El 20 de diciembre de 1995, cuando Cali se preparaba para vivir su Feria y recibir la Navidad, una noticia silenció la música y la celebración. El vuelo 965 de American Airlines, que cubría la ruta Miami–Cali, nunca aterrizó. Minutos antes de llegar, el avión se estrelló contra una montaña cercana a Buga, dejando una herida imborrable en la ciudad y en el país.
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A bordo del Boeing 757, viajaban 163 personas entre pasajeros y tripulación. El saldo fue devastador: 159 personas fallecieron y solo cuatro sobrevivieron. Familias enteras quedaron incompletas, mesas navideñas vacías y una ciudad sumida en el duelo.
Una tragedia que marcó a Cali
El accidente ocurrió en la antesala de la Feria de Cali, un momento que tradicionalmente simboliza alegría y reencuentro. En cuestión de horas, la expectativa se transformó en angustia. Mientras avanzaban las labores de búsqueda, Cali dejó de celebrar y se unió en un dolor colectivo que aún hoy permanece en la memoria de sus habitantes.
La tragedia del vuelo 965 es considerada la peor catástrofe aérea en la historia de Colombia. No solo por el número de víctimas, sino por el impacto emocional que dejó en una ciudad que esperaba a sus seres queridos.
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Del dolor a la resiliencia
Con el paso de los años, algunas familias decidieron transformar el duelo en un acto de vida. La siembra de árboles nativos se convirtió en un ejercicio de sanación, una forma de honrar a quienes no regresaron y de dejar un legado para la ciudad.
“Fue una actividad que nos ayudó a sanar. Así pudimos dedicarle muchos fines de semana a sembrar y ya después a cuidarlos para tener lo que hoy se ve aquí.”
Expresó el Dr. Francisco Piedrahíta, padre de una de las víctimas.
Lo que comenzó como un acto íntimo de memoria se consolidó con el tiempo en un espacio natural que hoy representa paz, biodiversidad y reflexión. Para quienes lideraron este proceso, sembrar árboles fue una manera de sanar, de recordar y de construir algo positivo a partir de la pérdida.
Un legado que permanece
Hoy, tres décadas después, Cali no solo recuerda el accidente del vuelo 965 como una tragedia, sino también como un punto de transformación. El espacio natural que surgió de ese dolor se mantiene como un pulmón verde y un símbolo de memoria viva.
“Este ecoparque es un símbolo de vida Realmente es un espacio muy importante para la comunidad”
Expresó Amanda Feltón, representante de familia, líder del proceso de siembra.
Allí, entre árboles, aves y senderos, permanece el recuerdo de quienes perdieron la vida aquella noche de diciembre. Un recordatorio silencioso de que, incluso en medio de la tragedia, es posible sembrar vida, memoria y esperanza.
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