El fenómeno de "El Niño" es un evento de variabilidad climática de origen oceánico-atmosférico que se genera en el océano Pacífico tropical. De acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), este evento se produce por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del mar, lo que altera los patrones de viento y los regímenes de lluvias a nivel global.
Cuando los modelos internacionales proyectan que este calentamiento alcanzará una intensidad entre fuerte y muy fuerte, la comunidad científica alerta sobre la consolidación de un ‘Súper Niño’. Una categoría severa que multiplica los riesgos ambientales, económicos y sociales debido a su magnitud extrema.
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¿Por qué se da este fenómeno en la meteorología?
El proceso de gestación de este fenómeno inicia con señales oceánicas y atmosféricas muy marcadas. Técnicamente, ocurre un debilitamiento constante de los vientos alisios que soplan de este a oeste. Al debilitarse, el agua cálida acumulada en el Pacífico occidental se desplaza hacia las costas de Suramérica. Según el monitoreo del Ideam, esto provoca un incremento crítico de la temperatura superficial del mar en regiones clave como la zona Niño 3.4.
Igualmente, estas anomalías térmicas no solo baten récords históricos de calor en la atmósfera, sino que alteran profundamente el ciclo hidrológico de la región.
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El impacto geográfico de un ‘Súper Niño’ se manifiesta principalmente en una drástica disminución de las precipitaciones y una mayor recurrencia de días secos.
En países de la región andina, esta reducción de lluvias suele coincidir con las temporadas naturales de menos precipitaciones, lo que agrava sustancialmente la situación.
Igualmente, en las últimas horas la directora del IDEAM, Ghisliane Echeverry, confirmó que el fenómeno llegará antes al país. Puntualmente entre junio y julio de 2026:
Consecuencias de las altas temperaturas en Colombia
Como consecuencia directa de la falta de agua, la humedad de los suelos decae con velocidad y se presenta una mayor incidencia de radiación solar directa. Estas condiciones extremas aumentan de forma exponencial el riesgo de incendios de la cobertura vegetal, amenazando la biodiversidad y los ecosistemas estratégicos.
Ante la amenaza inminente de un Súper Niño, la gestión preventiva del riesgo se vuelve obligatoria. El Gobierno nacional y el Ideam hacen un llamado urgente a fortalecer las acciones de preparación y mitigación a través de una articulación interinstitucional permanente.
Los planes de contingencia deben activarse en sectores críticos para identificar las zonas más vulnerables a desabastecimientos e incendios. Autoridades regionales y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), se encuentran alertas para las novedades que tendrá esta etapa climática en el país.
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