Lunes, Septiembre 24 2018

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Bonus: Un cañonazo

Que la televisión privada en Colombia es mala y que causa la perdición de las nuevas generaciones, es cosa que se ha repetido, sobre todo entre quienes no saben a quién echarle la culpa por la mala educación de sus hijos. O de los niños y jóvenes en general. No es la mejor del mundo …

Bonus: Un cañonazo

Que la televisión privada en Colombia es mala y que causa la perdición de las nuevas generaciones, es cosa que se ha repetido, sobre todo entre quienes no saben a quién echarle la culpa por la mala educación de sus hijos. O de los niños y jóvenes en general. No es la mejor del mundo es cierto, pero de vez en cuando aparecen en su pantalla ejercicios que bien vale la pena destacar. Ello confirmaría -por lo menos en este campo- la validez del viejo refrán: cuando se quiere se puede. El martes 8 de diciembre el canal Caracol emitió Cañonazo Tropical, un documental que rinde tributo al género y a la estética televisiva, mientras con datos, melodías y reflexiones de involucrados en el negocio, evoca lo más excelso de la música que los colombianos bailamos hace más de medio siglo en cada diciembre.

Es en realidad un documental sobre Discos Fuentes y su más reconocido acierto comercial: los 14 cañonazos bailables de fin de año. Una recopilación que con escandalosas carátulas para la época, reunía los temas más sonados de cada año. Nunca hubo allí una mujer desnuda puesta en evidencia, sino una sutil insinuación de su hermosura y erotismo. Aunque hoy claro, obsoletas y hasta feas, ante la magia tecnológica y los nuevos cánones de la belleza. Siempre, en cambio, estuvieron las páginas que conformarían el libro de la historia de la música bailable en Colombia. A diferencia de cualquier otra antología, allí no falta nada ni nadie. Que hubo otros éxitos, sí por supuesto, pero eran extranjeros. Los de la música colombiana están todos allí.

Con el recurso del archivo fotográfico y fílmico de los artistas como fundamento y la fragmentación de las entrevistas como estrategia de montaje, el audiovisual lleva al televidente por un recorrido cronológico de más de medio siglo. Por momentos se torna nostálgico, melancólico y hasta lastimero, pero emerge de nuevo la alegría, el sabor, la anécdota que todo lo redime y en una deliciosa sucesión de particulares puntos de giro, retoma la clave y el cauce del divertimento. La historia de la canción, la particularidad del músico, su improvisación prodigiosa, la loca apuesta del empresario, la musa inspiradora del compositor, la locura del arreglista, el pregón del cantante, la coreografía de los coristas y la vestimenta de los artistas, entre otros acontecimientos de aquello que se les vuelve la vida.

Los archivos particulares de personas anónimas, recuperados de viejos formatos como el Betamax o el VHS, donde se registraron rumbas caseras y cenas navideñas, enriquecen en términos afectivos el relato y de paso confirman que la música, y en general la obra artística, cuando sale de su creador deja de pertenecerle. Además de algunos fragmentos de películas colombianas memorables como El taxista millonario, donde ‘El Gordo’ Carlos Benjumea representa toda la escencia de nuestra picaresca tropical. También de algunas telenovelas. Entre tornamesas, elepés y casetes, suena la historia de Colombia con esa imprecisión de un sonido que no es impecable, pero implacable a pesar del chisporroteo de las agujas sobre los negros discos de vinilo.    

El documental hace un viaje por la nostalgia de tiempos idos y músicas que no nos abandonarán jamás. Pero también, deja ver cómo se generó una práctica social de las culturas populares en nuestro país alrededor de la celebración navideña y sus tradiciones musicales. Hoy es tan extraña una fiesta en una casa, como un velorio en la misma, pero aún se baila. Todo ha migrado al negocio, el muerto a la Sala de Velación y la fiesta al Salón de Eventos. Sin embargo, los clásicos vuelven a sonar y las emisoras, siempre estruendosas y exageradas, desempolvan una música a la que no le hace mella el tiempo. La música es la pizca de sal que le falta a la comida, dice la hija de Adolfo Echavarría, el compositor del legendario Amaneciendo.

Participan en la producción ‘Fruko’, Wilson Saoko, Eliseo Herrera, Rodolfo Aicardi, Alfredo Gutiérrez, Lisandro Meza, Gustavo ‘El loco’ Quintero, ‘Chelito’ de Castro, Isaac Villanueva, Morgan Blanco, varios locutores y un buen número de hombres idos que no morirán jamás porque se quedaron en este mundo a través de su música. Guillermo Buitrago, Carlos Román, Álvaro Velásquez, Calixto Ochoa y Joe Arroyo, entre otras figuras rutilantes de universo musical colombiano. Eran al mismo tiempo pueblo y representación del pueblo. Iconos indiscutibles de la cultura de la cual emana toda expresión artística, gastronómica, literaria, pictórica, fotográfica, en suma, todo aquello que atañe al sentimiento.

El documental es un compendio de frenesí, de sabor, de parranda y carnaval en la sala de la casa y en la memoria nacional. De magia en el trópico, de historia patria musical, de promotores de moda, de pioneros del ritmo y generadores de cultura. De aquella historia subalterna que se construye a partir de los testimonios de vida, porque la música para todos los que por esa pasarela desfilan, es la vida total. Es el arte de pensar con sonidos, que llega por el oído y reposa en el corazón.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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