Miércoles, Febrero 26 2020

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Cocina por Convicción, por Martha Cecilia Jaramillo

  Volver a la tierra… ¡como salvación!   Sembrado de maíz realizado por los niños de los diferentes grados del colegio.   En el anterior blog escribí sobre el trabajo que venimos desarrollando con los niños y jóvenes del colegio Alas, teniendo como propósito reconocer la importancia de la cocina en la educación. Mi conclusión …

Cocina por Convicción, por Martha Cecilia Jaramillo

 

Volver a la tierra… ¡como salvación!

 

Sembrado de maíz realizado por los niños de los diferentes grados del colegio.

 

En el anterior blog escribí sobre el trabajo que venimos desarrollando con los niños y jóvenes del colegio Alas, teniendo como propósito reconocer la importancia de la cocina en la educación. Mi conclusión es que el camino para visionar un futuro diferente es mirando nuevamente a la tierra, desarrollando un proceso que en algunos casos se hace por intuición, con investigación propia y con una mirada diferente, difundiendo y contagiando a otros para que entren en esta sintonía.

Transcribo textualmente palabras escritas por María del Pilar, directora del colegio:

“Tocar la cocina como tema fundamental en la escuela, es volver los ojos a la tierra y volver los ojos a la tierra es contemplar nuestro futuro. Un futuro que es cada vez más incierto para las nuevas generaciones por la manera como arrasamos con los recursos y envenenamos la tierra.

Integrar la cocina como elemento fundamental del curriculum, puede despertar prontamente en los niños un lazo fraternal con la tierra, es volver a la semilla y a la esencia de todo: es encontrar un sentido a la tierra como cuna, una oportunidad para bendecirla y honrarla. Cocinando con los niños se retorna a la vida, a la celebración y al goce…

Me pareció oportuno contarles a través de un ejemplo de lo que puede significar “la cocina en la escuela”, esperando replicar la experiencia a otras instituciones o comunidades. Quizás se animen y se hagan nuestros aliados.

Para empezar hay que tener claro que hacer cualquier receta va más allá de cocinar para comer y que “comer va más allá de alimentarse”. Cuando cocinamos involucramos nuestra esencia y diferentes experiencias al momento de hacerlo.

  • Preparamos la tierra en clase de agricultura. Eso hace trabajar la voluntad, la disciplina, la tolerancia (el sol no siempre es un buen aliado).
  • Elegimos las semillas y sembramos. Después de sembrar hay que cuidar, regar, limpiar, nutrir. Así nuestros niños y jóvenes entenderán  que las cosas no resultan espontáneamente en un supermercado como quizás muchos pueden creer. Así en la vida todo requiere de nuestro esfuerzo, cuidado y protección. Ellos a través de la experiencia entenderán que hay que dar para recibir y cuidar para cosechar. Algunos de nuestros jóvenes esperan que el mundo les de y poco saben de lo que ellos deben hacer por otros y por el universo. Pero si se hace a través de la experiencia esto se integra y se dará una dinámica habitual en su entorno.
  • Para recoger hay que ser cuidadosos, seleccionar, lavar y almacenar para después preparar.
  • Elegir la receta y conseguir los ingredientes necesarios les permitirá reconocer el esfuerzo de sus padres, logrando sensibilizarlos hacia un sentimiento de moderación, cuidado de los recursos. Esta también es una lección para la vida.
  • El cerebro que regula cantidades exactas, casi como una fórmula química.
  • La creatividad con aquello que adicionas para que esa receta se haga especial.
  • Una vez cocinando intervienen como protagonistas las manos, en un acto que se hace ritual y como hilo conductor de las emociones que vienen y las están presentes en nuestro corazón. Podemos percibir entonces cuando ellos están inquietos, cuando quieren llamar la atención y como a través de la actividad se aquietan, se disciplinan y se tornan silenciosos. Es en ese momento donde se puede decir que estarán en un acto meditativo.
  • Y una vez en la cocina, las matemáticas para dividir, sumar, restar y hacer de la fórmula lo correcto. Quizás haces una gran cantidad, pero la divides en pequeñas porciones, así que aquí llegan los fraccionarios. ¿Qué tal la manera tan divertida de aprender?
  • Si lo que estuviéramos haciendo fuera pan, moldeamos para dar forma. Es casi como cuando uno toma la arcilla y da forma a una obra de arte. Pues el pan será en este caso nuestra obra de arte.
  • Barnizamos con huevo ayudados por un pincel. Y eso es una clase de pintura, solo que cambiamos el papel por la masa cruda.
  • Luego el fuego y control de temperatura, para poder cocinar el pan. Otro concepto que llega y se queda porque parte de la experiencia, no de la repetición.
  • Después de salido de horno compartimos, otro concepto importante de una experiencia comunitaria. Se aprender a compartir, respetando que haya suficiente para todos.

Como este ejemplo, podemos trabajar muchos de nuestras recetas vallecaucanas y hacer que el niño se apropie de nuestra cultura desde la experiencia. Cuando miramos la cocina de esta manera, entendemos fácilmente la riqueza que tenemos, la cual radica la influencia de diferentes culturas.

Nuestros sabores, unos de aquí, otros de allá, se mezclan formando una amalgama única y maravillosa dentro de la Cocina Colombiana. Podemos asombrarnos de nuestra diversidad, reconociéndonos en uno solo: negros, indígenas, blancos, etc. Así el término igualdad se da también afuera, en nuestra relación de convivencia con otros.

La cocina como experiencia educa, recrea y nos hace sentir orgullosos de nuestras recetas, las tradiciones y nuestros ancestros, dándoles un lugar en nuestra vida.

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