lunes, agosto 2 2021

.

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  El Transmilenio de Cali   Al margen de cualquier cualificación o calificación de su gobierno o de su personalidad, Álvaro Uribe Vélez ya tiene asegurado un lugar en la historia de Colombia. Y no solo por su octenio, producto de la primera reelección en tiempos de la república; por el cambio de un articulito …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

El Transmilenio de Cali

 

Al margen de cualquier cualificación o calificación de su gobierno o de su personalidad, Álvaro Uribe Vélez ya tiene asegurado un lugar en la historia de Colombia. Y no solo por su octenio, producto de la primera reelección en tiempos de la república; por el cambio de un articulito y las dádivas (hoy llamadas mermelada) para Yidis y Teodolindo, acusados y condenados por cohecho, solo ellos y no quienes les untaron la mano y les torcieron la conciencia; por sus peroratas, veintejulieras y ancladas siempre en su diatriba contra la Far; por sus llamados a posponer el gustico de la carnita, hasta la mayoría de edad; por esa beligerancia tan liberal y esa militancia tan de derecha; por la idea de los censos y empadronamientos, herencias grecorromanas y algo hitlerianas; por haber sido el presidente que más nacionales extraditó, la mayoría “cucarachas” y muy pocos “peces gordos”; por su inglés apaisado y por las excelentes notas que obtuvo en Oxford en la asignatura: persuasión electoral; por José Obdulio y su primo Pablo Escobar Gaviria, al que le autorizó una flotilla de aeronaves cuando fue director de Aerocivil; por sus Convivir que impulsó como gobernador de Antioquia y con las que negoció convertidas en AUC; por la Ley 100 que importó de Chile cuando fue senador y conoce a tal punto que incluyó en el clúster familiar de negocios; por las chuzadas del DAS y la protección a sus secuaces; por Agro Ingreso Seguro y su Uribito; por ofrecer darle en la cara a un señor al que le dijo marica; por los prematuros negocios de sus hijitos Tomás Y Jerónimo; por sus peleas con Santos, al que le puso todas las velas y casi lo apaga; por su lista cerrada que llevó al Congreso a una veintena de desconocidos de rancia estirpe y abolengo; por ser el único expresidente que después de ostentar la más alta dignidad de la nación vuelve al Congreso, la más desprestigiada institución de Colombia; y por muchas cosas más, pero me detengo. Podría acabárseme el espacio.

               Pero pasará a la historia también, porque en sus dos gobiernos se diseñaron y pusieron en marcha sistemas de transporte masivo en las más importantes ciudades del país. Es decir, en las capitales.

                El negocio no puede ser mejor. El Estado investiga, planea, proyecta, diseña, ordena, dispone, invierte, ejecuta, construye vías y estaciones. Después se las entrega a unos particulares. Ellos, que son bien particulares, pues hacen parte del selecto grupo de poder económico que manda en el político, importan unos buses gigantescos que ponen a rodar el magnífico negocio.

               En tiempos de modernidad, búsqueda y aplicación de nuevas fuentes energéticas -amigables con el medio ambiente, les dicen-, esos vehículos todavía funcionan con combustibles fósiles y en ellos se apeñuscan ciudadanos como en las latas las pobres sardinas. O sea, como los antiguos buses, éstos también contaminan y tienen sobrecupo. Y choferes mal pagos con turnos francamente inhumanos. Pero no hay guerra del centavo, no señores. Hay danza de millones.

               El conductor va concentrado en su labor y no debe recibir pagos y devolver monedas. Esa es, sin duda, la gran diferencia y uno de los argumentos bandera. También, que cuentan con aire acondicionado y que no deben padecer los atascamientos del tráfico vehicular, que los caleños llaman trancones. Los azules van orondos por las vías construidas para ellos y que les quitaron espacio a los demás vehículos y ciudadanos. Transformaron el paisaje urbano es cierto, y monopolizaron el negocio. Sacaron cientos de buses de las empresas de transporte urbano de circulación, mientras las agencias cada día venden más carros y las ciudades no crecen al mismo ritmo. Las mallas viales se extienden, pero no se pueden estirar, la movilidad se paga cara. Pronto veremos helicópteros circundar los cielos, como en algunas metrópolis del mundo donde ese medio fue la más expedita y costosa solución. En Colombia, mientras tanto las ambulancias operan como taxis cuando menos, y como mecanismo de transporte -rápido y seguro- para delincuentes y drogas ilícitas, cuando más. ¿Eran los STM la solución?

               De los metros en Colombia se hablan milímetros. Solo que el de Medellín lo pagamos todos los colombianos y que es otro de los monumentos nacionales a los sobrecostos y el clientelismo de la contratación, que ahora les ha dado en llamar carrusel y es solo amarillo. Nunca rojo, ni azul, tampoco verde. Solo del Polo derretido. Los STM reparten el reducido espacio, en lugar de crear nuevos.

               En este fracasado modelo de desarrollo impuesto por el capitalismo seguimos viendo cómo se llena todo: los vertederos y los caños, los hospitales y los cementerios, los parqueaderos y los talleres, los basureros y los parques, y las avenidas, calles y carreras, porque salvo en Bogotá en ninguna otra ciudad de Colombia hay verdaderas autopistas. Y se atiborran los STM de embutidos pasajeros.

              Cali lleva dos días colapsada por la protesta de los transportadores. Bloqueos y pedreas, quemas y gases lacrimógenos. El alcalde tartamudea y el secretario de tránsito vocifera. La policía y el Esmad aplican con rigor la ley del bolillo, de la fuerza; y entretanto desde Bogotá le dicen la MIO, al Masivo Integrado de Occidente, El Transmilenio de Cali. ¡Qué peligro! Estamos a la altura de Bogotá en términos de administración pública de la movilidad. Por lo menos le ganamos en inseguridad.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

catorce − 12 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Publicidad política “pegada”   Aseguró Federico Fellini que la televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural. Y vale traer la frase del cineasta italiano a colación para reflexionar en torno de la publicidad política que, salvo contadísimas excepciones, es vergonzante. La mayoría de campañas publicitarias son la …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Publicidad política “pegada”

 

Aseguró Federico Fellini que la televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural. Y vale traer la frase del cineasta italiano a colación para reflexionar en torno de la publicidad política que, salvo contadísimas excepciones, es vergonzante. La mayoría de campañas publicitarias son la prueba de un sistema electoral -democrático acaso- cuyos pilares fundamentales son la ignorancia y la pobreza. Cierto es que hace mucho los politiqueros -y hasta los políticos que aún quedan- no se centran en debates y propuestas, sino en promesas, cuentas, falsas peleas y sonrisas, denuncias fútiles, alianzas, trapisondas, caravanas, lechonas, tamales, empanadas, refrigerios, cerveza y aguardiente en medidas dosis, ahora que fue aprobada la Ley anti-borrachos. ¡Todo un carnaval! ¡Fiesta democrática!, vociferan algunos. Pero que la publicidad, encargada desde siempre de hacer que la gente compre cosas que no necesita con el dinero que no tiene- no sea capaz de vender una imagen positiva de los candidatos solo nos dice una cosa: el diputado antioqueño Rodrigo Mesa tenía razón, hay cosas que no tienen solución y huelen muy mal.

Un Congreso desprestigiado (disculpará usted pero debe escribirse con mayúscula). Unos partidos políticos fragmentados en múltiples empresas burocráticas, convertidos en carteles de la contratación que solo se denuncian a conveniencia. Unos órganos de control que no investigan, o lo hacen a discreción, porque la justicia está más politizada que el mismo Congreso. Una corrupción aupada desde el ejecutivo que con la reelección validó una práctica que desde siempre se ha hecho en cuerpo ajeno. Una brecha entre ricos y pobres que se expande en la medida en la que se ufanan los gobiernos del crecimiento económico del país. Unos índices de miseria, de pobreza, de marginalidad y de exclusión que parecen haitianos. Una salud que no mejora, una educación que no aprende, una seguridad que no garantiza, una infraestructura que no comunica, una descentralización amordazada en Bogotá, una periferia vendida al mejor postor internacional en la capital y unos medios de comunicación que no comunican, porque nada es más importante que la rodilla de Falcao. No la tienen fácil los publicistas.

Cómo vender bien a los responsables de esta catástrofe. Distrayendo a los ciudadanos. Esa es una primera estrategia y de eso se encargan los “miedos de comunicación”. Se tocan temas superfluos que se disfrazan de importantes y luego, cuando el ciudadano desinformado, manipulado y casi siempre alienado, debe elegir, se le atesta el mazazo electoral. Elige a los de siempre votando por diferentes. Quienes pretenden repetir, o a volver al sagrado recinto (ha de ser por los sacrificios a los que someten al pueblo), lo hacen con la enumeración de dos o tres proyectos que impulsaron o votaron, intrascendentes pero impactantes. Los que aspiran fundan su intención en acabar con eso que ellos van a disfrutar. Esa es la jugada, echar sal en la llagas del yugo.

La más reciente apuesta de la histórica cofradía, es la promoción del voto en blanco. La más sucia y cochina estrategia para sacar a los pequeños partidos y a los políticos independientes del juego del poder. Hay buenos candidatos, muy pocos, pero los hay. Desconocer eso es la anarquía. En las cloacas también hay vida. La maniobra: los grandes engrasan y operan sus maquinarias, aseguran sus cargos y puestos, y de paso con el impulso del voto en blanco sepultan a los emergentes. En otras palabras, que operen los votos amarrados y se muera en la intrascendencia y la indeterminación el blanco voto de opinión.

Se necesitan votos y están muy caros. Cotizadísimos en la bolsa de la corrupción. La Misión de Observación Electoral ha dicho que el precio fluctúa entre 60 y 160 mil pesos. ¿Cómo puede alguien vender su voto? Sencillo, porque es muy pobre y muy ignorante. Aunque nos hemos civilizado. Ya no se amenaza con armas de fuego, no se obliga a votar por equis o ye candidato so pena de asesinato o destierro. No, ahora la señora corrupción tiene sus devaneos con todos aquellos que subieron al poder a su amante absoluto, al cabeza de lista, o de partido, al candidato a Cámara o Senado que contrariando toda lógica inversionista, gasta más en la campaña (entre $2.000 Y $7.000 mil millones) de lo que recibirá en sueldo, unos $500 millones en total. ¿Cuál es entonces el negocio? La ignorancia de las mayorías. Eso lo saben los politiqueros y los publicistas, que sobretodo con la televisión graban imágenes en cerebros semi-desocupados. Un logo y un número.

Para añadirle más complejidad a la operación, el tarjetón requiere una habilidad que podría superar a la necesaria para resolver el cubo de Rubik y necesitaría cursos permanentes e intensivos. No hay fotos del político (algo de vergüenza queda). Solo partidos y números. Banderas y números. Ello supone un ejercicio publicitario donde todas las fuerzas están orientadas a indicarle al ignorante votante dónde debe marcar la equis y qué número debe escoger. De ahí que la base de las campañas no sean las ideas o las propuestas, sino la programación neurolingüística y la grabación de imágenes que se imprimen en carteles, volantes, pasacalles, cajas de lechona, llaveros, gorras, lapiceros y  se pasan varias veces en los noticieros de radio y televisión, y en las disfrazadas notas de prensa, que se lavan las manos con una frase que si bien he entendido dice: PUBLICIDAD POLÍTICA PEGADA.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

5 × tres =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  La playita: más caricatura   Comenzó a emitirse el pasado lunes La Playita y por lo menos el primer capítulo no cumplió con el objetivo básico de enganche que tienen los estrenos: capturar a la audiencia. 8 puntos de rating. Por lo regular en el capítulo inaugural la empresa televisiva echa la casa por la …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

La playita: más caricatura

 

Comenzó a emitirse el pasado lunes La Playita y por lo menos el primer capítulo no cumplió con el objetivo básico de enganche que tienen los estrenos: capturar a la audiencia. 8 puntos de rating. Por lo regular en el capítulo inaugural la empresa televisiva echa la casa por la ventana y busca el impacto con un derroche económico que se percibe en la producción. Escenas en exteriores, varias e impactantes locaciones, distintas ciudades, países incluso, tomas aéreas, fotografía excelsa, extras por montones, montaje con espectacularidad y efectos especiales, si fuesen necesarios. Pero un falso y apocado Carnaval de Barranquilla, con un poco menos aceptable Centro Comercial en Bogotá, fueron los escenarios donde comenzó a desarrollarse una historia que vendieron con el éxito de una producción pasada: “De los mismos creadores de El man es Germán…”.

               Valga antes de emitir cualquier juicio sobre las probabilidades de éxito de La Playita, que el de El man es Germán estuvo más dado por el personaje que por la producción. En el público caló este punketo inocente y sentimental, que también era una caricatura, pero logró llegarle a la teleaudiencia porque se trabajó a la inversa. La cautivó -y también a las empresas y entidades e instituciones que lo buscaron como figura publicitaria- porque ver a quien se autoproclamaba como un macho Alfa, regirse por principios y valores que le son contrarios al personaje que interpretaba, era algo diferente. Si la estrategia hubiera sido exagerar la actitud y personalidad de quienes con peinados y ropa estrafalaria, taches, cadenas y violencia, se convierten en temerarios actores sociales, la comedia no habría funcionado.

               Pero en La Playita la caricatura refuerza y se fortalece con clichés amañados y la percepción centralista de Bogotá que todo lo que no sea capitalino lo ve como periferia y todo cuanto no ocurra en el norte de la sabana lo percibe como vulgar y populachero. El típico cachaco -demos por caso en Dr. Pardito de Don Chinche– está prácticamente extinto. Ya quedan apenas vestigios, unos pocos ancianos congelados en el tiempo, la moda y los principios moralistas determinados por los partidos políticos. De ahí que el arquetipo Costeño vs. Cachaco que puede aún operar para la capital, no opere en su totalidad para el resto de Colombia. La estrategia no es nueva y varias producciones han hecho acopio de esta rivalidad. La costeña y el cachaco, la más evidente, Dónde carajos está Umaña, la más increíble; Bazurto, bailando con el enemigo, las más reciente; y muchas otras (Chepe Fortuna, Oye BonitaRafael Orozco: el ídolo, Gallito Ramirez, Calamar y hasta Escalona, etc.) donde buena parte de la apuesta del melodrama fue dicha oposición.

               Con unos personajes, claramente definidos eso sí, esta nueva producción de RCN no pasa de ser otra novela que en la misma línea de medianía de las anteriores termina por calificarse (o descalificarse) con un término tan peyorativo como acertado: “corroncha”. Con una exagerada acentuación de la jerga, con mucho color y mucho ruido, y con una particularidad adicional, la arremetida física en contra del protagonista como elemento humorístico. La maizena en la cara, la caída desde la tarima, el puñetazo, la caída del asiento, de una parte del techo. Falta el pastel en la cara y listo, los payasos. Acaso lo único diferente y rescatable sea el diseño gráfico (infografía) que tiene como eje la nevera -que es como muchos colombianos, costeños y de otros lugares, llaman a Bogotá- y cuya función primordial es operar como cortina entre las escenas. Una novedad tecnológica, nada más.

               No va la televisión colombina por buen camino en términos de producciones de humor o de entretenimiento para la familia. No son buenas las alternativas para reemplazar pistolas y tetas, narcos y prostitutas, muertos y heridos. La Playita es una producción barata y pobre. Barata por los espacios, los libretos y las microhistorias; y pobre por las actuaciones, las escenografías y la historia central. Sobreactuaciones de lado y lado, de parte de los costeños y de los cachacos. Más de lo mismo, pero peor.

               Sin un argumento que se soporte en el principio básico de los  guiones de la comedia, que hace reír a partir de los desenlaces más insólitos ante las cuestiones más cotidianas, La Playita lo ancla todo en la exageración, ese es su principal insumo. Muestra exageradamente una idiosincrasia costeña que se asume desde los cachacos como un cúmulo de defectos, pero hasta el momento no se percibe otra intención narrativa o audiovisual en el producto. El lugar de enunciación del humor es la ficción, es cierto, pero una propuesta audiovisual debe ser ante todo verosímil. Y La Playita es una pésima caricatura de un estereotipo televisivo desgatado. Nada allí es creíble. Bogotá debe atender que el país ha cambiado.

               Si el poder y el tener se tragan al ser humano y al televisivo en las producciones violentas, la ordinariez y la ponderación hacen lo propio en las comedias y el humor, con mucha frecuencia y mayor intensidad.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

2 × dos =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Avenida Brasil   Protestó un conato de sindicato de actores que existe en Colombia por la llegada a la televisión nacional de la serie brasilera Avenida Brasil. Pusieron el grito en el cielo, o mejor, en la red. Con trinos y comentarios se hicieron sentir. Se pronunciaron. Patalearon. Fue poco menos que una escaramuza …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Avenida Brasil

 

Protestó un conato de sindicato de actores que existe en Colombia por la llegada a la televisión nacional de la serie brasilera Avenida Brasil. Pusieron el grito en el cielo, o mejor, en la red. Con trinos y comentarios se hicieron sentir. Se pronunciaron. Patalearon. Fue poco menos que una escaramuza que no pasó a mayores, y es lógico, si fueran más serios y coherentes deberían haberse pronunciado hace muchos años cuando las productoras nacionales comenzaron a importar exitosos enlatados gringos y las no menos rentables, lacrimógenas producciones mexicanas y venezolanas, tan bien parodiadas como “telebobelas”.

               El hombre nuclear, La mujer biónica, Los magníficos, McGiver, El auto fantástico, Guardianes de la bahía, Los años maravillosos, Blanco y Negro, Alf, Tres son compañía, El príncipe del rap, Miami Vice, La Calles de San Francisco, Kojak, Beverly Hills 90210 yEl Astuto, entre muchas otras, eran extranjeras ytodavía hoy se trasmiten en algunas pantallas regionales y una nacional donde Jorge Barón es el rey del pasado. Y qué decir de Plaza Sésamo, toda la saga de Chespirito, toda la de telenovelas y un etcétera tan largo que no cabría en ésta, ni en ninguna otra columna. También extranjeras y también en horarios privilegiados y nadie protestaba. Casos más recientes como Hannibal, C.S.I., Sex and the city, Two and a Half Men o Lost,confirman lo anterior.

                Pero por qué protestaron contra Avenida Brasil. Sencillo, porque es buena. La historia central, las historias secundarias que son paralelas y -de manera muy singular- autónomas e interdependientes, con relación a la historia principal. No en vano ha sido vendida a 125 países y traducida a 25 idiomas. Quienes protestaron deberían pensar en el panorama de la televisión colombiana en el exterior. En cómo se vendió Betty la fea, en cómo se comercializó El Capo, I, II y III, en cómo se exprimieron versiones de Sin tetas no hay paraíso, en cómo se llevó de la televisión al cine El cartel de los sapos, y en la cantidad de actores, productores y directores que hoy trabajan en los países de donde antes importábamos televisión. Amén de la incursión -tímida aún debe reconocerse- en canales latinos de los Estados Unidos y en la meca de Hollywood.

                Avenida Brasil, emitida desde el 26 de marzo al 19 de octubre de 2012 en el gigante suramericano, ha sido considerada por la revista Forbes como la telenovela más rentable de la televisión en el mundo. Su metáfora es una maravilla. Una avenida que atraviesa un país. No ocurre en una ciudad, sucede en una nación. Una calle principal y muchas subsidiarias. Una vía que recoge toda su idiosincrasia. Una historia que encierra muchas historias. La magnificencia y la pobreza. El fútbol y la pasión. El sexo y la familia. Las relaciones entre personas de diferentes etnias y edades. Y en el fondo, como colofón, una estructura que se soporta en una estrategia narrativa clásica: la venganza y la crueldad de una madrastra. El drama de Rita que ve cómo Carminha está con su padre solo por interés económico. El hombre muere y ha vendido su casa. Esconde el dinero y la arpía lo descubre. Lo toma y entrega entonces a la pequeña en adopción a unos extranjeros, para deshacerse de ella.

                Si es tan clásico el argumento, de dónde viene el éxito, de la puesta en escena. Eso incluye, por supuesto, trabajo en exteriores, buenas caracterizaciones, impecable actuación y montaje cinematográfico. La televisión brasilera, que tiene amplio respaldo histórico con una literatura y un cine consolidados, y un teatro maduro que solidificó sus bases, se ha atrevido a romper los esquemas lineales de la telenovela latina. El melodrama tradicional en el continente se mueve entre dos opuestos y una solitaria opción de desenlace: un rico y una pobre, una ciega y un galán, una familia pudiente y otra paupérrima, que después de muchas vicisitudes -y capítulos- logra la unión rosa a pesar de todas las adversidades. Final feliz de dos.

                Avenida Brasil es una aventura de la clase media brasilera -y por extensión y afinidades, latinoamericana- cada día. Con personajes que gravitan en un universo propio, que giran en torno de un satélite mayor pero lo hacen con luz propia, que en suma, quiebran los arquetipos de la narración y los estereotipos de la actuación. Un éxito del que no deberíamos aterrarnos, sino tomar su ejemplo. Otra cosa es que a los actores brasileros -en toda Latinoamérica- sus colegas les cobren que su sindicato no deja que en su país se emitan prodiciones extranjera en horario prime time. Otra buena idea para pensar.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

doce − 9 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Petro: ¡Buen primor!   A Noel Petro, el primo de Gustavo Petro el destituido alcalde Bogotá, lo hicieron famoso tres cosas: mezclar canto y toreo, gritar en las presentaciones ¡Mamá, estoy triunfando!, y cortarse la orejas para agradarle a la más rutilante cantante de la época, Claudia de Colombia, nacida en uno de los …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Petro: ¡Buen primor!

 

A Noel Petro, el primo de Gustavo Petro el destituido alcalde Bogotá, lo hicieron famoso tres cosas: mezclar canto y toreo, gritar en las presentaciones ¡Mamá, estoy triunfando!, y cortarse la orejas para agradarle a la más rutilante cantante de la época, Claudia de Colombia, nacida en uno de los barrios más humildes de Bogotá, Las Cruces, aunque nunca quiso reconocerlo. Y su sobrino también tiene un trípode que sostiene su reconocimiento social. Su paso por el M-19 y la cárcel, que mezcló militancia y clandestinidad; sus 15 años de vida parlamentaria en los que les gritó la madre a las élites, llevó a algunos a la cárcel y triunfó varias veces como mejor senador; y una inteligencia tan reconocida como su soberbia, que sin duda debería recortarse. Ayer el procurador Alejandro Ordoñez lo destituyó e inhabilitó por 15 años y el país escuchó por primera vez un nombre que suena delicado: ¡Los indignados! 

                Acaso sus contradictores políticos quisieran oír de nuevo -pero en la voz de Gustavo- la primera estrofa de la legendaria canción Cabeza de hacha que hiciera famoso a su primo: Ya me voy de esta tierra y adiós, buscando yerba de olvido olvidarte. A ver si con esta ausencia pudiera, en relación a otros tiempos olvidarte. Pero no, en una frase que ningún medio ha recogido, Petro dijo que se quedará en la Alcaldía de Bogotá hasta que el pueblo lo quiera. Compleja advertencia que encierra muchas cosas, pero solo para citar lo evidente, un desacato a la ley. Al tiempo, llamaba a la protesta pacífica a más de 40 mil personas congregadas en la Plaza de Bolívar de Bogotá, que lo arengaron a él y al procurador, con obvias diferencias, y de la que aún no se sabe cuáles serán sus consecuencias.

                Lo que sí parece haber cantado anoche Gustavo Petro desde el balcón del Palacio de Liévano y con el óleo de Antonio Nariño como escudero, es la segunda estrofa de la canción en cuestión: He vivido soportando martirios, jamás debo de mostrarme cobarde, arrastrando esta cadena tan fuerte, hasta que mi triste vida se acabe. Fue perseguido, encarcelado y torturado por el establecimiento cuando hizo parte del M-19. Luego se acogió a los preceptos democráticos del único proceso de paz estable que hasta el momento se ha firmado en Colombia. Arrastra la pesada cadena de la izquierda que aun rebautizándose democrática, le resulta incómoda al poder tradicional y hegemónico.

                 Hubo destitución es cierto, y creo que será irreversible, pero no muerte política. No por ahora. No creo, este tipo de adversidades enconan a los líderes, los impulsan, alteran el panorama político y sin duda, matizarán las próximas jornadas electorales. Ya hay varios ojos internacionales cernidos sobre la nación. Ahora bien, si nada pasara en los próximos tres lustros -lo que es poco probable-, una simple especulación. Petro tiene 53 años, más 15 de inhabilidad, estaría habilitado de nuevo a los 68 años. No es una edad de retiro para los políticos, que no tienen en su diccionario la palabra jubilación, pero como estaba de moda Mandela justo en la época de su destitución, no faltará el que evoque y compare 15 con 27 y postule a Petro para el Nobel de Paz… Recordando aquel proverbio que dice, más vale tarde que nunca compadre. O a Angelino, que lideró la comitiva que asistió a Suráfrica a los funerales de estado de Madiba, y que por suerte no debimos escuchar pronunciándose en caliente frente al suceso.      

                Desde que estudiaba en el colegio La Salle de Zipaquirá, el mismo en el que estudió Gabriel García Márquez, Gustavo Petro mostró simpatías por las ideas de la izquierda. Ayer hizo un llamado para que en todas las Plazas de Bolívar de Colombia, la gente saliera a manifestar su indignación. En una hora estaba llena la de Bogotá, pero no se registran concentraciones en ninguna otra de la nación. En Colombia por iniciativa de la Sociedad Bolivariana se dispuso mediante el artículo 3º de la Ley 89 de 1925, que todas las ciudades con más de 20.000 habitantes, tuvieran una estatua de Simón Bolívar. La moda trascendió la norma y casi no hay ninguno de los 1.123 que no tenga una, pero dudo que movilización desborde Soacha o los límites de Andrés Carne de Res. Aunque sucedan.   

                Bogotá es, además de todos los calificativos que la definen, la capital del centralismo colombiano. La destitución de Gustavo Petro no llegará a la periferia y se quedará en los límites del epicentro del voto de opinión nacional. Es cierto que allí ocurrió El Bogotazo, que irrigó se sangre la nación, pero no fue por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, fue por el aprovechamiento político o politiquero que de él hicieron una caterva de prohombres del bipartidismo nacional que azuzaron una masa ignorante y desinformada a odiar y asesinar, como escribiera Arnulfo Briceño, a quien fue su buen vecino, todo por eso malditos politiqueros de oficio. Con todo y el caudillismo incipiente de Petro -que es apenas cauda electoral-, la inconsistencia jurídica de revolver faltas de corrupción y disciplinarias, administrativas y procedimentales, no creo que este nuevo escándalo -soslayado por los grandes poderes mediáticos- trascienda en la nación. 

                El mundo ha cambiado es cierto, pero todo sigue igual o peor. Las guerras del siglo XX que pretendían transformarlo, ahora solo quieren la captura de la riqueza. Dos siglos de guerras civiles permanentes en Colombia dejaron un índice Gini rural de 0,85 casi uno, que es la concentración casi total de la tierra en pocas manos. El Informe Nacional Basta Ya registra que los desplazados en Colombia, solo entre 1997 y 2012, alcanzarían para conformar una ciudad que sería la segunda del país, detrás de Bogotá con casi seis millones habitantes. La capital del país, cuyo presupuesto es más alto que el de muchos países de Latinoamérica, es el segundo cargo más importante del país, y sin duda, un trampolín para la presidencia de la república. Eso lo saben todos los primos, los Nule, los Santos, los Moreno, los Pastrana, los Uribe, los López, los Petro… ¡Buen primor!, pero esa es nuestra suerte.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

catorce − 8 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Cali calabozo   Ahora resulta que como le salieron tantos detractores al Plan desarme en Cali, la solución a la creciente ola de violencia en la ciudad fue militarizar algunos barrios. Los de siempre valga decir, los estigmatizados, aquellos ubicados en comunas donde operan casi todas las formas de delincuencia es cierto, pero que …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Cali calabozo

 

Ahora resulta que como le salieron tantos detractores al Plan desarme en Cali, la solución a la creciente ola de violencia en la ciudad fue militarizar algunos barrios. Los de siempre valga decir, los estigmatizados, aquellos ubicados en comunas donde operan casi todas las formas de delincuencia es cierto, pero que no son los responsables de las masacres y vendettas entre grupos de delincuencia organizada que tienen a la capital del Valle catalogada como la ciudad más peligrosa de Colombia y una de las más peligrosas de Latinoamérica. Tal vez allí radica uno de los errores más frecuentes de los gobiernos en su “lucha” contra la violencia. Primero, en que toda la política al respecto se diseña con base en la simple represión; y segundo, en que su lucha frontal es lateral y su estrategia equivocada.

                Se asume como un imposible erradicar la violencia, entonces se habla de reducir sus índices. El problema es despachado como una cuestión contable y no conceptual, y a partir de allí, cualquier maniobra está condenada al fracaso. Demos por caso la forma como se combate el que ahora es llamado el “microtráfico”, que no es otra cosa que un eufemismo letal para disimular que pasamos de exportadores a consumidores sin que el estado, la sociedad, la familia, la escuela o iglesia, hicieran absolutamente nada. Cali se puede “soplar” en un fin de semana un cuarto de tonelada de bazuco. 250 kilos que se distribuyen a la vista de todo el mundo. Baste recorrer unas de las “ollas” o unos de los dominios de las 35 bandas que según la policía manejan el negocio. Bandas de delincuentes a la que les llaman “oficinas” y a las vertiginosas e intensas disputas entre ellas, “calentaos”.

                La masacre en el bar de la calle 44 con carrera 27, en el barrio Sindical, en el nororiente de Cali donde murieron nueves personas, cinco de ellas por el solo hecho de estar en el lugar, ha cumplido su tarea mediática de exponer un problema que entre enero y noviembre pasado registra 1.768 homicidios. Y que en ese mismo período de 2012 contabilizó 1.555 muertes violentas, lo que representa según la policía un incremento del 14%. Un porcentaje, una cifra, una fría y melancólica estadística. Nada más. Deberíamos entonces estar tranquilos si el número de muertos fuera el mismo, si hubiese bajado en un 5 o 15%. Si no se hubieran incautado kilos sino toneladas coca, gramos de marihuana o libras de bazuco. Seguimos buscando el ahogado río arriba.

                El problema de la violencia en Cali es estructural. No es solo hambre, no son solo las necesidades básicas insatisfechas, no es la marginalidad y la exclusión, o la falta de oportunidades lo que empuja hordas de jóvenes a la delincuencia. No. Es un problema estructural donde la ambición, la codicia, la envidia, el resentimiento y el lujo, aupados con licor, drogas, sexo, y esa proclividad humana a ser “don alguien” con dinero, llevan a cientos de “don nadie” al mundo de la presunción, de la “chicanería” y el consumismo para reconocerse y ser reconocido. La buena “percha”, el buen “fierro”, el buen “culo”, el buen “motor” y los buenos “telllos”, son la ropa, el arma de fuego, la pareja, la moto o el carro y las botellas de licor en medio de este derrumbe.

                El Gobierno Municipal insiste en desarmar a los ciudadanos y vuelve sobre el discurso aquel de la estadística y las probabilidades. Que si una persona tiene un arma existen ocho veces más posibilidades de que mate a otro. Cómo logran establecer la precisión del ocho, no sé, pero intuyo que la conclusión es de una obviedad obtusa. Pues claro, equivaldría a concluir por ejemplo que existen ocho veces más posibilidades de desayunar, almorzar y comer si usted no es indigente; o que existen ocho posibilidades más de que usted sufra un accidente de tránsito si tiene y maneja carro; o que existen ocho posibilidades más de que usted se tome un trago si en la esquina de su casa hay un bar; o cualquier otra estupidez que zanja la estadística cuando se acaban los argumentos. La delincuencia nunca se desarma. Otra cosa sería que los organismos del Estado sean conscientes y tengan información de la que yo carezco, y sepan que sus integrantes en sus “ratos libres” hacen “paseos millonarios”, atracan bancos, roban transeúntes y “acuestan” ciudadanos, todo esto con armas amparadas.

                Llegó el ejército a ciertas comunas y los ciudadanos cantan en coro que les parece bien porque a la policía ya nadie le cree, ni la respeta. Hacen rondas, cobran “impuesto”, reciben “comisión”, y azaran cuando no están “arreglados”. Es la ley de la calle y la aplican con complacencia policías y ladrones. Parecieran cantar la estrofa de Carlos Puebla: “Y seguir de modo cruel, la costumbre del delito”. Todos parecieran cantar lo que ya está cantado, que la represión es la única política, que sin bandas no hay trabajo para los policías, que a la vista de todos está la delincuencia, que la economía va bien pero el país mal hace mucho, que la economía del narcotráfico lo ha permeado todo desde siempre y que los balances financieros del Estado-nación serían terribles sin la ayuda de los dineros ensangrentados de los señores empresarios de alto riesgo. Vuelve a sonar Puebla: “Aquí pensaban seguir diciendo que los rateros, forajidos, bandoleros, asolaban al país”. Es la historia de un pueblo “torcido”.  

                Y se hacen retenes y se requisa y se pescan incautos y en presurosos operativos se capturan intermediarios, pero la delincuencia sigue su camino. El control de un buen negocio jamás quedará huérfano, nadie abandona una “ruta”, una “línea”, un punto de distribución rentable se defiende a bala. Y cada que cae un bandido, hay diez que quieren ocupar su lugar. No importa si cayó en la cárcel o en el cementerio. Obedece al reacomodamiento de esta estructura criminal, recitan los comandantes ante los micrófonos de los “miedos de comunicación”. ¿Si saben dónde están, quiénes son y qué hacen, por qué no se hace nada?

                Que alguien investigue los moteles, en Cali hay casi 400, y está de moda entre los “gatos” irse con unas “bandidas” a esperar que baje la “calentura” después de alguna “vuelta”. Tres días, una semana o lo que se necesite, de derroche tranquilo. Comen, beben, fuman, fornican y duermen sin que nadie los moleste.

Es extraordinaria esta Cali calabozo.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

veinte − 16 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Puerto Gaitán y la sombra petrolera Relato de un viaje al ombligo de Colombia que trascendió   En Puerto Gaitán todo es grande, portentoso, inmenso. El arco de entrada, la biblioteca, el Malecón, el río Manacacías, el Yucao, el Meta, los puentes. Las regalías del petróleo, las toninas, el enjambre de motocarros, de camionetas …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Puerto Gaitán y la sombra petrolera

Relato de un viaje al ombligo de Colombia que trascendió

 

En Puerto Gaitán todo es grande, portentoso, inmenso. El arco de entrada, la biblioteca, el Malecón, el río Manacacías, el Yucao, el Meta, los puentes. Las regalías del petróleo, las toninas, el enjambre de motocarros, de camionetas Toyota 4×4 blancas doblecabina, de tractomulas de todos los colores, de carrotanques. De hoteles, de restaurantes, de ventas de todo, de colombianos de todas partes que trabajan con Pacific Rubiales Energy. Las nubes de polvo rojizo que todo lo cubren, los planchones, las barcazas, los plátanos, los pescados, las cachamas. La manga de coleo, las haciendas, el domo en honor a Juan Pablo II, los buses de Transportes Macarena. El Parque Guadalupe Salcedo, el recuerdo de Guadalupe Salcedo, de Dumar Aljure, de Eliseo Velásquez, de todos los llaneros que resistieron con pistola al cinto y sobre un caballo, los embates de la violencia partidista de los años cincuenta y sin cuenta. El cementerio, el estadio que se construye, el kiosco a medio terminar diseñado por el zar de la guadua, el arquitecto Simón Vélez, el recuerdo de otro zar, Víctor Carranza, las alusiones a las esmeraldas de la catedral María madre de la Iglesia, y claro, la extensión del municipio, el más grande de los 29 del Meta y el cuarto más grande de Colombia.

                Todo es extraordinario. La historia, el paisaje, la riqueza del subsuelo, los precios, su Festival de Verano, la corrupción y el dominio arrollador del billete. En puerto Gaitán el alquiler de una pieza puede valer $300 mil pesos, de un apartamento un millón quinientos. Solo desembarrar un tractomula $25 mil y lavar una camioneta $40. Un almuerzo corriente $10 mil y lo que cobra una prostituta depende del cargo del cliente en la petrolera. El imponente arco en la entrada del pueblo, que se mueve entre lo majestuoso, lo folclórico y lo kitsch, costó 1.800 millones de pesos señalan los lugareños. En el parque Jorge Eliécer Gaitán -que visitó el lugar en 1947- una emblemática estatua del caudillo con su brazo derecho alzado, su mano empuñada y el gesto del grito vociferante de su oratoria, se pierde entre las ventas de tinto y el bramido reiterado de los ayudantes de los buses que anuncian: ¡Villabo, Villabo, Villabo! La capital está a 191 kilómetros y se deben pagar dos peajes, que para vehículos pequeños cuesta $3.200 pesos, tal vez lo único barato en la región. Aunque la producción en los pozos perforados hasta el momento en el municipio está cercana a los 10 mil barriles diarios (las reservas se aproximan a los 2.500 millones de barriles), la gasolina y el diésel son más caros que en la capital de la república. Acaso sea ésa, el tamaño del pueblo y sus cien kilómetros por galón, las razones para que se hayan popularizado las motocarros Bajaj RE. Hay 322 de ellas rodando en el pueblo, blancas también, con una tarifa única de $3.000 pesos, como en alusión a sus tres ruedas y tres pasajeros. Son a ocho millones y allá valen $14. Es la sombra de la mancha negra.

                Hace poco más de una década el municipio -que se llamó primero Majagüillal, por la abundancia de un árbol llamado majagüillo o majagua, y luego Manacacías, en honor al río-, comenzó a ver que los caporales, vaqueros y peones, daban paso a los ingenieros, topógrafos y choferes. El negocio del ganado, de las plumas y de los peces ornamentales, se diluía entre la espesura del oro negro. A la región llegaron las compañías petroleras y con ellas, ese concepto de progreso que como un espejismo lo embellece todo, mientras lo exprime y deja luego una naturaleza y una economía devastadas. El 90% de los recursos de Puerto Gaitán proviene del petróleo, pero las cuentas nunca cuadran. Aunque las regalías anuales alcanzan los 96.000 millones de pesos, el presupuesto del municipio para el 2014 se ha estimado en 58.000 millones y será aprobado el 30 de noviembre de este año sin mayores dilaciones. El récord se alcanzó en 2010, ese año recibió 110 mil millones de pesos. A 31 de diciembre de 2011 había recibido una cifra superior a los 430 mil millones de pesos, desde que en 2001 llegó la plata a raudales.

                Es cuestión de números. Según el Censo General de la Nación de 2005 Puerto Gaitán cuenta con 17.310 habitantes, pero el censo electoral registra 17.545 votantes. Lo cierto es que con la población flotante puede alcanzar las 40.000 almas. El anzuelo infatigable del petróleo se ha convertido también en arpón de la politiquería, de la codicia, y carnada de los corruptos. Fue territorio paramilitar de Los Carranceros y todavía impera la ley del silencio.

                Hace poco, en marzo, Especiales Pirry, hizo un programa de televisión que denominó “Oro negro, la feria de los millones”. Un trabajo periodístico que concluyó, sin llegar a profundizar demasiado, que no se ve el dinero de las regalías y que la población se está muriendo de hambre y sed. La realidad no es tal, es cierto que la mayoría de esos dineros van a parar a las barrigas de los peces gordos del negocio, es decir, los gobernantes locales y los empresarios nacionales y extranjeros, pero no hay indigencia en Puerto Gaitán. No hay pordioseros, ni mendigos, tampoco ladrones o atracos callejeros, y menos cinturones de miseria. Lo que hay es una evidente descompensación entre el dinero público y las obras, las regalías y el bienestar de los ciudadanos, entre el petróleo y el progreso. Todavía mueren niños Sikuani por desnutrición y que nunca han visto ni siquiera una letrina. Vale más la muerte de una gallina, de un perro o de una vaca arrollada por algún vehículo de los petroleros. En su orden: 400 mil, entre uno y tres millones, y hasta diez millones ha pagadoPacific por estos accidentes. No cabe duda, la codicia es contagiosa; y los indígenas, todavía considerados una plaga.

                Es el problema de una economía inflada por la nueva bonanza que deja fuera a quien se gane un sueldo normal, pues sale del mercado quien no se meta en su ruleta de excesos y depredación. Todos quieren trabajar con Pacific y nadie en el pueblo está al margen de esa relación. En la cantina, en el hotel, en la residencia, en la lavandería, en el restaurante, en el prostíbulo, en el casino, en el billar, en el almacén, en el taller, en la carnicería, en la tienda, en el supermercado, en cualquier negocio la dependencia con el petróleo es indivisible. Hay cinco entidades bancarias y la sensación en el ambiente de que siguen siendo pobres los habitantes de los municipios que podrían enriquecerse con las regalías.

                Bañado por inmensos ríos e innumerables caños, en Puerto Gaitán el agua no es potable y el acueducto que se inauguró en 1970, cuando fue erigido municipio, no ha dejado de construirse nunca. Hace apenas once años -desde el 10 de agosto de 2002 cuando se encendió el primer bombillo con energía proveniente del Sistema Eléctrico Interconectado Nacional-, hay energía eléctrica permanente y aunque el 100% de su población está en el Régimen Subsidiado en Salud, su hospital es un fiasco, otro imperio del ibuprofeno. Se me olvidaba, nadie en Puerto Gaitán pudo ver el programa de Pirry, ese día extrañamente se fue la energía. Los portogaitanenses aseguran que fue una orden del alcalde.

                 Yo tampoco pude ver del todo pero a los delfines de agua dulce más grandes del mundo, los bufeos o toninas. Embarcaciones que cobran entre 80 y 120 mil pesos llevan turistas a uno de los lugares más paradisiacos que ojos humanos hayan visto: Las Delicias. La triada donde unen sus aguas el Yucao, el Manacacías y el Meta. Un mar de agua dulce, un arrebato de la naturaleza que está a 149 metros de altura sobre el nivel del mar, una confluencia de matices que, parafraseando a Arnulfo Briceño, es un embrujo sinigual. No es el azul del cielo el que se confunde con su suelo en la inmensa lejanía, son los colores de tres aguas donde coquetea medroso el delfín de la cuenca amazónica. Es rosado, gris o plateado, pues su coloración varía con la edad, la claridad el agua y la intensidad el sol. Se asoma y se sumerge como si supiera que de su espectáculo fugaz depende el sustento del timonel de la lancha voladora y de su familia.

                Así fue el viaje a Puerto Gaitán. Una visita al Alto de Menegua que se prolongó. Al centro geográfico de Colombia, al lugar donde un obelisco con predominio terracota se levanta solemne sobre las primeras planicies de los Llanos Orientales. Un punto cercano a Puerto López, el lugar desde donde el rio Meta es navegable. Es extraña la sensación de estar parado en el punto donde  se cruzan dos líneas imaginarias, una vertical y otra horizontal, que parten a Colombia en cuatro tajadas. Se tiene allí la certeza de que desconocemos dos cuartas parte de la nación, de nuestro territorio, que ahora en manos de multinacionales vuelve a ser mirado como tierra de promisión y riqueza. Así ha sido siempre, desde los jesuitas hasta los narcotraficantes, pasando por las guerrillas, los paramilitares y el Estado, que solo en 1973 tendió puentes sobre sus ríos.

                Al lado de la vía cultivos de palma, pino, caucho y caña de azúcar. En la superficie son leyenda los hatos: Caviona, Bramaderos, Guaramaco, Cimarrón o Carimagua, que son hoy cientos de fincas y algunos escándalos. Y en el subsuelo la riqueza no renovable. Se empobrecen sus entrañas y, quién lo creyera, sus comunidades nativas. Son historia los chigüiros, las dantas, los cachicamos y los morichales. La faenas de pesca y vaquería. Puerto Gaitán con 81 años, 17.499 km², sus nueve resguardos indígenas, sus diez inspecciones y sus inmensas posibilidades, se debate entre el presente económico exuberante y mal distribuido, y su futuro árido e infecundo, ecológica y socialmente. Aunque en Colombia nunca se sabe, siempre sobrevienen nuevas bonanzas.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

4 × 4 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Sal y picón   Al mejor estilo del inigualable y siempre vituperado “Poncho” Rentería me permitiré hacer un salpicón de esta acaso columna que el Noticiero 90 Minutos me admite publicar. Echaré sal sobre algunas heridas y picaré el lomo de algunos embravecidos. Palazo de Justicia. Coincidió este año el día en el que hace 28 …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Sal y picón

 

Al mejor estilo del inigualable y siempre vituperado “Poncho” Rentería me permitiré hacer un salpicón de esta acaso columna que el Noticiero 90 Minutos me admite publicar. Echaré sal sobre algunas heridas y picaré el lomo de algunos embravecidos.

Palazo de Justicia. Coincidió este año el día en el que hace 28 una Operación se convirtió en Holocausto. Era miércoles y la Operación Antonio Nariño bautizada así por el M-19 dizque en homenaje a los Derechos del Hombre, luego de 28 horas de sangre y fuego, se transfiguró el jueves en el Holocausto del Palacio de Justicia. Tanta tinta -como sangre corrió ese día- se ha vertido sobre el asunto y lo único que hasta ahora es cierto, es que fueron tan sanguinarios los guerrilleros que lideraron la toma, como los militares que intentaron la retoma. En todo este tiempo la verdad a veces se asoma y la justicia, apaleada una y otra vez, vuelve y la hunde con su balanza descompensada y su ceguera discrecional. Basta mirar en YouTube el video revelado en 2007 por Noticias Uno que registra la salida del magistrado auxiliar Carlos Horacio Urán Rojas del Palacio de Justicia. Estaba herido, pero salió caminando. Un día más tarde se le encontraría muerto dentro del recinto con una bala 9 milímetros en la cabeza, disparada a contacto.

Ay…rmero. Luego de la masacre humana del Palacio que dejó 98 muertos y once personas desaparecidas (hoy diez, pues la justicia solo ha podido comprobar que el cadáver de la empleada de la cafetería Ana Rosa Castiblanco fue hallado en una fosa común), la naturaleza obró y seis días después arrojó sobre la población tolimense con mayor actividad económica en ese momento, 200 millones de metros cúbicos de lodo hirviente que acabaron con 25.000 almas, en dos cifras que siguen siendo aproximadas. Una avalancha cuya sola masa de dióxido de azufre fue de 700.000 toneladas, alcanzó los 30 metros de profundidad, 60 metros de ancho, se movía a 12 metros por segundo y duró casi veinte minutos. Las pérdidas fueron estimadas en 7.000 millones de dólares, una quinta parte del PIB del país en 1985 y el dato más escalofriante: pudo haberse evitado, pero intereses económicos y un Estado negligente y holgazán inscribieron la tragedia como la segunda erupción volcánica más mortífera del siglo XX.

El falsete de oro. Legendaria fue la facilidad que tuvo el mexicano Miguel Aceves Mejía para alcanzar notas agudas y prolongarlas. Dejaba sin aire sus pulmones y de paso a sus seguidoras. Pero esa técnica vocal comparada con la frialdad del sastre pastuso Luis Abel Delgado para enredar a todo un país con sus hilos de mentira, es una puntada -con dedal de plata incluido- que llegó hasta el Vaticano y desde allá nos la devolvieron convertida en fraude. Este hombre, de apariencia sumisa, se sumó al escándalo generado por el profesor Rodrigo Bernal en torno de la verdadera dimensión del científico Raúl Cuero. Tras una rigurosa investigación, Bernal demostró con pruebas que el periodismo nacional infló los alcances del cerebro bonaverense. En el caso del misericordioso Abel, algunas fotos le bastaron para que Colombia le creyera lo que confesaba con susurros a media voz y una tarjeta de presentación: ser el sastre oficial del Papa. Los periodistas Gildardo Arango y Eduardo Manzano, entrañables colegas, debatieron en torno del caso en el programa radial La U FM y llegaron a una conclusión a la que adhiero: es cierto que regla de oro del periodismo es confirmar, pero no lo es menos que la buena fe escasea. Y añado, si cada reportero debiera confirmar cada uno de los testimonios que recoge, los noticieros tendrían una sola noticia por emisión. A los periodistas, sin embargo, no los cobija la misma premisa.

El da guerra tipo. Bien medida fue la intención de don Louis Daguerre cuando anunció y difundió las experiencias fotográficas inéditas de Joseph-Nicéphore Niépce compradas al hijo de este último: llevarse todos los honores. Lo mismo pudo haber pensado el celebérrimo (no confundir con El Ubérrimo) ex presidente Álvaro Uribe Vélez al publicar la foto donde algunos miembros de las Farc pasean en una embarcación por los alrededores de la Cuba. Y si bien algunos prohombres de la patria se han pronunciado ofuscados ante tamaña indignación, la cuestión es intrascendente y no debe desviar la atención sobre lo fundamental. Asegurar que los jefes de las Farc viven como reyes mientras los guerrilleros aguantan hambre y persecuciones, es desconocer que igual pasa con los generales y los soldados de la patria, o con los gobernantes y sus gobernados. Es así de simple, la jerarquía otorga privilegios, incluso entre los animales. Los gastos del equipo negociador de las Farc en la isla corren por cuenta de ese gobierno y no del colombiano. Entonces si algo debe criticársele a la foto, es la ropa tan inadecuada con la que disfrutan de su descanso, pues salvo Laura Villa, Iván Márquez, Jesús Santrich y Andrés París, parecen sacados de la manigua y puestos en el catamarán.

Alias El Mejicano. Insisto, RCN se está sacudiendo del dominio de CARACOL en las narco-novelas y lo está haciendo con base en una estrategia tan vieja como efectiva. A la mezcla de realidad y ficción en medidas dosis, añade un ingrediente adicional, especiales periodísticos que si no ratifican por lo menos comunican la idea de una investigación exhaustiva para la construcción de sus historias, además de inscribirse en una corriente poscolonial que por suerte está de moda: contar desde las víctimas. No lo hacen del todo es cierto, pero por algo se comienza.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

ocho + 4 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Lección de periodismo   En otra prueba del desafortunado momento por el que atraviesa el periodismo colombiano desde que la investigación abandonó su ejercicio, las nuevas tecnologías impusieron una nueva concepción de la realidad y la búsqueda de información se hace desde un escritorio-cuando se hace-, los cuestionamientos hechos por el profesor Rodrigo Bernal …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Lección de periodismo

 

En otra prueba del desafortunado momento por el que atraviesa el periodismo colombiano desde que la investigación abandonó su ejercicio, las nuevas tecnologías impusieron una nueva concepción de la realidad y la búsqueda de información se hace desde un escritorio-cuando se hace-, los cuestionamientos hechos por el profesor Rodrigo Bernal a la dimensión real del científico colombiano Raúl Cuero, son una excelente lección de periodismo que ni los medios, ni las facultades que se precian de enseñarlo, deberían desaprovechar para reflexionar en torno del oficio y salvar algo de la dignidad que aún le queda a la profesión.

                No queda mal el profesor Bernal por haber averiguado, examinado, contrastado y publicado información; y tampoco el doctor Cuero, que ha dado las explicaciones de rigor. Queda mal el periodismo nacional y seguirá quedando si no reconoce que su ligereza, su tendencia a inflar la información para hacerla más atractiva, su predisposición a la réplica de datos sin confirmar, a dejarse llevar por la corriente de lo que está en boga, pero sobretodo, su propensión a repetir lo que otro medio dice sin más afán que el de no quedarse atrás, han sido los causantes de esta vergüenza periodística. No perdamos la perspectiva del fondo del asunto, ya suficiente fue con haber desbordado la dimensión del trabajo de un hombre que ha hecho más que muchos colombianos.

                El profesor Bernal lo único que hizo, y en ello ha sido enfático, fue publicar el resultado de una exploración que contrastó lo que han dicho y publicado los medios de comunicación, con lo que prueban documentos y fuentes relacionadas con el tema. Un ejercicio donde contrapone la información transmitida y la información hallada en su búsqueda particular. No niega en su artículo el valor de lo hecho por Cuero, su enorme salto social y humanístico al pasar de su natal Buenaventura a ser docente e investigador de una universidad en los Estados Unidos, sus publicaciones, sus hallazgos y por supuesto, el reconocimiento por su labor. El llamado que hace es a la precisión, que valga decir, en la mayoría de los casos no obedeció a una intención del doctor Cuero, sino a la reinterpretación de los medios, a la forma de construcción de su discurso.

                Si un periódico no detalla, enumera y especifica, que las 90 publicaciones del científico bonaverense están conformadas por artículos en revistas científicas internacionales certificadas, publicaciones nacionales indexadas, capítulos de libros, informes técnicos y notas de prensa, el problema no es de Cuero, es -insisto-, del medio de comunicación. Si tampoco precisa que no trabaja con la NASA sino que ésta le financia y apoya en sus trabajos -como hace con más de un millar de científicos en ese país- no es problema de Cuero. Si un certificado lo convierte en premio, si una bonificación general en financiación particular, no es problema de Cuero. Si lo promueven con la ligereza propia de los nacionales a candidato al Nobel, sin saber que está más lejos esa posibilidad que la visita tripulada a Marte, no es problema de Cuero. No creo que el doctor Cuero ande revisando y editando todo lo que de él se publica o dice. A muy pocos seres humanos les disgusta el halago y la ponderación, acaso peque por silencio o vanidad, pero valdría recordar a Borges cuando un periodista endiosándolo le dijo: Se afirma que usted es el mejor escritor del siglo XX y el maestro le respondió: ¡Y bueno, ha sido un siglo mediocre!

                Lo que debería aterrarnos, no es que el doctor Cuero haya hecho menos de lo que le endilgan los medios, sino que el periodismo nacional en la esquizofrénica y amarillenta pesquisa de primicias le haya dado a la información sobre él, una droga periodística que en el argot -sobre todo de los corresponsales- ayuda a vender más la noticia: INFLAMIL. El tema no se ha tratado como debiera. No debe mirarse como una afrenta personal, ni como el cobro regional de alguien de la Nacional, ni como una cuestión racista. Es una simple lección de periodismo de una trascendencia invaluable. A Sócrates Herrera le pasó lo mismo que a Bernal cuando aseguró que la vacuna de Manuel Elkin Patarroyo tenía una efectividad probada de menos del 30%. Fue vapuleado. El tiempo le dio la razón. Los medios todo lo inflaman y eso duele.

                Adenda. En octubre de 2009 tuve la oportunidad de entrevistar al doctor Raúl Cuero en una visita que hizo a la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca. Fue emitida el 26 de ese mes por el programa P.R.O. (Periodismo, Región y Opinión) de Telepacifico. No era tan famoso y el auditorio donde dictó su conferencia estaba casi vacío. La productora Mónica Salazar ubicó el set en el pasillo de entrada de la entidad. Todos pasaban y miraban con cierto desdén. El doctor Cuero pasaba inadvertido. Dijo estar fatigado, con hambre y sed. Le llevaron pandebonos y gaseosa. No tuvo problema en comer y beber en medio de la grabación. Su hablar era pausado, circunspecto, muy sobrio. Me pareció un hombre serio y con humildad, que es una vanidad bien administrada. La última vez que lo vi, en la Cumbre Afro, no pude acercármele. Una nube de periodistas, de fotógrafos, de camarógrafos y de lagartos, me lo impidió. Firmaba autógrafos y sonreía. Se había comparado con Jesús y con Einstein en la conferencia. Recordé entonces que la fama solo es un cúmulo de malos entendidos.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

3 × 3 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Comando Élite captura audiencia   Por fin se sacudió RCN del dominio de CARACOL en términos de audiencia en lo que respecta a narco-novelas, un género cuyos enfoques y contenidos han suscitado sendas polémicas que para lo único que sirven es para subir el rating y plantear algunos debates en la burbuja académica. En …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Comando Élite captura audiencia

 

Por fin se sacudió RCN del dominio de CARACOL en términos de audiencia en lo que respecta a narco-novelas, un género cuyos enfoques y contenidos han suscitado sendas polémicas que para lo único que sirven es para subir el rating y plantear algunos debates en la burbuja académica. En Comando Élite el canal privado se la juega por rebautizar el género con un nombre compuesto, no tan mediático y mucho más pedagógico: Acción/Ficción histórica. Es decir, guiones construidos con base en hechos reales a los que se les incluyen elementos narrativos de la ficción para hacer la historia más atrayente. Nada nuevo, es lo que de alguna manera hace el Periodismo Literario que utiliza las herramientas de la literatura para contar. De ahí que hayan recurrido a las historias publicadas (Operativo 4) de plumas consagradas como Germán Castro Caicedo para basar sus relatos o a las reveladoras investigaciones de Alonso Sánchez Baute, autor de Al diablo la maldita primavera y Líbranos del bien, una biografía paralela de Jorge 40 y Simón Trinidad, para acercarse más al registro histórico.

      80 capítulos de 60 minutos cada uno que se entregan por episodios y relatan desde la orilla policíaca la captura de ocho delincuentes clasificados en siete objetivos: Martin Sombra, Los Mellizos, El Paisa, Don Mario, El Armero, Cuchillo y El Mono Jojoy. Guerros, paracos, narcos, droga y violencia, adobados con algún drama sentimental, pasional o familiar, para no deshumanizar del todo el producto. Y seamos honestos, con el sesgo y la parcialidad propios de lo políticamente correcto. Al contarse desde el lado de “los buenos” no veremos chuzadas sino interceptaciones, no veremos a un infiltrado fusilando un “compañero” para acceder al grupo armado ilegal y comprobar fidelidad, no veremos torturas -ni más faltaba-, ni falsos indigentes de la policía que deben consumir droga, pelearse con sus iguales -incluso herirlos y matarlos- y comer porquerías, en suma, no veremos todo aquello que fundó la frase de que en la guerra y en el amor todo se vale y que tanto daño le ha hecho a Colombia.

      Siempre quedarán secretos porque allí se fundamenta en buena parte el éxito de la guerra, en la infiltración, en la delación, en la traición, en el factor sorpresa. Ya lo dijo Zun Tzu (400 a.C. – 320 a.C.) “El supremo arte de la guerra es doblegar al enemigo sin luchar”. Hace mucho la guerra dejó de ser un encuentro heroico entre dos bandos ubicados el uno al frente del otro. Si a ello se suma el cumplimiento del deber sin discusión, los rígidos códigos de honor, los archivos secretos, y en general, todo aquello que está por fuera de la ley y deben hacer quienes hacen parte de ella, el contexto de un conflicto no terminaría de contarse nunca pues la primera víctima de toda guerra es la verdad, lo pensó Herodoto y nos lo recordó Ryszard Kapuściński. Son las normas, el deber ser: las órdenes son para cumplirlas o la milicia se acaba. Bien sabemos que en todos los bandos hay infiltrados: guerrilleros en el ejército y militares en la guerrilla, policías en las bandas criminales y criminales en la policía. Eso sin contar que producto de una sociedad en conflicto y una economía de la guerra, hay personas que solo saben combatir y se convierten en mercenarios que sin ninguna ideología se enfilan del lado de quien mejor pague. Y allí llegan con información y mañas, estrategias y resabios, formas convencionales y no convencionales de acceder a la verdad, que en la serie se limitan a destacar a la Policía Nacional.

      La serie comenzó a emitirse hace tres meses en Mundo Fox e intentaba probar si no estaba agotado el tema con tanto Capo. Sus niveles de sintonía en la primera semana de emisiones en Colombia confirman que no solo no está agotado, sino que es posible hacerlo bien en términos audiovisuales y conceptuales. Es absurdo pretender ver “la realidad” en la pantalla si ni siquiera nos hemos puesto de acuerdo en lo que es la realidad. Descartemos la filosófica y detengámonos en la realidad comprobable, lo que ocurre, lo que pasa: hostigamientos, ataques, tomas, seguimientos, operativos, capturas, muertos, heridos, desplazados, policías, soldados, etc. La televisión es un escenario de representación, de simbolismos, de puntos de vista, de ejercicios comerciales que siguen la línea de lo rentable, de lo efectivo, de lo que otorga ganancias. Aquí hubo inversión y habrá réditos. La triada de los Triana, Jorge Ali, Rodrigo y Verónica, como dicen los jóvenes, la está haciendo. El padre en la dirección, en hijo en la co-dirección y la hija como parte del equipo de cinco guionistas. Entre los dos primeros suman más de una veintena de películas y series exitosas, algunas de ellas con el tema del conflicto atravesado. No puede ser que en términos políticos Colombia haya desconocido por mucho tiempo la existencia del conflicto armado interno, y que ahora, cuando los medios se han acercado a él para narrarlo, pretendamos que lo haga con la fidelidad que se le endilga al periodismo. Es ficción y lo advierte, está bien narrado en términos audiovisuales y define con claridad desde qué orilla se cuenta. Ahí está la diferencia, aunque siga la línea de la parcialidad.

      Valido contar desde el ángulo de la institucionalidad, ya se ha contado desde el de los narcos, las prostitutas, los paramilitares y los guerrilleros (sin con ello decir que fueron ellos los promotores o realizadores), pero cuándo será ese cuando que se cuente desde el televidente, es decir, desde las víctimas. Será esperar mientras Comando Élite sigue capturando audiencia.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dieciocho − 7 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Colombia, un país extorsionado   La extorsión en nuestro país va desde la denominación más baja de nuestro devaluado peso, hasta los insospechados límites que imponen los negocios multimillonarios. Nadie escapa a su influjo. Ni las putas, ni las multinacionales. Tan cotidiana es su práctica que en algunos casos ni siquiera recurre a la …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Colombia, un país extorsionado

 

La extorsión en nuestro país va desde la denominación más baja de nuestro devaluado peso, hasta los insospechados límites que imponen los negocios multimillonarios. Nadie escapa a su influjo. Ni las putas, ni las multinacionales. Tan cotidiana es su práctica que en algunos casos ni siquiera recurre a la violencia o la intimidación -como determina el derecho- sino que se asume como una condición sine qua non, es decir, sin la cual no es posible nada. Por ejemplo: vender en determinado semáforo, ser ambulante en determinado anden, prostituirse en determinada calle, transitar por determinado barrio, participar en determinada licitación, construir determina vía, vender chance en determinado departamento, obtener determinado puesto, ostentar determinado cargo público, participar en determinadas elecciones, ejercer como gobernante en determinado territorio, eximir de impuestos a determinados ciudadanos, gobernar para determinadas clase, investigar a determinado funcionario, perseguir a determinado grupo, proteger a determinado partido, vender drogas ilícitas en determinada olla, patrullar en determinado corredor, vacunar a determinados ganaderos, organizar determinado grupo, jugar en determinado equipo, chuzar a determinados periodistas, detener a determinados narcotraficantes, presionar a determinados políticos, y en general, dejar por fuera o incluir en determinado negocio a determinados personajes.

Hace unos años -cuando en Colombia no se había corrompido la sal- la extorsión era una cuestión esporádica e inusual, pero hoy es la más extendida y desarrollada práctica social nacional. A veces se disfraza es cierto y se le llama dádiva, coima, comisión, peaje, contribución, aporte, impuesto, auxilio, colaboración y hasta solidaridad. Muchos tributes se presentan como voluntarios y desinteresados, pero de no hacerse dejan por fuera del negocio al implicado cuando menos y dentro de un ataúd cuando más. Acontece en cada momento y en todo lugar. En las plazas de mercado, en los almacenes de ropa, de repuestos, los restaurantes, las discotecas, las carnicerías, los colegios, las universidades, en la prensa, en la radio, en la tele, en Internet, en las empresas de todos los tamaños, en todos los escenarios comerciales y bien sabemos que nada escapa a don dinero. En las alcaldías, en las gobernaciones, en la Presidencia, en la Fiscalía, en las Contralorías, en las Personerías, en todo el andamiaje del Estado. Está tan anclada en nuestra idiosincrasia que ocurre “por fuera de la ley” y dentro de ella.

Lo ha salpicado todo con su mancha. El político le consigue un puesto a un militante del partido y cobra un dinero por ello y un porcentaje de la mesada. A éste a su vez le corresponde devolver la inversión de su campaña, que financió un oscuro personaje. Quien la dirigió tras bambalinas debe recuperar el dinero que la guerrilla le pidió para la causa y el que se gastó fundando el grupo que lo protege. Todos se endilgan la razón. Izquierda, derecha o centro. Cada uno cobra por todo: por protección, por negocio, por cada kilo de cocaína o por cada res que se embarca, por el nuevo narcotraficante que busca acomodo, por entrar armas y balas, por sacar droga, por apoyar campañas, por presionar votantes, por ejecutar órdenes, por asesinar rebeldes con o sin causa. El comandante, no importa si es de la policía, del ejército, de la guerrilla o de las bacrim, recibe dinero por dejar pasar o por capturar. Así son los negocios. Es el mercado. El narcotraficante les recuerda que sus antiguos socios compraron un grupo de autodefensas para negociar. Ellos le dicen que negociaron con el frente que vacuna con largueza a quienes descuellan en cualquier actividad comercial. Al que lidera el micro-tráfico le toca reventar ese billete. Las oficinas arrecian sus cobros y los sicarios apuntan mejor. Pero el insurgente urbano necesita recursos para enfrentar la vuelta, entonces le exige al tendero. Y éste debe subirle el precio a la canasta. Y en la galería el intermediario se queja, lo exprimieron. Y el camionero le sube al flete. Le tocó dar ají. Y en la noche todos beben, pero en la cantina el administrador es extorsionado porque vende licor adulterado y de contrabando. A espaldas de su jefe, que deja entrar menores al negocio y tiene la línea de drogas sintéticas. Entonces el de rentas y la tomba piden lo suyo. Pero el malandro ofrece apretarlo para que no pidan tanto y dejen trabajar. Al frente, el vendedor de perros calientes debe pasarle la liga al torcido para que no le pase nada y al dueño que le alquiló la esquina. La misma donde una prostituta le exige a un travesti, que quiere camellar allí, una dosis considerable de bazuco para dejarlo bajar bandera. Un arriesgado propone denunciar la situación. Conoce a un periodista, pero hay que llevarle un detalle. El comunicador conoce a una flecha en la institucionalidad. Le colaborará a cambio de varios informes. Debe mojar prensa, pues está detrás de un ascenso. El director del medio hace una llamada de rigor al gobernante de turno. Le debe un favor. La denuncia es inminente. Habrá que buscar a un funcionario fusible para que la descarga del escándalo lo chamusque y se pueda demostrar eficacia. Pero ahí está el problema, el funcionario elegido es cuota del político al que le pasa un grueso porcentaje de su sueldo colosal cada mes y el ruido podría ser mayor.

Entonces el periodista deja de escribir, so pena de verse involucrado en el dilema de los metales: plata o plomo. Perder el puesto o la vida. Se hace el de la vista gorda. Llama a una amiga, le confiesa que tiene una gran historia entre manos. Colombia, un país extorsionado. Y se la ofrece a la colega… a cambio de ciertos favores que por autocensura no me atreveré a comentar aquí.

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

quince − 5 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  “Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad”   Con esta sentencia lapidaria como casi todo lo macondiano comenzó Gabriel García Márquez su columna de prensa el 24 de diciembre de 1980 titulada: Estas navidades siniestras. Y se despacha con una diatriba que 32 años después no ha hecho más que incrementarse. Hay tantas …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

“Ya nadie se acuerda de Dios en Navidad”

 

Con esta sentencia lapidaria como casi todo lo macondiano comenzó Gabriel García Márquez su columna de prensa el 24 de diciembre de 1980 titulada: Estas navidades siniestras. Y se despacha con una diatriba que 32 años después no ha hecho más que incrementarse. Hay tantas campañas y campanas, alumbrados y atontados, comercio, bullicio, alboroto, falsas felicidades y consumismo frenético, que pareciera no quedar tiempo para celebrar el nacimiento del Niño Jesús.

Angustioso, tanto como ese afán de dinero para quedar bien con todos por encima de todo. A estas alturas ya llevamos dos meses de Navidad. Aún no se habían descolgado las calabazas del Halloween, todavía en el ambiente estaba el aroma de los rebotes infantiles ocasionados por el excesivo consumo de azúcar y colorantes; y los almacenes, y los medios, y los gobiernos, comienzan a preparar el festín: cuelgan guirnaldas y elevan los precios, se encienden las luces y con ellas las cajas registradoras y el incremento en los servicios públicos. La Navidad –y éste no es un descubrimiento personal– comienza en noviembre o antes. Hay dos empresas caleñas que fabrican arboles navideños todo el año, aunque sus ventas se incrementan el último trimestre.

Ya huele a feria en Cali, a cagajón, a pólvora y a esa especie de almizcle que arroja la mezcla de trago, babas, humo y sudor. Los taurinos capotean los vientos en contra con El Juli y Pablo Hermoso de Mendoza, que de belleza poco; la administración hace lo propio con el disperso y estratégico alumbrado cuya máxima pretensión es dar brillo al MIO, opacado por las críticas. La economía se mueve, tanto como las caderas y los cachos y las prótesis de silicona en la plaza de toros. Los de los miuras se unen a cuernos de renos o de alces, de menos casta, pero de más costo, tal vez. Ahora que al Papa Benedicto le dio por sacar a la mula y al buey del pesebre, qué más da de qué animal sean los cachos y cuánto valgan.

Estos animales junto con la nieve, dicen que de la buena; y Papá Noel, nos confirman que no es sólo una agresión económica, es también un embate cultural. ¡Por Dios! dejamos de decirle bimbo al pizco, ahora lo llamamos pavo y relleno, desplazó nuestras cenas navideñas. Dejamos de hacer y vivir lo nuestro para copiar y consumir lo foráneo. Que exclusivo sería un pesebre nacional con cafetalitos y derrumbes, con orquídeas e inundaciones, con puentes mal hechos, con retrasos en las obras, con un congresito lleno de micos, con soldaditos y guerrilleritos de plomo, con zonitas de distensión y ralitos, y paraquitos, y dialoguitos de paz en Cuba o en Noruega en vez de villancicos extranjeros, con todo lo que somos. Con otra reformita tributaria y un San Andresito sin el mar que perdimos en La Haya. Con una Shakirita españolizada y unos Santitos que no tienen nada de inocentes.   

Pero no, hay poco de lo nuestro y mucho de lo de cada año. Se preparan con más ahínco e insistencia estrategias de mercadeo en las industrias de licores y en los bancos de sangre. Médicos y enfermeras tienen por estos días tanto trabajo como meseros y comerciantes. Se incrementa la accidentalidad y el cántico: beben y beben y vuelven a beber. Hasta la procreación se incrementa, en Cali la tasa de natalidad se dispara en septiembre, en un fenómeno conocido como: los hijos de la Feria.

Con diciembre y la navidad no llega el amor, que si es sincero y sensato deberá estar presente siempre, o por lo menos latente. Es época de dar y recibir, dicen; de compartir, de diseñar planes, cambios y propósitos. Sí, esa época se llama vida. Y ese cambio, una hoja de calendario. El mundo no se acaba y tampoco el tiempo para decir te quiero, y si hay que hacer el ridículo con el consabido te amo, pues también, el año tiene muchos días y la vida muchos años. Pero todos aprovechan para parrandear y armar despelote. Ojalá haya algo de amor y paz.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

5 − cinco =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  La sombras del alumbrado navideño   La oscuridad histórica en algunos sectores de Cali es una prueba indiscutible de que las ciudades a pesar de su expansión constante no abandonan jamás la escencia pueblerina. La expresión mínima del urbanismo se vislumbra en calles oscuras y parques sombríos, en barrios lóbregos y sectores arropados por …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

La sombras del alumbrado navideño

 

La oscuridad histórica en algunos sectores de Cali es una prueba indiscutible de que las ciudades a pesar de su expansión constante no abandonan jamás la escencia pueblerina. La expresión mínima del urbanismo se vislumbra en calles oscuras y parques sombríos, en barrios lóbregos y sectores arropados por muchas sombras. Parecen imágenes sacadas de una postal de comienzos del siglo pasado donde un titilante farol lucha contra la brisa para alumbrar una vía empedrada por donde se pierde un carruaje. Pero llega la navidad con sus miles de bombillitos desechables –que todos insisten en guardar– y arroja luz sobre todos los lugares donde con la noche llegaba lo tenebroso. Hasta en las “ollas” cunde el espíritu navideño. De la mano de la agresión comercial –y cultural, no cabe duda– se iluminan estos lugares y entonces los viciosos deben buscar otra esquina, los furtivos encuentros amorosos, o acaso sexuales, deben buscar otros espacios o escenarios y la delincuencia, a la que ya no le importan ni las cámaras de video, que no puede esconderse bajo las tinieblas y expande sus candilejas. A propósito, queda poca mística en la delincuencia, ya no salen vestidos de negro y con antifaz para camuflarse en la noche. Se roba de frente y a plena luz del día. Eso no lo discute nadie, lo que si se debate por estos días es la precariedad del alumbrado navideño público en Cali.

La administración de Rodrigo Guerrero consideró que no debía despilfarrarse plata en el alumbrado, que dicho sea, siempre se ha cobrado a los ciudadanos. Entonces lo que fuera símbolo de la ciudad y paseo obligado de propios y fuereños, se quedó en luces esparcidas con más obligación forzada que espíritu sociocultural. Ya todos nos hemos resignado a la felicidad señalada y a los desbordados gastos decembrinos. En ese sentido, debemos reconocer que el alumbrado navideño se ha vuelto un problema económico y social. Hace un tiempo, el alumbrado caleño irradiaba el espíritu de toda la ciudad símbolo: por la Calle Quinta, por la Avenida Sexta, por la Roosevelt, en Cristo Rey, en las Tres cruces y en la Loma de la Cruz, para citar sitios emblemáticos. Luego, aunque se seguían adornando estos sectores, el alumbrado se concentró en algún punto específico de Cali que –sin muchas alternativas gratuitas de esparcimiento– se convertía en tumultos, aglomeración, inseguridad y caos vehicular.

Primero fue la cara amable del río Cali. Copiamos de Medellín –porque Bogotá no tiene rio tutelar, lo mató– la idea de diseñar cada año con especial interés, las luces y los motivos de este lugar, entre la portada al mar y La Ermita, iglesia que despide al que en adelante es un rio moribundo que no le importa ni se le muestra a nadie, el de Puerto Chontaduro y Puerto Bazuco, el que no está canalizado, el que llega medio muerto a entregarle sus aguas a otro mortecino, el Cauca. Pero no agüemos la fiesta, es Navidad y la felicidad se decreta. En medio del jolgorio y la barahúnda propias de estas épocas, los habitantes del Oeste de la ciudad previendo el tropel que se armaba cada año, advirtieron que no soportarían de nuevo los trancones, la peligrosidad y la porquería que dejaban cada noche los visitantes del alumbrado. El alcalde de Cali por entonces, Jorge Iván Ospina, en un arranque de populismo desmedido, dijo que la posición era elitista y excluyente. Corrigió. Hubo tutela. Se tomaron medidas. Más policía, guardas de tránsito, ubicación de vendedores ambulantes y cultura ciudadana. De esta última somos responsables todos y cada uno. Nada funcionó y el alumbrado se fue para la Calle 26. Una zona más industrial que residencial y por lo mismo, más insegura. Un diseño novedoso con recorrido y senderos rehabilitó en algo el sector comprendido entre las carreras primera y quince. Amplitud, control vial, pero de nuevo la inseguridad y las ventas ambulantes. Nadie desconoció que fue una buena apuesta y un mejor intento por recuperar la zona, pero indigentes y ladrones se corrieron unas cuadras y la visita al alumbrado dejó a más de uno a oscuras.

Ahora no hay alumbrado navideño concentrado, sino diseminado y éste ha sido calificado como pobre e improvisado. Sin duda no es una cuestión solo de falta de recursos sino de una creatividad apagada. El manido recurso de culpar a la administración pasada de todo es canalla. También gastarse la plata de la inversión social en circo. Pero una cosa es el ordenamiento financiero, la austeridad en el gasto y otra, la falta de planeación y el extermino de las expresiones populares.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

16 + diecinueve =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Llegó diciembre…   24 de diciembrees una de esas canciones de fin de año que –en una venganza sonora y por haber estado silente once meses– comienza a sonar en todas las estaciones de radio de manera más profusa que el barullo del comercio que pregona promociones de todo. La voz de Lucy Figueroa …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Llegó diciembre…

 

24 de diciembrees una de esas canciones de fin de año que –en una venganza sonora y por haber estado silente once meses– comienza a sonar en todas las estaciones de radio de manera más profusa que el barullo del comercio que pregona promociones de todo. La voz de Lucy Figueroa se pierde entre los estertores de los vendedores y gana espacio un ilustre anónimo que parodió la letra del tema escrito por el Mono González hace 66 años, para invitarnos a la reflexión: Llegó diciembre con su alegría y con él los gastos de navidad. Se compra el trago, el pan se fía, se sube el ego y la vanidad. El 24 se come pavo, se dan regalos y mucho más y el 25 sin un centavo, hay que quitarse el antifaz. Los pocos pesos que se han ganado este diciembre para gastar, por lo poquito no han alcanzado, sin más remedio que ir a prestar. Y así poder seguir soportando estos gasticos de navidad, y mientras tanto todos deseando, que haya amor y prosperidad.

Así es, llegó diciembre y con él muchas cosas que van más allá del espíritu navideño y la navidad misma y se mueven en el ámbito de los negocios y los excesos. La navidad dinamiza el sector del comercio y es un hecho irrefutable que muchas empresas, y personas que trabajan de manera independiente, logran cerrar el año con balances positivos gracias a la temporada. Eso está bien y también que el espíritu navideño genere múltiples manifestaciones que signifiquen compra y venta de todo lo habido y por hacer, al fin que cada quien es libre de ganarse y gastarse su plata en lo quiera.

Lo que no está bien en diciembre, ni en ninguna otra temporada, es caer en los excesos para luego lamentarse.

Y podríamos hacer una lista interminable de ellos, pero sólo abordaremos los que de manera reiterada generan problemas y congestiones de la más diversa índole. Como en el poema de Charles Bukowski todo se llena. Los tugurios, los vertederos, los manicomios, pero sobretodo y en esta época, los hospitales y las tumbas. El consumo de licor, asociado al de sustancias ilícitas, la depresión, la soledad y las crisis económicas particulares, son el más peligroso coctel.

Llegó diciembre y su alegría se convierte por cuenta de excesos e intolerancia, en lágrimas y problemas. Deudas, riñas, accidentes, robos, quemados y estafas, entre otros incidentes, que además de tristeza en víctimas y familiares, generan congestiones en estaciones de policía, juzgados, centros hospitalarios, entidades gubernamentales y en general, en las ciudades, que son arrolladas por la algarabía navideña.

Todos corren como si con el año se acabará todo el tiempo y más los ladrones, que claro, también tienen familia y espíritu navideño. Que en diciembre ellos hacen su agosto es una tradición más antigua que la mismísima Nochebuena, al fin que los manilargos también padecen esa ansiedad colectiva de hacer y gastar todo cuanto sea posible en estas fechas aciagas de jolgorio y regocijo, de parranda y juerga, de borracheras sublimes y algo de felicidad.

Se incrementa el robo porque se incrementa el comercio, todos quieren vender y comprar algo y sacarle jugo al nacimiento de un muchachito al que nadie atiende en su adultez.

Los carteristas afinan su delicadeza, los raponeros –especie en vía de extinción, última en la cadena evolutiva de las ratas y verdaderas vergüenzas del gremio– se aventuran alguna carrera en medio del hormiguero humano que pulula por estos días; los fleteros pulen a sus contactos bancarios en la señalización de sus víctimas, los ingenieros electrónicos con vicios cleptómanos perfeccionan sus aparatos para ordeñar cajeros, los taxistas que hacen carreras millonarias juegan a los santos inocentes, los timadores reelaboran y estudian  su charada para enredar incautos, los falsificadores compran mejores papeles y tintas indelebles para competirle al banco de la república, los adulteradores de licor le venden a los jinchos, los jíbaros rebajan las dosis, los políticos regalan lechonas, las lechonas también hacen su agosto y se venden al mejor postor, y los pobres lechoncitos, que no saben que cuanto más tiernos más apetecidos y que su mamá es una cerda.

Los ladrones no respetan estratos o condición, roban casas y apartamentos, toda aquella vivienda desprovista de seguridad o con sus habitantes de rumba o vacaciones es  botín y su desocupación, el trabajo de los golosos. Empresas y negocios, grandes y pequeños. Las motos, los carros y hasta las bicicletas que trae el Niño Dios son presa fácil de los amigos de lo ajeno.

Y todos los años se le dice a la comunidad que cuidado, que no de papaya, que tome precauciones, que no deje la casa sola, que no haga grandes retiros, que no lleve niños al centro, que no se centre en la rumba, que no se gaste más de los que se gana, que diciembre es otro mes cuya única particularidad es ser el último de un calendario, de un ciclo. Pero nada, los ladrones –tan colombianos como todos– están necesitados e incrementan su labor. Y la vaina no se normalizará sino hasta reyes, por allá después del seis de enero, cuando Malhechor, Gastar y Va a  asaltar, detengan esta corrida de bobos donde la pobreza capotea la necesidad y se endeuda para ser feliz, sin saber ni entender que no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

doce + 9 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Amanecerá y veremos   Albergué por años el sueño de publicar un libro y se me convirtió en realidad de repente. Un día me levanté y la incertidumbre al respecto se había quedado pegada en la cama o en el techo. No importa adónde, pero se había ido. No me interesa si alguien lo …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Amanecerá y veremos

 

Albergué por años el sueño de publicar un libro y se me convirtió en realidad de repente. Un día me levanté y la incertidumbre al respecto se había quedado pegada en la cama o en el techo. No importa adónde, pero se había ido. No me interesa si alguien lo lee y cree que es genial, o al contrario, si enciende una fogata con él porque lo considera una basura. He quemado tantas porquerías sabrosas. Leo desde que tengo memoria y escribo desde que casi todo se me olvida. Si me adulan está bien y si intentan ofenderme, mejor. Solo hablan mal del prójimo quienes no tienen nada bueno que hablar de sí mismos.

Publicar es someterse al escarnio, no público, sino íntimo. Eso se lo debo al periodismo. Ha ser desnudado como profesional y como persona, porque a través de lo escrito nos pueden leer, pueden descubrirnos. En un mundo donde importa el qué dirán y más parecer que ser, la confrontación con los públicos hizo mella en mí. Digámoslo de una vez: soy un sinvergüenza. En otras palabras: me arrepiento de muchas en el periodismo, pero no me avergüenzo de nada. Como periodista, he llevado como estandarte la idea de no escribir para el olvido. Punto. Amanecerá y veremos, es un esfuerzo personal del que participaron muchos y –en su sencillez– va dirigido a todo aquel que sepa leer.

El libro es el testimonio de una parte de mi quehacer periodístico, de la vida que por momentos se convierte solo en horarios y trabajo, y también prueba de alguna esquirla de virtud concedida por el universo. Intento con él recordarle a quien ha de ojearlo y hojearlo, que quien no goza de independencia intelectual para desenvolverse en el mundo de las ideas y la información, está condenado a ser un esclavo de la manipulación. Aunque he laborado en televisión, transito por el oficio de periodista zafado de esa imagen perecedera producto de textos construidos para el olvido, que mueren con cada emisión y son para siempre lo que cantara Lavoe: un periódico de ayer.

Es también una apuesta ante el analfabetismo regresivo que promueven los medios electrónicos, la “cultura de la imagen” y las “ciencias de la comunicación” y pretende reivindicar el carácter formativo de la lectura, la fascinación de la práctica literaria y el goce de la escritura que emerge como una de las formas más eficaces de organizar el pensamiento y la crítica. De ser feliz. Si alguien quisiera clasificarlo, le ayudaría saber que creo se mueve entre el periodismo interpretativo y el de opinión, entre la crónica y la columna, entre el perfil y el ensayito, entre el cuento y el reportaje breve, entre la autobiografía y mis desventuras, entre mis alegrías e infortunios, pero también entre mis gustos, mis amores y esperanzas. Mi pasado, mi presente y mi futuro.

Escribir cada página supuso una investigación y un análisis que buscaba el sentido de los hechos noticiosos que nos llegan aislados. Los situaba con la escritura, les daba contexto y se los entregaba al televidente de Amaneciendo, (programa del Canal regional Telepacífico) al lector no especializado, a esa masa anónima que al frente de la pantalla buscaba como yo, entender la vida y entretanto disfrutarla. Podría haber escogido contar historias más duras, confrontar eso que damos en llamar realidad, pero desistí. Hay tanto de lo mismo y tan poco de lo importante, de lo elemental. Todos los días se denuncian cosas graves que no cambian nada y que aun así son impactantes, pero intrascendentes para el colectivo. Las noticias, la información y la opinión, son escopetazos y a veces escupitajos constantes –rápidos y breves, perecederos y volátiles– que no tienen a la gente mejor informada que antes. Más por su cantidad que por su calidad, no se asimilan, no tanto por su instantaneidad, sino por su abrumador bombardeo cotidiano. En nuestra época, profusa de medios de comunicación audiovisuales, el libro es un respiro, una pausa, un  detenerse para pensar, un compromiso con la profesión, que cuando se asume con entereza, es un oficio tan humilde como necesario. Tengo tantas inquietudes personales y sociales como profesionales y periodísticas, acompañadas de algunas certezas. Pero como la honestidad es el acto más subversivo en Colombia, sólo diré que el libro es el ejercicio soberano de un derecho que debería ser universal: el derecho al pataleo.

La televisión es efímera, pero no las letras. Esa es la razón del libro. Una negación a escribir para el olvido. Seis grupos de doce textos cada uno. Animales, Costumbres y comidas, De Cali y otros lugares, Música, El cuerpo humano y Misceláneas. No incluí las ancladas en la actualidad, a mi juicio, la capa más superficial de la realidad. Catástrofes o desastres. Tampoco las que versan sobre política, corrupción o las reiteradas desgracias que nos acompañan hace tantos años.

Si logré interesarlo, escríbame: [email protected] es posible que haya encontrado el regalo perfecto para esta navidad o ese algo para quemar el 31 de diciembre.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cuatro × dos =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  El no reiterado de Diomedes   Finalicé el texto de la semana pasada (Y ahora Rafael Orozco) con una afirmación algo temeraria que intentaré justificar. Escribí: “Por algo D3 (Diomedes Dionisio Díaz) se ha negado una y otra vez, tal vez porque su historia –un verdadero manjar para los medios– necesita más espacio y …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

El no reiterado de Diomedes

 

Finalicé el texto de la semana pasada (Y ahora Rafael Orozco) con una afirmación algo temeraria que intentaré justificar. Escribí: “Por algo D3 (Diomedes Dionisio Díaz) se ha negado una y otra vez, tal vez porque su historia –un verdadero manjar para los medios– necesita más espacio y menos manoseo.” Varias veces y por una cifra con varios ceros a la derecha los canales privados le han propuesto al Cacique de la junta llevar su historia a la pantalla chica. Y tantas veces, como propuestas hechas, el Indio ha dicho que no. Me atrevo a plantear dos hipótesis para buscar las razones de tan repetida negación: porque tiene plata suficiente y vergüenza en la misma proporción. ¿Para qué más difusión de la que ya tengo? Mi problema no es cómo atraer a los periodistas sino cómo quitármelos de encima, responde cada que algún allegado le comenta que quieren entrevistarlo o escribir una crónica sobre su vida. No va a querer entonces que le fisgoneen y alteren su historia en la televisión. Con Bonita, una de sus canciones insignes como eje de una producción televisiva,fue suficiente.

Comentan en Valledupar (Valle de Old Parr le dicen los chupadores) que Diomedes en sus mejores épocas –cuando bebía más y no lo acosaban ni los años, ni las huellas del Síndrome de Guillain-Barré, ni los trastornos provocados por tantos excesos–, se podía gastar varios millones en una sola parranda. Por su incumplimiento llegaron a decirle No-vienes Diaz, entonces para evitar itinerarios, filas y demás en los aeropuertos, fletaba un avión o una avioneta. En Valledupar dicen que llegó a comprar uno, como ha comprado casi todo, porque hubo un tiempo en el que no tenía con qué comprar nada. También le decían Dios-medes Diaz. Es difícil saber con Mede (así le dicen sus familiares) dónde termina el hombre y dónde comienza la leyenda. Dicen que tiene 15 hijos. Que 22, que 26, que 28, que son 50 y hasta 63 sus vástagos. Lo cierto es que es irresponsable, esa costumbre legitimada en la costa atlántica por todas las generaciones. 13 veces ha sido interrumpida su salida del país porque aparece otra demanda por inasistencia alimentaria. No ha de ser fácil resistirse al acoso inverso (el de las mujeres que buscan hacerse preñar de un famoso para asegurar su futuro) y asimilar la fama cuando se ha sido tan pobre.

En la carátula de su primer trabajo discográfico (1976) con Naffer Durán y su conjunto vallenato, aparece sonriente pero con la boca cerrada. Le faltaba un diente. El incisivo lateral del lado derecho. Con la canción Morenita se dio a conocer y le sonrió la vida. En su segundo trabajo ese mismo año, Tres canciones con Elberto López y su conjunto, la que le sonrió fue la fortuna, pues la canción que presta su nombre al título del trabajo lo catapultó. Atrás quedaban los viajes de pueblo en pueblo con su compadre Joaquín Guillén, en un carro prestado, llenos de cajas de discos que nadie le compraba. En sus trabajos posteriores, con Juancho Rois y Colacho Mendoza, disimuló su desdentada condición con un bigote cantinflesco. Hasta que en 1982, en la carátula de Con mucho estilo, deja ver una sonrisa completa. Luego viene el primer escándalo nacional: el compositor de Mi muchacho, El cóndor herido, Mi primera cana y Tres canciones, se mandó a incrustar un diamante de 13 millones de pesos en ese diente postizo. Maradona había hecho lo propio, pero en su oreja y pagado con liras italianas. Entonces al otrora muchacho pobre e invisible le dijeron excéntrico.

Era el resarcimiento social de un hombre nacido en la más profunda miseria de un pueblo miserable: Carrizal. Nueve hermanos y un fogón que duraba hasta dos días sin ver la candela porque las monedas que recibía por las mochilas de fique que tejía su mamá Elvira Maestre, no alcanzaban para mucho. Su padre, Rafael Díaz, era uno de los ordeñadores de la hacienda El Higuerón y Diomedes madrugaba para ayudarles a los dos. Con la tejida a Mamá Vila, con los deberes del campo y del monte al viejo, con el sacrificio de los chivos a su tío y además con la venta guineos y arepitas de queso afuera del colegio de del profesor Rafael Peñaloza, donde atraía clientela con sus versos improvisados. Con chanclas hechas con pedazos de neumáticos viejos o llanta y una camisa regalada –dos tallas más que la suya–, recorría las polvorientas calles de su pueblo natal y cambiaba versos por una taza de café, un pedazo de panela, una porción de carne, una arepa, cualquier cosa que calmara tantas hambres acumuladas. Por eso tal vez quiso después tragarse el mundo, la vida, todo.

En 1975, cuando contaba dieciocho años, los zapatos de Diomedes eran comentario obligado en las instalaciones de Radio Guatapurí, en Valledupar, donde trabajaba como mensajero. Había entrado allí con la intención de conocer a sus ídolos vallenatos sin saber que sería el más grande de todos ellos. Cómo podía alguien tan pobre comprarse tantos zapatos. La cuestión era que los pintaba de diferentes colores para ocultar que tenía solo un par. No creo que tantos pequeños detalles los cuente la televisión, que no ahonda en contextos. Centraría su historia en sus adicciones, en la muerte de Doris Adriana Niño, en su situación de prófugo, en la custodia que le brindaban por igual amigos, paracos, policías, indígenas Wayú o simples seguidores, a este devoto de la Virgen del Carmen del que podrían contarse más buenas historias que hijos juntos tienen todos los cantantes vallenatos. Pero en televisión lo bueno no vende. ¡Ay hombe!

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

siete − tres =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

    Y ahora Rafael Orozco   Primero fue la vida de Escalona: música, 17 hijos en siete mujeres, parranda, licor y la aprobación cachaca por ser un costeño de la élite, fueron los ingredientes para contar la historia en televisión de Rafael Calixto, un juglar considerado el más grande compositor vallenato de Colombia desde …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

 

Y ahora Rafael Orozco

 

Primero fue la vida de Escalona: música, 17 hijos en siete mujeres, parranda, licor y la aprobación cachaca por ser un costeño de la élite, fueron los ingredientes para contar la historia en televisión de Rafael Calixto, un juglar considerado el más grande compositor vallenato de Colombia desde que a García Márquez le dio por decir que Cien años de soledad era un vallenato de trescientas y pico de páginas, y porque allí lo nombra. También en El coronel no tiene quién le escriba.

Después vino la vida de Marbelle: música, pobreza, maltrato conyugal, descomposición familiar, trabajo infantil, gordura, “cirugías estéticas” y muerte, adobados con un escándalo político, fueron garantía de rating y claro, de ganancias. Es increíble, una sola canción, Collar de perlas, le ha dado para todo. Para casarse con un coronel de la policía, para que un presidente de la república sea su padrino de bodas, para ser el show central en San Vicente del Caguán en la apertura de fallido proceso de paz, para ser jurado en varios realities y para que las demandas de sus vecinos por ruido en medio de tremednos alborotos etílicos no hayan afectado su imagen pública.

A Darío Gómez no le contaron la vida pero le negociaron su gran éxito, Nadie es eterno, y lo metieron a la pantalla. Tuvo que haber sido su gran olfato paisa el que logró que no contaran en la tele su época como recolector de café en San Jerónimo, como ayudante de mecánica y de construcción en Medellín, su divorcio, la muerte de su hermana Rosangela, el asesinato de su hija Luz Dary Gómez Pineda, las demandas por alimentos de varias señoras, su propia casa disquera Discos DAGO, su finca, “El sudor del Rey” y que le parece feísima Andrea Echeverri, la flaca de Aterciopelados.

Luego el espacio fue para la vida del Joe Arroyo, o mejor, para lo que le quedaba: Música, mujeres, licor, drogas, rumba, ruina, excesos y enfermedad. En un golpe de suerte para los dueños del espectáculo el artista murió mientras la serie estaba al aire y entonces la tragicomedia fue exprimida hasta la saciedad y con la sevicia y el morbo propios de las fieras voraces.

Después la vida de Pablo Escobar: droga, muerte, sicarios, sangre, bombazos, magnicidios, mujeres y violencia. Barrió con la audiencia y la dignidad nacionales y habrá terminado mientras usted lee este texto.

Y ahora será la de Rafael Orozco: Música, mujeres, parranda y muerte. Ocho disparos y 20 años de impunidad y misterio.  

De las balas asesinas y la violencia en Colombia no se ha salvado nadie. A todos estos personajes los arropan de una u otra manera. Todos sin excepción las han padecido. Todos también, tienen una vida diferente. Son ídolos y los ídolos, anquen sean de barro, son para adorarlos. Y la televisión es la estatua moderna. Y si se equivocan, se les perdona o se les derrumba, sus imágenes y pedestales se hacen trizas para luego con los restos, amasar nuevos muñecos. Casi todos tienen unos orígenes humildes y una cima desde la que se convierten en premio de la vara del amarillismo por todo lo que hagan o dejen de hacer. También en objetivo económico, porque la explotación que se hace de esa condición humana de fisgonear en la vida íntima de todos, pero en especial, en la de los personajes públicos, se vende como el pan caliente. A nadie le interesa una vida plana, sencilla, común.

Desde siempre en la creación artística, la vida de una persona ha sido utilizada como insumo o fuente para la creación de un personaje. Es la ficcionalización de la realidad y casi siempre se advierte –en la tele con un letrero–, lo que no pasa de ser un simple formalismo, porque la mayoría de los televidentes –dada su formación y la escasa educación que desde todos los ámbitos no se le ha brindado– se traga entero el cuento. Toda obra –y una serie o un programa de televisión lo son– contiene en sí misma las claves que hacen posible su comprensión y ésta va ligada a la experiencia emocional de quien consume la producción, donde se cruzan diversos factores tales como información, intereses, sentimientos, inquietudes y experiencias. Lo grave no es hacer series basadas en personajes reales, lo grave es distorsionar su vida e incrementar con ello la tragedia personal y exacerbar el morbo colectivo para hacer más rentable el negocio.  

Por algo D3 (Diomedes Dionisio Díaz) se ha negado una y otra vez, tal vez porque su historia –un verdadero manjar para los medios– necesita más espacio y menos manoseo.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

5 × cuatro =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Los negros están de moda   Por cuenta de la farandulización, la frivolización o el Show Business de los medios, y hasta por el huracán Sandy, la reciente re-elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos volvió a desatar –por lo menos eso aseguran los grandes medios– esa Barackobamanía que tiene felices …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Los negros están de moda

 

Por cuenta de la farandulización, la frivolización o el Show Business de los medios, y hasta por el huracán Sandy, la reciente re-elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos volvió a desatar –por lo menos eso aseguran los grandes medios– esa Barackobamanía que tiene felices a los negros en todo el mundo. No importaron mucho sus promesas incumplidas, su español no tan fluido para atrapar votos latinos, sus nuevos planes y sus viejos programas, su trayectoria o su discurso. Lo más importante en términos mediáticos fue lo de siempre, mejor dicho, lo de hace cuatro años. Que lo crió su abuela materna, Madelyn Dunham, una dama a la que se la llevó el cáncer dos días antes de ver a su nieto convertido en presidente. Las malas lenguas –allá también abundan y de qué tamaños, basta recordar a los integrantes de KISS– dicen que eso le cayó de perlas. Que tiene ancestros de Kenia, donde aún vive su abuelastra paterna y que jamás ha presentado los documentos que confirmen que nació en Estados Unidos. Pero a pesar de todos los apesares, es el primer negro en la Casa Blanca. Y punto. Sin duda, un blanco de críticas.

Reivindicación o cambio, rompimiento o resentimiento, acaso continuismo. Se ha vuelto casi norma que en los Estados Unidos el presidente repita. Se necesita tiempo para cumplir lo prometido, para derrotar al terrorismo. ¿A quién fue que lo escuché eso? La cuestión es que Barack Hussein lo logró. No fue la excepción y con su trotecito atlético recorrerá el espacio que la historia universal determinó para él. Cada medio de comunicación orienta sus velas hacia el lado de su viento editorial, pero las audiencias terminan naufragando en un mar de babas donde lo que se analiza es banal y superfluo. Aquí y allá. En Colombia los dos canales privados –fieles a la lucha mediática que desató Luis Carlos Vélez– montaron un despliegue que resulta más tecnológico que informativo y contagiados por el “abrazo de Obama” –así bautizaron en la costa uno de los brotes cíclicos de gripa– transmitieron “paso a paso”, “desde todos los ángulos”, los “pormenores” de la jornada. Si hace cuatro años le preguntaron a sus audiencias si votarían por un negro, que si sería posible que un negro llegara a la presidencia de Colombia, que si hay negros de dónde escoger, en fin. Este año la constante fue: qué significa para Colombia la re-elección de Obama II.

Una pregunta para un PHD en economía o un Magíster en política que responden con euforia y un par de rones entre pecho y espalda los habitantes de San Antero, una población colombiana que le rinde culto al símbolo de los demócratas: al burro. ¡Qué perfecta metáfora para todas las democracias! Hay fiestas y pancartas, dibujos y pitos, algarabía y serpentinas porque ganó el negro. ¿Cambia eso en algo la vida de nuestros negros? Su marginalidad, su pobreza, su exclusión histórica. Es probable que el efecto Obama fisure los muros hasta ahora infranqueables del racismo nacional o tienda puentes entre los extremos de un abismo social donde los negros están en el fondo, pero de ahí a que les cambié su vida, imposible. Por ahora, hay una distancia  tan grande entre la imagen de Obama y la realidad de los negros en el mundo, como la que hay entre la imagen y el reflejo de un espejo, como la existente entre las costas este y oeste del país del norte.

Un repaso ligero a la realidad nacional nos permite atisbar que la población negra en Colombia tiene cada vez más personas en sus filas construyendo región y país, hombres y mujeres brillantes que a pesar de su inteligencia o valor (Raúl Cuero, Oscar Gamboa, Piedad Córdoba, etc.) son invisibilizados por los mismos medios que hoy pregonan que los negros están de moda, porque Obama es otra vez el presidente de la potencia. Y al tiempo, padecemos –aquí y allá– la visibilización negativa de los afros. Son los ladrones, los asesinos, los malos. En un pueblo del Pacífico o en un calle del Bronx. Obama será por cuatro años más, el presidente de una potencia en duda, con problemas, pero al fin y al cabo potencia. Sabemos aquí de uno que otro gobernante, congresista, una exministra, algún general –uno no más– algunos deportistas que han logrado el “blanqueamiento cultural”, son alguien, y muchos, pero muchos negros, sumidos en la pobreza y el abandono. Hay mucho por analizar y muchas preguntas frente a un hecho puntual y ojalá no coyuntural de lo que significará para el mundo y para Colombia no solo la re-elección de un afrodescendiente en el primer cargo de una potencia a la que pocos siguen llamando imperio, sino las ejecuciones de su gobierno, y aquí el término opera en varios sentidos.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

19 − 8 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Disfraces y máscaras del pueblo colombiano   Pasó el 31 de Octubre y Colombia sigue disfrazada. No se han descolgado las plagiadas calabazas gringas y diciembre arremete con su esquizofrénico gasto y esa felicidad impuesta, casi decretada. Ya es hora de hablar de otros temas. Por ejemplo, de los disfraces que no se guardan. …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Disfraces y máscaras del pueblo colombiano

 

Pasó el 31 de Octubre y Colombia sigue disfrazada. No se han descolgado las plagiadas calabazas gringas y diciembre arremete con su esquizofrénico gasto y esa felicidad impuesta, casi decretada. Ya es hora de hablar de otros temas. Por ejemplo, de los disfraces que no se guardan. Y de eso si que saben los políticos, buenos y malos. Disimular y encubrir. Eso es disfrazar, que deriva del término desfrezar, con zeta, que significa borrar las huellas que dejan los animales. Las de algunos animales políticos –así los llamó Aristóteles, no este torpe escribiente– son imborrables.

Por ejemplo, en la Asamblea del partido de la U, que se disfrazó primero de Lanzamiento y luego de Debate público, quedaron huellas y disfraces indelebles. Uribe, por ejemplo, diestro en al arte de decir y maldecir, se disfrazó de nuevo de mesías, de líder absoluto y de camorrero amarrado a su clásico discurso veintejuliero. Ydijo que este gobierno es totalitarista, plegado al unanimismo y que habrá impunidad en el proceso de paz. Si, Uribe. De verdá pa´ Dios. En Halloween el diablo se disfraza de ángel y reparte hostias. Y Santos le respondió sin decirle a través de una frase directa disfrazada de comentario: “No vengo como un rufián de esquina a demostrar quién manda en el barrio”. Algunos dicen que eso fue ofensa, disfrazada claro con la elegancia de la metáfora. Definitivamente son un par de animales… políticos reitero. Y esta otra de Santos: “Por debajo del poncho se prepara una puñalada contra La U”. Parábola disfrazada de divorcio y colisión. Son igualitos: verdaderos maestros de la acrobacia… política insisto. Con hora y media de diferencia, cada uno hizo lo posible por evitar el encuentro con el otro, y no dudo, con la apoyo conciente de los organizadores y las barras. Eso es disfrazar un desencuentro.

No se quitaron sus máscaras y no dejaron de saludar a todo el mundo como si lo conocieran, y más aún, como si lo estimaran. No dejaron de prometer y hablaron de austeridad, de inversión social y hasta de libertad de prensa. Con su disfraz falaz de líderes y con el telón de la comedia, hablaron del otro sin pudores, pero sin mencionar nombres. Confrontaron ideas disfrazadas de insultos. O viceversa.  Halloween ha pasado, pero el simulacro continúa. Igual el de los asistentes a tan deplorable Convención, donde se habló de todo, menos de lo que concierne a un partido político serio: pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. Angelino y Juan Lozano estaban en primera fila vestidos de traje y disfrazados como precandidatos. Creo. Estaban en la fila, que se disfraza de cola.

Culminado el carnaval todos los asistentes supongo se quitaron la máscara de demócratas y volvieron por sus fueros: el cuidado y defensa de una posición, de un cargo, de un puesto, de una prebenda o de una persona. No olvidemos que los griegos llamaban al antifaz o careta prósopon y los romanos persona. Todos, somos otros muchos que nos habitan. Los periodistas se despojaron de la máscara tras de la cual se ocultaron sin vergüenza para no preguntar ocho años. Dos años. Da igual. Lo que vimos en la tal Convención fueron piezas draméticas, jocosas,en actos individuales y de carácter populista, verdaderos sainetes. Eso se sabía. Y el gobierno con sus pagados bufones, sale a pregonar una vez más que triunfó la democracia y se expusieron las ideas. Disfrazadas de egos, seguro.

Los colombianos nos disfrazamos cada día. A toda hora. Siempre. Todos lo hacemos. No solo Uribe y Santos. Y el resto. Nos ponemos el antifaz y evadimos impuestos o los eludimos. Los ricos roban en carruseles y aranceles y los pobres en tiendas y almacenes. Se roba el erario y el herbario. También energía, agua y los recursos para la salud y la educación. Los ladrones se quitan su careta y se disfrazan de marginados, de necesitados. Todos en Colombia se visten con ropajes de un estrato más alto al que pertenecen, para tirar despiste. O para tirar solamente. El corrupto se disfraza de servidor público y la servidora que ofrece su pubis, de santa. Los infieles, de honestos y las honestas, de máquinas de placer. El trabajador perezoso, de perseguido y el funcionario inepto, de explotado. Los brutos de intelectuales y éstos, de homosexuales. El futbolista tronco, de lesionado y el cura, de enviado. El violador, de abusado y el militar, de fugitivo. El policía, de ladrón y los hombres, de mujeres. Santos, de demonios y delincuentes, de mártires. La república, de patria y la última, la última, de boba.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cuatro × 3 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Angelino: recaída y cantinela   Todos sabemos que en política lo que importa no es saber quién es quién, sino quién está con quién. Y en ese sentido, tranquiliza saber que hoy casi todos están con Angelino. Valga aclarar si, están con el hombre enfermo, no con el político sagaz y obstinado. Frente a …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Angelino: recaída y cantinela

 

Todos sabemos que en política lo que importa no es saber quién es quién, sino quién está con quién. Y en ese sentido, tranquiliza saber que hoy casi todos están con Angelino. Valga aclarar si, están con el hombre enfermo, no con el político sagaz y obstinado. Frente a su situación, el presidente Santos ha dicho que apoyará cualquier decisión al respecto que tome el vicepresidente. Garzón entretanto repite hasta el cansancio las mismas frases que –con la indeterminación propia de los políticos avezados– dicen mucho y no definen nada. Le dijo el pasado jueves a Yamit Amat –en otra entrevista de reiteración desesperante– varias cosas susceptibles de analizar: Primero, que no había llegado a donde está de la mano de ningún político. Que le daría pena llegar a la presidencia de la república por un golpe de suerte. Y la filigrana que tiene en vilo a Bogotá, a sus medios y a la clase dirigente del país que se reúne en el Country Club, que la renuncia está en su agenda porque necesita tranquilidad espiritual y física para recuperarse junto a Monserrat.

Frente a la primera, es cierta. Angelino no llegó a donde está de la mano de ningún político, sino del abrazo estratégico de muchos. Del conservatismo rehecho de Pastrana para calmar las protestas de las centrales obreras, del liberalismo difuso de Uribe para apaciguar las críticas de los Estados Unidos por el asesinato de sindicalistas, y de la Unidad Nacional de Santos para que Juan Manuel se ungiera de pueblo y calle. Eso sin contar los abrazos que en el norte del Valle le dieron quienes apoyaron financieramente su campaña a la gobernación y aquellos que desde el azar le apostaron a su victoria. Cuesta creer que le de pena llegar a la Casa de Nariño ante la falta temporal o permanente (léase incapacidad o muerte) de Juan Manuel Santos. Esa es su única función.

No le dio pena como ministro de Trabajo traicionar los pliegos ganados al lado de sus ex compañeros de la CUT, tampoco vestirse siempre de amarillo sin ser del Polo, ni acompañar a Uribe a Washington para buscar el respaldo del Congreso de los EE.UU. frente al TLC y menos que éste lo nombrara Representante Permanente de Colombia ante las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza. No es un sinvergüenza, pero no le da pena. Otra cosa es su suerte, que radica en la destreza para ubicarse políticamente en la indeterminación.

Y su gran jugada, que merece párrafo aparte: la renuncia está en mi agenda de trabajo y mi futuro, en las nanos de Dios y del Señor de los Milagros de Buga. Una maniobra excepcional que se mueve entre la habilidad política, la malicia indígena y la devoción católica. Si el presidente de la república o del Congreso se lo piden, él se va. Y ellos no se lo van a pedir, porque la Constitución no se los permite y Angelino lo sabe. Fue constituyente y es consciente de los vacíos de la figura que hoy ostenta. ¿Entonces por qué anunció la posibilidad de la renuncia? Porque es un político hasta los tuétanos. Despertó la solidaridad de una sociedad que se doblega ante la adversidad de cualquiera. ¡Pobrecito! 

Atrás quedaron sus discrepancias con el presidente. Defiendo como un gato patas arriba el derecho a opinar, le había respondido sin responderle, a quien le había dicho sin decirle que el funcionario que quiera discrepar en público, pues no puede ser parte del Gobierno. Son las cosas de la diplomacia y de los altos cargos. Agarrarse de manera civilizada y no darse de trompadas. Menos ahora, que están unidos en el infortunio prostático, espada de Damocles que pende debajo de todos los hombres.

Ahora importan más que nunca los poco más de nueve millones votos con que fue elegido Juan Manuel Santos. Si Angelino aportó uno, un millón o la mitad o la tercera parte, no interesa, fue elegida la fórmula. Desde que el candidato Santos la anunció, se sabía que las distancias eran enormes y presagiaban diferencias. Por ellas precisamente fue llamado a conformar el binomio, para acercar la élite al pueblo y no puede ser que desde el cargo Angelino desaproveche esta oportunidad del destino. Las distancias claro, no son ideológicas, sino políticas, pero la posibilidad electoral no está enferma sino fortalecida. El utilizado ahora utiliza. Tiene un capital político, electoral, y lo está cuidando a costa de su salud, de su vida.

Luego del fracaso en la aspiración al primer cargo de la OIT, un problema coronario, cinco válvulas en el corazón, el accidente cerebrovascular, tres días en estado de coma, las 39 sesiones de radioterapia para extirparle un microscópico cáncer de próstata y una leve hemiplejía que limita sus motricidad y le obliga secarse constantemente la saliva, lo que debe reconocérsele a Angelino es que nunca y desde ningún cargo, deja de pensar en las próximas elecciones. Por eso aprovechó su recaída para reiterar su cantinela.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

5 × 2 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  El libro de Uribe   Con el cubrimiento internacional y la aparición en el mercedo del libro del ex presidente Álvaro Uribe, “No hay causa perdida”, se confirma que la opinión pública en Colombia (y en todas partes) es la menos pública de las opiniones. Es –en el mejor de los casos– el resultado …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

El libro de Uribe

 

Con el cubrimiento internacional y la aparición en el mercedo del libro del ex presidente Álvaro Uribe, “No hay causa perdida”, se confirma que la opinión pública en Colombia (y en todas partes) es la menos pública de las opiniones. Es –en el mejor de los casos– el resultado de la quema de los cartuchos que configura todas las formas de poder para imponer una verdad. El país mediático ha pasado por encima, y a considerable altura, del texto autobiográfico del dueño de El Ubérrimo. Muy pocos le han dedicado ahora extensas entrevistas al célebre y patriótico personaje nacional. Muy pocas reseñas se leen del libro, es más, se reseña con cierto desdén. La prensa internacional, sin embargo, le ha dado más vitrina que la nacional. Resulta claro que hoy el protagonista es otro. Importa mucho más la extirpada próstata de Juan Manuel o la recuperación motriz de Angelino, que las líneas de Álvaro. Importa más el nuevo mandato del nuevo mejor amigo de Juanma, que las críticas de Uribe al proceso con la FAR. Importan más, el producto que usa Falcao para alisarle el cabello y los codazos de Teo, que el testimonio de quien estuvo al frente del país ocho años. Uribe padece la letra de  Tite Curet Alonso: es un periódico de ayer.

Es la opinión pública. Momentánea, actual, maleable, voluble, cambiante, inestable, efímera, fugaz, intrascendente. Podría vaciarme en sinonimia y ningún  término la representaría a cabalidad. Así es ella de compleja. Jaime Garzón la comparó alguna vez con una gallina de campo, que come al vaivén de lo que se le aparece: un grillito, un gusanito, una hierbita y las gracias naturales de cualquier mamífero, incluidas las humanas. No tiene rumbo, o mejor, su rumbo es incierto.

¿Dije rumbo? ¿No es esa acaso la gallinita aquella? ¡Sí, la gallinita de Uribe!, o bueno, una de las tantas metáforas del ex presidente. ¿Y habla de ella en el libro? No. Mejor dicho, si, pero no la nombra. ¿Y tampoco a los huevitos? Tampoco, mejor dicho, también. ¿Cómo así? No pues nada, mejor dicho, todo. Si, el libro es la versión seria, su versión seria, sin carnitas, ni huesitos, ni gusticos, ni retórica popular, pero con una carga ideológica que ya quisiera cualquier presidente de Congreso. Habla de todo y de todos. Agradece a Santoyo y evoca la hacienda Guacharacas, propiedad de su padre asesinado. De Santos y de Lina, de Jerónimo y Tomás, pero no de sus negocios. De los buenos, claro está. De Chávez y García Márquez.

El libro es sin duda un testimonio, y como tal, rinde homenaje a los antiguos romanos que ante el estrado se tomaban las partes nobles para hablar. De allí viene testificar. De testículo y dicen que Uribe los… bueno, se dicen tantas cosas.

Lo cierto es que quien trate de ejercer una influencia concreta sobre ésta o cualquier otra sociedad, debe trabajar en procura de atestar certeros golpes sobre ella –la opinión, no la gallinita– con estrategias que son tan viejas como la palabra misma. El ex presidente Uribe en particular y en general los políticos, saben del cuento. Víctima de su propia estrategia, una vez dejó la Casa de Nariño, pasó en menos de tres meses de héroe a villano. Ya no es el rey de esos sondeos de opinión amañados a los llaman encuestas, ya no es el salvador mesiánico, ya no es el llamado a derrotar la guerrilla, ya no es el presidente.

Ahora es Santos el milagroso y Uribe, el peligroso. Para manipular la opinión pública, es preciso exacerbar el verbo y las pasiones, para que la adhesión a las ideas que se presenten como la verdad revelada, tenga el mayor número de seguidores. Uribe y Santos lo saben. La adhesión se pega literalmente con babas, a través de la palabra. La diferencia radica en el estilo, no en el contenido. Uribe quema sus cartuchos con el libro, pero la artillería está del lado de Santos. Uribe critica, santos aplica. Uribe ex, Santos es. Hay que leer el libro de Uribe, “No hay causa perdida”, no porque la de Uribe –o la de Santos– esté perdida, sino porque de cuando en cuando viene bien recordar que nadie como los políticos para conocer el país, y nadie como ellos, para dejarlo como está y expiar sus culpas infinitamente y señalar a los otros como culpables, de la misma manera. Es y son lo mismo, pero diferente. ¿Me entiende? ¡No!. Bueno, disculpe usted, utilicé lenguaje político.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cuatro × 1 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  La movilidad y las motos en Cali   Hace unos años la cultura popular acuñó una frase que se popularizó en el programa Sábados Felices. ¡Bacana tu moto! La hizo célebre un personaje que hacía el hoy fallecido Carlos “El Mocho” Sánchez, Cleofe. Se refería –de manera irónica claro– a cierta desfachatez frente a …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

La movilidad y las motos en Cali

 

Hace unos años la cultura popular acuñó una frase que se popularizó en el programa Sábados Felices. ¡Bacana tu moto! La hizo célebre un personaje que hacía el hoy fallecido Carlos “El Mocho” Sánchez, Cleofe. Se refería –de manera irónica claro– a cierta desfachatez frente a determinado problema o planteamiento. Era una especie de “no estoy de acuerdo con lo que propones”. La traigo a colación porque hay tantos desacuerdos frente al tema de las motos, como de cara al de la movilidad. Y muchos no están de acuerdo con algunas soluciones.

Que Cali está invadida por enjambres de motos, que generan accidentes y pérdidas al sistema de salud por la cantidad de heridos y muertos, que son generadoras de ruido humeante, que no hay vías adecuadas para ellas, que no se permite el parrillero hombre, que el mototaxismo, que horario restringido, que más impuestos para controlarlas y hasta pico y placa y restricción por comunas, han propuesto para ellas.

Y en cuanto a la movilidad, pues convergen otro tanto. Que el MIO es una solución que se quedó corta, una visión elitista de progreso pero no de desarrollo, que en la ciudad hay más taxis que en Nueva York, que a pesar de las Megaobras la malla vial es una prueba de atraso y subdesarrollo, que los huecos reducen el promedio de velocidad, que las pocas vías principales se cierran indefinidamente, que no se trabaja en ellas de noche como en las grandes urbes, que son escasos los parqueaderos públicos y amplia la invasión del espacio público, que los concesionarios pagan impuestos irrisorios por inundar la ciudad con más carros y que en la ciudad ruedan vehículos producto de la conurbación: Palmira, Yumbo, Jamundí, Candelaria y más. Y a todo ello, se une la cultura del carro particular como símbolo de estatus y ese complejo motelero de querer llegar en el vehículo hasta tres pasos del lugar de destino. Dime qué carro tienes y te diré cómo te ha ido en la vida.

Nadie con un mínimo de sentido común está en desacuerdo con el desarrollo, el problema es que con un mundo donde el 80% de la población es pobre y el planeta está en peligro, el modelo de progreso ha fracasado. La iniquidad, la concentración de capital, las necesidades básicas insatisfechas, la calidad de vida reducida, un consumismo desaforado y una industria sin conciencia ecológica, son a la vez causa y consecuencia. La situación, sin embargo, no es nueva. Un millón de campesinos de las estepas rusas murieron cuando Joseph Stalin introdujo el tractor con la idea de incrementar la producción agrícola. Hoy Chile o Perú, que deben a la minería buena parte del crecimiento de sus economías, evalúan sus nocivos efectos sobre el aire y sus escasos manantiales. En el Valle de lo que queda del río Cauca las máquinas para recoger la caña de azúcar dejaron cesantes a miles de corteros. Y el MIO a cientos de conductores, porque los dueños de las empresas de buses pasaron a ser accionistas de un negocio formidable donde el estado adecúa las vías con el dinero de los contribuyentes y unos privados administran, operan y usufructúan el negocio. El MIO pierde en las estaciones el tiempo que gana en la movilidad. Nadie quiere más guerras del centavo, ni congestión, ni hombres cuya concentración debía alcanzarles para conducir, recoger pasajeros, cobrar, entregar vueltos, dejar, alegar y ponerse su sueldo en extenuantes jornadas de más de doce horas. El MIO va atestado, pero con aire acondicionado. Para él no opera el sobrecupo. El negocio marcha bien, aunque no haya solucionado el problema. La ciudad crece verticalmente y todo se llena.

De modo que como van las cosas, las motos seguirán siendo la opción más económica y rápida de transportarse. No importa que el conductor sea el chasis en un accidente y que la familia básica (cuatro personas) la utilice a pesar de todos los riesgos. Las motos son el medio de transporte de los estratos bajos y cada día es más fácil acceder a créditos para subirse a una. El 97% de los motociclistas en Cali pertenece a los estratos uno, dos y tres. No hay ninguna comuna que escape a su influjo. Para muchos colombianos la moto es su único y más barato medio de trasporte. Una persona que tome cuatro veces diarias el MIO se gasta $6.400. 20 días hábiles al mes, sin contar fines de semana, son $128.000 y hay cuotas mensuales para tener moto desde $50.000 y las entregan con la cédula. Ese es el negocio socio. En las zonas rurales, donde más que carreteras hay trochas inacabadas, la motocicleta desplazó al caballo y hoy junto al ronronear de las motosierras son testimonio de modernidad y mecanismo de movilidad. Las motos en Cali puntean en cada semáforo un flujo vehicular donde son obstáculos. Es un hecho irrefutable que hoy en las ciudades se maneja al ataque y no a la defensiva, pero con ellas la consigna es protegerse porque en un accidente llevan las de perder y esa pérdida, es culpabilidad del automóvil.

Por eso Cleofe –o Carlos “El Mocho” Sánchez – tenía razón ¡Bacana tu moto! es una ironía, mientras es el medio de transporte de las clases populares, se ha convertido en la enemiga de las mejores favorecidas, de aquellas que pueden tener carro y por ello, parecieran creerse dueñas de las vías. Hizo carrera que las motos eran la venganza del Japón por Nagasaki, pero no, son otro medio de transporte que como todos necesita responsabilidad y normas. Kawasaki no es Nagasaki, ni motos es muerte. La cuestión es entender el fenómeno, adecuar la concepción ciudadana, el espacio y organizar la utilización del medio.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

catorce − 3 =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Millos y la paz   Todavía se estaban meciendo las lámparas, los cuadros y las conciencias de los colombianos que sentimos el temblor del domingo, cuando irrumpió el chiste nacional al respecto: Fue de 8.0 en la escala de Millos. No debe extrañarnos, junto con la envidia, el chisme y el tejo, la burla …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Millos y la paz

 

Todavía se estaban meciendo las lámparas, los cuadros y las conciencias de los colombianos que sentimos el temblor del domingo, cuando irrumpió el chiste nacional al respecto: Fue de 8.0 en la escala de Millos.

No debe extrañarnos, junto con la envidia, el chisme y el tejo, la burla ante la desgracia ajena es deporte nacional. Y no lo digo por el movimiento telúrico que, más allá de opacar la noticia sobre las desérticas consultas internas de los particos, sirvió para sacarnos del soporífero letargo dominical. Lo menciono porque la propuesta de Fernando Gaitán, presidente del Club hecha allende nuestra fronteras, de estar estudiando la posibilidad de devolver dos de las trece estrellas del escudo del equipo, solo fue bien recibida en el sagrado recinto donde la palabra puede con todo y donde se cuecen la mayor parte de desgracias nacionales: en el Congreso de la República. De resto, lo que hubo fue una andanada de improperios para quien a mi juicio lo único que estaba haciendo era tantear desde el extranjero el escenario para el lanzamiento de su carrera política.

La propuesta, es una cuestión intrascendente en la práctica, pero determinante en su significado y efectos. Un acto simbólico con un alto impacto espiritual que sacó a relucir toda la antipatía patria, todo el arraigo por la competencia desleal, por la ventaja a ultranza. En suma, el todo vale con el que Mockus asustó a Uribe e ilusionó al país. La derrota de Millonarios ante el Real Madrid ha servido para todo, pero sobretodo, para castigar el atrevimiento de un acto pacifista en una nación belicosa.

Creo que contrario a lo que se vocifera, en Colombia muy pocos quieren la paz. Es probable su anhelo colectivo, pero sin hacer nada en lo individual para lograrla. Siempre es tarea de los demás, de los otros. No somos un país de personas consecuentes. No hay unidad entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

Reconocer que nuestra sociedad está permeada por el narcotráfico (no sé por qué hablan en pasado) sería un principio de pudor que nos lleve a ser una mejor sociedad, pero habrán de pasar varias generaciones y más, sino comenzamos por reeducar ya. He preguntado muchas veces cuántos muertos hacen falta para darnos cuenta que ya han sido suficientes y solo la violencia responde. Pareciera que todos llevamos un paramilitar por dentro: la guerrilla hay que acabarla a bala. Los ladrones hay que matarlos. También a los corruptos, y a los violadores, y hasta a los borrachos asesinos. Y ni qué hablar del narco que habita en el alma nacional: pida que yo pago. Eso con plata se arregla. La ostentación es la reina de nuestra idiosincrasia. Nos gustan sus mansiones, sus fincas, sus camionetas, solo que no tenemos sus recursos, y entonces, solo nos queda denigrar de su pésima estética. Como buenos colombianos somos fieles herederos de José Alfredo Jiménez, aquí vida no vale nada. Tampoco la honestidad, ni los actos simbólicos y menos la educación.

El ballet azul, al que dicho sea al paso bailaron en la capital española, ha ganado 13 títulos del rentado nacional, dos de los cuales ocurrieron bajo el manto nefasto del dinero de Gonzalo Rodríguez Gacha. Lo mismo ocurrió con América de Cali y Nacional de Medellín. Dos equipos y dos ciudades que han debido cargar con el estigma, como sin ningún otro equipo y ninguna otra ciudad, hubiera gozado y padecido la influencia del narcotráfico. No fueron solo Escobar o los Rodríguez. No sé a quién se le devolverían las estrellas de Millonarios, pero si sé que este país tocaría devolverlo todo. Presidencias, gobernaciones, alcaldías y miles de honorables títulos como concejales, diputados y congresistas.

Los hoteles deberían devolver también sus estrellas y las ventas de vehículos se estrellarían financieramente sin devolvieran todos los recursos obtenidos por la venta de carros lujosos que les compraron y aun compran los mafiosos. Y las discotecas, y los centros comerciales, y la agencias de viajes, y las prepago, y los restaurantes, y las joyerías, y los contadores que le llevaban y llevan sus dobles contabilidades, y los abogados que los asesoraban y asesoran, y los arquitectos que diseñaban y diseñan sus mansiones y caletas, y los periodistas a su servicio, unidos a un batallón de sirvientes. Todos.

Somos una sociedad que señala y no reconoce. Nadie quiere ser menos que el otro o devolver algo, tener es más que ser y una propuesta como la de Gaitán –no Jorge Eliécer- es vista como una rendición, como una pérdida. Con el dinero de la cocaína contrataron a los mejores que incentivados por premios desorbitantes lo ganaban todo en el fútbol colombiano. Y si no, entonces venía el apoyo de la corrupción y la violencia. El hombre del maletín o de la ametralladora. Las cosas se arreglan con metales: plata o plomo.

Pero valga evocar una frase del caudillo liberal muy a propósito del tema, cuando llamó al pueblo a la restauración moral y dijo ¡A la carga! Eso es lo que necesitamos. Una lucha por la restauración moral de Colombia. Esa puede ser la moraleja que nos deje la propuesta del presidente de Millos. Ese puede ser el principio que nos deje el presidente Santos y el nuevo proceso de paz. Pero el primer Gaitán hasta cuando se equivocaba era brillante: "Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que si lo hace el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal." Sobre lo segundo, tenía razón. También el segundo Gaitán.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cinco − tres =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

  Borrachos al volante: ver, deber y beber   No es extraño en el mundo de quienes acuden a las letras para exorcizar sus demonios o hacer sublime un oficio que otorga fama y dinero cuando el cuerpo está exprimido de tanto guayabo sin tregua, empinar el codo. Lo que si es extraño es que …

Sobre Verbos, por Lizandro Penagos

 

Borrachos al volante: ver, deber y beber

 

No es extraño en el mundo de quienes acuden a las letras para exorcizar sus demonios o hacer sublime un oficio que otorga fama y dinero cuando el cuerpo está exprimido de tanto guayabo sin tregua, empinar el codo. Lo que si es extraño es que uno deba escribir en contra de lo que le gusta y más, que reconozca el peligro de unos tragos mal administrados. Pero desde el escándalo protagonizado por el senador Eduardo Merlano, el tema obliga. La mezcla alcohol y gasolina está más amenazada que cualquier protagonista de novela y aun así todos los días los medios registran accidentes, heridos, muertos, y quién lo creyera, más Merlanitos. Dicen que hay tomadores sociales y bebedores compulsivos, pero no es cierto, todos los borrachos son iguales. Tercos y peligrosos, aunque la primera característica pueda ser a veces inofensiva, la segunda es letal, así solo para el sumido en la ebriedad. Los beodos están en todos los estratos y condiciones, lo que pasa es que a quién puede atropellar quien no tiene carro o a quién, cuando es un chofer el que lo lleva dormitando su rasca monumental en la parte trasera de su flamante vehículo. Juan Lozano –ponente de la Ley que endureció las penas para los borrachos al volante y miembro del mismo partido que Merlano- o cualquiera de los congresistas colombianos, puede darse el lujo de echarse unos tragos y salir en la parte trasera de su camioneta blindada, con su corte de escoltas y no arriesgarse a un parte por conducir bajo los efectos del alcohol.

Lo cierto es que para el resto de los mortales, una cerveza o una botella de aguardiente en la sangre -no importa nada más-, son cuando menos el pase a un comparendo, a un soborno monumental o a la suspensión de la licencia. Cuando más, una lesión de por vida o la muerte. La consigna es: soplar. La prueba de alcoholemia es obligatoria y negarse a ella, automáticamente otorga grado tres y suspensión de cinco años. Está comprobado que unas personas más que otras controlan el alcohol y no se dejan embeber por sus vapores. Tiene que ver con la resistencia y resiliencia del organismo, la capacidad de recuperación, y claro, con la educación y la cultura. No todos los bebedores recorren ese lecho de dulces bálsamos que con tragos en exceso se convierte en la ruta al calvario en coche, pero fúnebre. Pero la ley no puede detenerse en esos detalles. Si hay alcohol en la sangre, hay problemas, y de nada valen las disculpas, la posición, el cargo o la resistencia al trago. Es común que los infractores disculpen su dipsomanía con que los europeos beben vino a toda ahora y que los alemanes cerveza en cualquier momento, pero ningún borracho confeso admite que sus reflejos y conciencia se afectan cuando bebe.

"El borracho" -canta Rubén Baldes- "está convencido que a él el alcohol no le afecta los sentidos, por el contrario que sus reflejos son, mucho más claros y tiene más control. Por eso hunde el pie en el acelerador, sube el volumen de la radio para sentirse mejor, bien chévere"… y el resto es historia: accidentes, heridos y muerte, que -debemos reconocer- si fuera sólo de los borrachos, sería una cifra tan escandalosa como la actual, que incluye abstemios transeúntes. Argumentaron algunos legisladores: una cosa es templarse dos whiskeys y otra emborracharse como un indio. Nada. Es un tema de ciudad y movilidad, no de clases o de élites, pero si de cultura popular, que todo lo celebra con licor. No importa si la rasca es con chicha o con Dom Pérignon, la ley se aplica. La cuestión es educación y prevención. Por ahora es represión y sanción. 

Escribe Roberto Rubiano Vargas en un artículo titulado "Con una mano escribo y con la otra me sostengo, que el vino, el licor, el trago, o sea todos esos fermentos de frutos y cereales que alteran la percepción, son parte de una amplia farmacopea que el hombre ha utilizado –desde que vive en sociedad- para celebrar sus alegrías o calmar sus ansiedades". La tarea de re-educación es compleja y dispendiosa pues en Colombia se toma por todo: por un nacimiento, por una muerte, en un matrimonio o en un velorio, por una alegría, o en medio de un despecho, en un cumpleaños, por placer, en medio del amor o en las faenas del sexo, porque el equipo ganó, porque empató, porque perdió. Por todo. En leyendas de la tradición oral, en la Biblia y en otros libros de origen sagrado, se menciona el licor como fluido esencial en la dieta cultural de la humanidad. De hecho la religión católica a pesar de condenar el consumo de alcohol, lo incluye en su ceremonia principal donde simboliza la sangre de Cristo. En las vías y carreteras de Colombia también ha derramado sangre. Está bien que se sancione, está bien que se multe, está bien que se aplique la ley. Pero está mal que no hayamos comenzado por educar de nuevo. No será fácil cambiar este modelo de comportamiento, es probable que como nación no dejemos de cantar a pecho abierto Soy colombiano, nuestra canción insigne y que comienza A mí deme un aguardiente

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

17 + veinte =

Acerca del Autor

Redacción Noticiero 90 Minutos

El Noticiero 90 Minutos es un noticiero televisivo y de internet radicado en Cali, Colombia, en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Occidente, desde donde emite noticias con alcance local y regional para los cuatro departamentos del suroccidente colombiano: Cauca, Chocó, Nariño y Valle.Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en: https://90minutos.co/senal-en-vivo Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/Noti90Minutos y en You Tube: http://www.youtube.com/Noti90Minutos

Noticias Relacionadas