domingo, septiembre 26 2021

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Bloqueo

Empresas en quiebra. Infraestructura destruida. Salud en crisis. Rabia. Desánimo. Depresión. Amistades rotas. Familias en discordia. Sociedad resquebrajada.

Bloqueo
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Tal vez muchos estamos sintiendo eso. Como que sí, como que no, como que también, pero tampoco. Nos sentimos bloqueados. En especial yo, a la hora de escribir esta entrada.

Empresas en quiebra. Infraestructura destruida. Salud en crisis. Rabia. Desánimo. Depresión. Amistades rotas. Familias en discordia. Sociedad resquebrajada.

Nos partimos en pedazos.

Pero aparte de eso perdimos la confianza. La parte más complicada del asunto es la infiltración de entes violentos que ha convertido nuestro bello terruño en una especie de Ciudad Gótica en la que todo puede pasar a la vuelta de la esquina. Sentimos muchísima aprensión.

Muchos hicieron que nos viéramos unos a otros como enemigos. Caínes contra Abeles. Gente que cohabita en el mismo espacio, “gruñéndose” unos a otros. Agrediéndose. Disparándose. Virtual y físicamente.

Qué tragedia.

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Amigos de años que jamás habían enfrentado una situación similar, tirándose puyas de la peor calaña en redes sociales totalmente llenas de improperios e inconveniencias. Amenazas. Imprudencias de todo calibre. Más amenazas.

Dos meses después de la fractura social que empezó el 28 de abril de 2021, tenemos muchas heridas por sanar. Entre ellas, la más importante: las pérdidas humanas. Muchos jóvenes, que de ser otras las circunstancias, seguirían siendo esperanza para sus familias.

Y aparte, la cantidad absurda de casos de CoVid que se disparó tras las manifestaciones que duraron 2 meses. La vacunación, pese a toda la desinformación existente es un plan que va viento en popa. Pero hace dos meses no era tanta la gente vacunada y por ello mismo el peligro era algo inminente.

Hoy vemos los resultados: tenemos en el país aproximadamente una ocupación del 98% promediando las regiones. Y con ello, un colapso hospitalario que tiene cerradas las salas de cirugía salvo para casos de vida o muerte. Y básicamente esos casos enfrentan la gran posibilidad de contagio al ser atendidos. Aquellos que tienen procesos pendientes, sufren las consecuencias, las incomodidades y los dolores que les aquejan, sin esperanza de una fecha de apertura pronta.

Seguimos bloqueados.

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Hemos perdido a mucha gente. Como existe en teoría –ampliamente demostrada- una separación mínima de 6 grados entre nosotros, a todos nos ha tocado la muerte de alguna forma en los dos meses más negros de la historia reciente. Ya sea por el virus que nos flagela o porque alguien conocido, vecino o amigo ha sido víctima o perdido a alguien durante la ola de violencia que azotó a la ciudad durante los –absolutamente sin precedentes- enfrentamientos que se dieron en todo el país, pero especialmente en nuestra Sultana del Valle, que fue sin más adorno, la más perjudicada en todo este proceso.

También perdimos infraestructura. Medios de transporte, sobre todo. Y esa pérdida perjudica en gran manera a aquellos que se pretendía defender con las manifestaciones. Contradicción total. Perdimos mucho de nuestra identidad. Perdimos la cordialidad. ¡Perdimos tanto!

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Es hora de recomponer nuestro tejido social. Tarea bien difícil, porque la ciudad está dividida en dos: los que luchan por lo que consideran sus derechos y los otros que también luchan por los que consideran sus derechos. Si se tira una moneda al aire, cae parada. No es posible determinar quién se siente más atropellado. Lo lograremos. Con trabajo, con esfuerzo, con amor. La velocidad depende del empeño.

Los problemas sociales que nos aquejan por culpa de una constante corrupción –que según cuentas ya pasa de ser un asunto de casi un siglo- no pueden resolverse de la noche a la mañana. El sector oficial ha cometido tremendos abusos y los que protestan también.

Es de todos conocido que las cosas se arreglan hablando, pero cuando no hay voluntad suficiente de las partes involucradas ese proceso se torna virtualmente imposible. El gobierno ha hecho la vista gorda desde hace muchísimo tiempo y ha cometido demasiados errores. El pueblo se cansó y habló. Fuerte y claro.

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Debemos poner más que un grano de arena, un grano de mostaza: fe en la reconstrucción y en la reconciliación. Dejar a un lado las inquinas y la zozobra. No podemos seguir pensando que todos somos enemigos.

Como el ave Fénix, debemos levantarnos de las cenizas para remontar de nuevo el vuelo hacia nuevos rumbos.

Y desbloquearnos. Como sea. Mental, emocional, moral y físicamente.

Es necesario. Ya no aguantamos más.

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Acerca del Autor

Diana Serna

Hija de periodista y madre con mucho talento musical. Estudié Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Occidente. Soy Adicta al cine y la tecnología. A los siete años, un locutor me sugirió dedicarme a otra cosa porque cantaba muy “pasito”. Efecto: he cantado con algunos de los más grandes y tengo una mención de Grammy Americano en la pared. El nuevo reto es este blog. Imposible no existe. Solo hay gente incapaz.

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