés Carne de Res. O porque sus chistes y su pluma no están a la altura de las de su papá o alguno de los Caballero. O porque es amigo de Gustavo Gómez. O porque de cuando en vez se le sale ese chapetón que habita en cada rolo de cepa y espinazo. O porque disfruta de su casa y su familia. O porque haya bautizado a una de sus hijas Guadalupe, pues la mamá es colombo-azteca; y a la otra, Paloma, por ese anhelo de paz que respiran los colombianos de buena fe.

Pero nada es comparable con el más serio de sus problemas, el que todo el mundo esté a la espera siempre de que diga algo chistoso. Eso, es peor incluso, que tener fama de clarividente o de inteligente.

Bajo ese inri, Daniel Samper Ospina estará el próximo martes 29 de septiembre en el auditorio Quincha de la Universidad Autónoma de Occidente, entre las 10:00 a.m. y las 12:00 m., invitado por el Área de Periodismo de la Facultad de Comunicación Social. El tema, no podría ser otro: La sátira política. Entrada libre.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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