sábado, abril 10 2021

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Cabañuelas

Las farmacéuticas en lo suyo: que no es la salud, sino los negocios. El pico elevándose y el rancho ardiendo. Y uno aquí, sacudiéndose el cerebro.

Cabañuelas
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Se llamaba Roberto. Le decían El mago del Pilar. Un punto minúsculo en el mapa de Paraguay. Era un indiecito guaraní con una figura atlética que daba la impresión de tener resortes por todo ese cuerpo hecho de solo fibra. Una elasticidad que le permitía pegarle al balón con cualquier parte de su humanidad. Mejor dicho, una elasticidad que convertía en plasticidad cada que decidía rematar al arco con una acrobacia que solo se le ocurría a él. Llegó a Colombia procedente del Cosmos de Nueva York (esa hábil estrategia blanca que le inyectó el fútbol a la sangre fría de los gringos) para jugar con el América de Cali de los hermanos Rodríguez Orejuela, esa especie de selección suramericana hecha a punta de dólares espolvoreados con coca. Murió hace cuatro años, el 9 de enero de 2017. A sus maromas en la cancha les decían cabañuelas y no hablaré más de ellas. Esta fue solo una disculpa para llamar la atención sobre las que nos legó el ya casi olvidado Almanaque Bristol.

Resulta que otrora, en un pasado no muy lejano, con el clima de los primeros doce días del año, nuestros ancestros pronosticaban el tiempo de los doce meses. Era una especie de sistema meteorológico más infalible que el Ideam (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales) cuyas predicciones eran referentes para sembrar, cosechar, podar, capar y un etcétera de labores agrícolas que todavía se atienden como hace siglos. La tradición deviene de las civilizaciones prehispánicas y sus cálculos perviven más allá de los satélites, el big data y toda esa inteligencia artificial que ha hecho añicos la humana. Si atendemos hasta hoy las cabañuelas, el clima de 2021 será catastrófico. Agua a raudales en toda la Zona Andina. En toda la montaña. Inundaciones, deslizamientos, derrumbes y La Línea construyéndose, reparándose y cerrándose como hace un siglo. El verano temido se asomará tímido y los damnificados lloverán como maná. Pero cambiemos de aguas y especulemos con ‘otras cabañuelas’.

En el fútbol, por ejemplo. Cristiano Ronaldo seguirá siendo una máquina de hacer dinero y un atleta excepcional que no habla, sino que vocifera. Messi seguirá sumergido en su zurda autista y con Maradona a cuestas sin poder superarlo en nada con la albiceleste. Al Diego le harán otros 100 documentales y otro millón de programas de televisión para que el mito no se derrumbe y las babas humedezcan ese ídolo hecho de barro mediático, césped y pelotas manchadas con magia. James se lesionará otra vez, se hará otro tatuaje y se le verá con otra despampanante mujer derrochando sus millones. El Pibe Valderrama hará otro comercial más malo que el anterior. Faryd Mondragón dirá otra perogrullada. El Toro Zapata embestirá de nuevo y Muriel será ratificado como el más efectivo suplente del fútbol mundial. Reynaldo rodará de Chile a Colombia para conducir la selección y Carlos Antonio Vélez le hará la vida imposible. El periodismo deportivo parloteará y el fútbol nacional seguirá metiéndose el autogol de vender cualquier diamantico en bruto que emerja de una barriada pobre e inundando de mediocridad el rentado nacional.

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En política… y disculparán el atrevimiento de dañar este momento, Duque gastará más tinte en sus falsas canas y en sus impostadas ganas de hacer las cosas bien. Las cuerdas de su imagen de títere se tensarán sin que el pésimo manejo de la pandemia las reviente. Con las vacunas nos inyectarán impensadas dosis de manipulación letal. Su programa de televisión superará las emisiones de Padres e Hijos y peligrará el récord de Sábados Felices. Uribe arreciará en su intención de medirle el pulso a sus vehementes borregos con su mozalbete, mientras le baja el tono a Twitter para que no le pase lo que lo que al mono del peluquín. Vargas Lleras seguirá más perdido que los recursos de la infraestructura de la nación. Petro aprovechará cada embarrada de este gobierno para lavar su imagen y proyectarla. Claudia López entretanto cazará otra pelea y demostrará que es máster en argumentación porque la izquierda y los verdes también la cagan. Al Congreso no le lavará su imagen pútrida ni Mandrake y Gustavo Bolívar y otros inactuales, seguirán pataleando sin que los medios atiendan sus denuncias o reclamos. A los ministros se les llenará la lengua de llagas de tanto lamerle al capataz y este país no dejará de creer que la salvación vendrá de donde proviene el mal. El pensamiento crítico seguirá siendo un extraño padecimiento y la educación el último renglón atendido para volver a la supuesta normalidad. Pero, dejemos ahí. Acabo de sentir náuseas.

 

En la música, Carlos Vives no abandonará su rol de patrón de los patrones que sin cantar nada lo ha logrado todo. Apoyará nuevos talentos y unirá su voz exigua a su descomunal talento para los negocios y así vendernos otro hit. Shakira le apostará a otra gran gira que garantice su permanencia en el firmamento de las estrellas, sin quitarle tiempo a sus pelaos y a su pelao. Nada nuevo: más vibrato, más caderas, más fama y menos música. Juanes en su proceso de contrición volverá por sus fueros más musicales que comerciales y faranduleros. Aparecerá otro hijo de Diomedes que se creerá la reencarnación artística de su padre El Cacique de la Junta y fracasará como es apenas lógico porque su flechita no le alcanzará para nada. A Darío Gómez se le olvidarán más canciones, Posada adelgazará hasta límites famélicos y El Charrito Negro reencauchará otro par de rancheras. Silvestre Dangond mutará aún más el vallenato y pegará todo lo que grabe. ChocQuibTown se alejará cada vez más de sus raíces y Los Dotores de la Carranga impondrán desde Boyacá el éxito Estrellita errante, una oda de amor que haría temblar al mismo Neruda y estremecer a Benedetti.

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En los medios todo irá de mal en peor. Los Gilinsky consolidarán lo que queda de la revista Semana como un pasquín que cumple el higiénico papel de ocultar las cagadas de la derecha y refregar cualquier pedo de la izquierda. RCN repetirá Yo soy Betty la fea por enésima vez sin lograr levantar su alicaído rating. Juan Lozano contemplará salir menos en cámara para no alejar con su nariz a los niños televidentes. Caracol no hará mucho para sostenerse en el lugar de privilegio que le permite su menoscabada competencia directa. Para el asombro del mundo Carlos Calero presentará otro programa. La vida de las presentadoras de farándula seguirá en riesgo, pues se mueven en el idioma como si estuvieran en un trapecio. Los chistes de Don Jediondo olerán más hediondo y una asociación de afros denunciará el blanqueamiento cultural de Lucumí. El Tiempo seguirá pasando y El Espectador mirando. Los periódicos y canales regionales seguirán trabajando con las uñas y muchas de ellas estarán bastante sucias. La radio se consolidará como el único medio que ha crecido en medio de la crisis no de los medios, sino del negocio.

Y en la pandemia, pues más de lo mismo y execrable. Ni el estado ni el pueblo, ni los gobiernos ni los ciudadanos, ni el que manda ni el que obedece, ni nadie pareciera tener la sensatez frente a un fenómeno que sin duda existe, pero que ha sido utilizado de manera infame para controlar y manipular aún más la vida de los seres humanos. Los que ordenan todo en el mundo, es decir, los dueños del capital, atizando la fábrica de pánico y desinformación en redes y medios. Las farmacéuticas en lo suyo: que no es la salud, sino los negocios. El pico elevándose y el rancho ardiendo. Y uno aquí, sacudiéndose el cerebro para escribir algo que no sea más de lo mismo. Pero no se pudo, fueron muchas neuronas asesinadas en esta aciaga temporada. Veo en mis cabañuelas un negro pasado y un blanco porvenir. Mejor dicho, la misma vida gris.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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