Lunes, Abril 23 2018

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Colombia en Rusia 2018

Si Colombia no supera lo hecho en Brasil 2014 será fracaso. Al hincha no le sirve otra cosa. O pasamos a semifinales o crucificarán a unos muchachos que nos han llevado a donde nunca dirigente alguno: al olimpo de los dioses modernos.

Colombia en Rusia 2018

Alcanzo a recordar a Belisario Betancur en 1982. No se habían desamarrado los guayos Paolo Rossi, Marco Tardelli, Alessandro Altobelli y Paul Breitner, artífices del 3-1 entre Italia y Alemania Federal en la final de España 82 jugada en el Santiago Bernabéu, cuando el poeta de Amagá pronunció con pompa ante los ibéricos la frase inefable: “Los esperamos en el Mundial Colombia 86”.

Y se repartieron suvenires nacionalistas entre los asistentes. Y ya se habían repartido cargos burocráticos entre políticos de oficio que jamás hicieron nada. Cuatro presidentes hicieron populismo con la posibilidad (Lleras, Pastrana, López y Turbay) y el papá del IVA lo hizo con la designación y con la declinación, en un tono por supuesto de declamación. Siempre le ha metido lírica a la vaina.

Italia era campeón por tercera vez y Colombia hacía el ridículo por enésima, pues ha sido el único país en la historia de la FIFA que ha declinado de su realización. Se argumentaron las tragedias del Palacio de Justicia y de Armero ocurridas en noviembre 1985. Lo cierto es que no teníamos nada listo. Solo cumplíamos con una de las exigencias de la FIFA: congelar las tarifas hoteleras ese año. De resto nada: ni estadios, ni vías, ni trenes, ni comunicaciones, nada. Hoy -36 años más tarde- difícilmente reuniríamos el 30% de los requerimientos FIFA.

México, cuya capital había sido asolada el terremoto más devastador de su historia el 19 de septiembre de 1985, hizo el mundial. Y lo hizo Mussolini en Italia, y Videla en Argentina, y todos los que dimensionaron su impacto. Hasta Chile, que tras el terremoto de Valdivia en 1960 que destruyó gran parte del territorio sur del país, lo realizó en  solo cuatro sedes: Arica, Rancagua, Santiago y Viña del Mar.

Vivimos 28 años del 4-4 con la U.R.S.S. en el 62 y el deslucido gol olímpico de Marquitos Coll. Después, 24 años del 1-1 con Alemania y la galleta de Rincón a Bodo Illgner. No se cuenta el 5-0 a Argentina, el 5 de septiembre de 1993, porque de ese solo vivimos diez meses. Fue un partido de esos irrepetibles que nos hizo un daño terrible en USA 94, tanto como el favoritismo endilgado por Pelé y el asesinato de Andrés Escobar, 10 días luego de haber marcado el único autogol que ha costado una vida.

Tal vez nunca tengamos de nuevo esa posibilidad de hacer un mundial, pero entretanto nos conformaremos con emborracharnos hasta los tuétanos cada que clasifiquemos a uno o no, cada que ganemos un partido o no, cada que el cubrimiento alborotado del periodismo deportivo nos lleve al paroxismo y tergiverse nuestra percepción, tras darle picos y más picos al águila o al aguilón. ¡140.000 canastas de cerveza por partido!

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Si Colombia no supera lo hecho en Brasil 2014 será fracaso. Al hincha no le sirve otra cosa. O pasamos a semifinales o crucificarán a unos muchachos que nos han llevado a donde nunca dirigente alguno: al olimpo de los dioses modernos. Quinta mejor selección del mundo y cuarta a nivel general de puntos totales, premio Fair play, Faryd el más longevo y Cuadrado el de más asistencias. Goleador del mundial y mejor gol del mismo -y del año-, con James Rodríguez, cuyo quinto metatarsiano del pie derecho importa más que todos los huesos de todas las fosas comunes de Colombia. ¡Gracias a Dios no fue el de la zurda! Eso hace el fútbol.

No faltará la pancarta nacional en Rusia que rece: ¡Fue gol de Yepes! Y otra mucho más colorida y estrafalaria que el Cole dirá: ¡Falcao papito! Una chica pintará la tricolor sobre sus pechos. Un pezón lo cubrirá con la sílaba Du y el otro con que. Será la sensación, la exprimirán hasta la saciedad los medios –u ordeñaran- y el país se rendirá ante sus atributos. Una más se alzará para decirle al mundo: ¡no nos robarán esta vez! Somos el segundo país en compra de boletas, después de los locales. La Interpol debe estar con la lupa y las cámaras listas.

Como está lista la lista provisional de 35 jugadores -una estrategia de FIFA para activar la compra venta-, que tendrá en vilo a estos muchachos y al país hasta el 4 de junio, cuando se exige la entrega del listado oficial de 23 futbolistas. Hay algunos seguros, que si nos va bien se dirá fueron aciertos. Y si nos va mal: ¡A Colombia la mató la rosca!

El país olvido rápido que tras la derrota 2-1 en Barranquilla con Paraguay en la penúltima fecha de las Eliminatorias, se dijo que el único que iba ir a Rusia era James, pero a visitar a la moza. Luego, el 1-1 con Perú demostró que somos tan incas como ellos: incapaces de juego limpio. Al final acordaron hacerse pasito en Lima. Así es el fútbol.

Hoy preocupa la pubalgia de Cuadrado y las dos rodillas de Falcao, que de no ser por el profesionalismo y el pundonor deportivo de este hombre, estarían entre algodones. De Polonia nos preocupa Robert Lewandowski, de Senegal Sadio Mané y de Japón Maya Yoshida. La verdad es que nos debería preocupar la banca de muchos de nuestros titulares.

David Ospina, por ejemplo, es uno de esos jugadores que se crece cuando se enfunda la camiseta de la selección. Por algo es el inspirador del Tú tranquilo… pero cada vez con más frecuencia se hace unos goles de esos de potrero. Que Yerry Mina marcando a Messi y a Suárez en los entrenos del Barça juega más que un titular en otro equipo, es casi ley de la república. Bacca, Muriel, Borja o Zapata no pueden hacer un gol de vez en cuando, porque ya los piden como indiscutibles.

Si en algo está de acuerdo Colombia, es que a Falcao la vida le debe un mundial. Difícilmente Pékerman sentará al goleador histórico de la nación.

Mientras el mundial arranca, el 20 de abril en la Universidad Autónoma se debatirá con argumentos en torno de las expectativas y posibilidades reales de Colombia en Rusia. Cinco días después los hinchas se deleitarán con la Champions y aflorará la venganza como emblema nacional. Todos apretarán puños y se desgañitarán si James marca y el Bayer gana, para poder gritarle desde Soacha o Juanchito a Zidane: ¡Calvo hijueputa!

Cuando Colombia debute en Rusia, el presidente electo de la república llevará dos días sin poder dormir bien. Sabe lo que se le viene encima y lo que hizo por debajo. Hará populismo con el nacionalismo y, lo mismo que Santos, felicitará a los muchachos sea cual fuere el resultado, para arañar un poco de su popularidad. Belisario le dará un beso a Dalita e intentará… bueno, intentará. Y ella le dirá: ¡Lo del sí se puede fue solo una frase de campaña! El, que declinó de hacer el mundial, que ordenó la retoma del Palacio a sangre y fuego, y que no atendió las alertas sobre la catástrofe de Armero, le responderá: A esta edad es más fácil una elección que una erección… de la selección Colombia como campeona del Mundial.

Y apagaron la luz para soñar.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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