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Mujeres que rompen el molde: dos historias de liderazgo en el 25N

Mujeres que rompen el molde: dos historias de liderazgo en el 25N

Tomado de Unsplash. / Imagen de referencia.


El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de reflexionar sobre los avances, las luchas y los desafíos que aún enfrentan las mujeres en el ámbito social y laboral. En medio de esta fecha, cobran especial relevancia testimonios que reflejan el empoderamiento femenino, no como un discurso teórico sino como una transformación concreta en el campo laboral.

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Desde una planta de producción agroindustrial hasta una maquina pesada en plena operación, dos mujeres vallecaucanas muestran que el talento no tiene género.

Liderar en un sector históricamente masculino

Luisa Barona es gerente de operaciones de una planta agroindustrial, un cargo poco habitual para una mujer en la región. Ingeniera química y psicóloga, su trayectoria le ha permitido ocupar 12 posiciones distintas en la compañía. Su ascenso, lejos de ser un mérito individual, se ha convertido en una referencia para otras mujeres que comienzan su camino profesional.

Para ella, crecer en un entorno de alta exigencia técnica también implica una responsabilidad emocional frente a quienes la observan abrir puertas que antes parecían imposibles. En sus palabras:

“sé que hay ojos que me miran, que observan lo que yo hago, pero más que por evaluarme, pienso más en los ojos de las mujeres que están pendientes de mí porque saben que soy un referente y una puerta que se abre a muchas otras posibilidades.”

Luisa combina dos mundos que muchos consideran incompatibles: la ingeniería y la psicología. Su enfoque lo resume con claridad: la producción no depende solo de maquinaria, sino de lograr que 1800 personas entiendan que forman parte de un mismo proceso. Ese liderazgo humano es el que hoy le permite demostrar que el género no define la capacidad para dirigir.

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Del campo a la maquinaria pesada

A 50 kilómetros de allí, en los campos del sur del Valle, Adiela conduce, cada madrugada, una máquina agrícola que años atrás jamás imaginó operar. Mujer indígena, madre, campesina y trabajadora, su historia está marcada por la perseverancia. Tras un proceso formativo riguroso decidió no dejar pasar una oportunidad única y terminó convertida en operadora de maquinaria pesada.

Sin conocimientos previos, estudió jornadas completas en el Sena y fue avanzando paso a paso. De sus orígenes humildes, conserva los valores con los que creció y que sigue transmitiendo a sus hijos, quienes hoy la acompañan con admiración. En su mensaje para otras mujeres, expresa:

“Todo es posible, si uno quiere en la vida y uno hace las cosas con amor, siempre siempre siempre vamos a poder.”

Historias como la de Luisa y Adiela iluminan el sentido del 25N y recuerdan que el empoderamiento femenino se materializa cuando una mujer cambia su historia… y abre camino para que otras también lo hagan.

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