Miércoles, Septiembre 19 2018

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¡Averígüelo Vargas!

Tan eficaz era don Francisco de Vargas Mejía, alcalde de corte de los Reyes Católicos, que la reina Isabel y el monarca Felipe II, terminaron por convertir el encargo que siempre le hacían, en rúbrica para todos los documentos que suponían una tarea compleja: misiones diplomáticas, investigaciones de sucesos especiales, tareas específicas de indagación y, …

¡Averígüelo Vargas!

Tan eficaz era don Francisco de Vargas Mejía, alcalde de corte de los Reyes Católicos, que la reina Isabel y el monarca Felipe II, terminaron por convertir el encargo que siempre le hacían, en rúbrica para todos los documentos que suponían una tarea compleja: misiones diplomáticas, investigaciones de sucesos especiales, tareas específicas de indagación y, sobre todo, casos de solución apremiante. ¡Averígüelo Vargas! era pues -sin exagerar un ápice-, sinónimo de cúmplase.

Tan eficaz ha sido Germán Vargas Lleras, que ya casi nadie se acuerda de Angelino. Bueno, de Angelino y del resto de vicepresidentes que cargaron una cruz terrible: estar en la banca por si al titular le pasa algo. Debieron todos sentirse peor que James en el Real Madrid, al que le está pesando ese diez. A Vargas Leras no le pesan un gramo las 4G, pues su estado físico es envidiable. Fumador empedernido y dipsómano discreto, es un velocista nato que sabe cuándo picar y rematar una carrera. En la que lleva a la presidencia, va punteando y aseguran anónimos subalternos, que también puteando. Como buen Lleras, es un cascarrabias de miedo. Carácter, dicen sus áulicos.

De notable familia, don Francisco fue persona de gran influencia en la corte y mano derecha de Carlos I. De Felipe II, ‘El rey prudente’, fue su mayor consejero. Aunque éste llegó al trono con tan solo 28 años, su excelencia académica era tan amplia como su don de gentes y se hizo acompañar de Vargas en las decisiones trascendentales. Para 1570 -diez años después de la muerte de Vargas- cuando atenuó el ritual borgoñón de la corte y ordenó que se le tratara de “Señor” y no de “Majestad”, ¡Averígüelo Vargas! era una orden de perentorio cumplimiento.

De notable familia, su mamá -fallecida cuando Germán tenía 13 años- es doña Clemencia Lleras de la Fuente, hija mayor de Carlos Lleras Restrepo; y su papá, Germán Vargas Espinosa, un cachaco honorable al que el adjetivo no le quedó grande en vida. Otros miembros de su linaje, son Lorenzo María Lleras, abuelo en cuarto grado, quien ocupó diversos cargos y como alcalde de Bogotá sacó a Manuelita Sáenz de la capital en 1834. También, José Félix de Restrepo, su abuelo en quinto grado, quien fuera maestro -cuando los profesores eran buenos y se llamaban así- de protagonistas de la independencia como Francisco Antonio Zea, Francisco José de Caldas y Camilo Torres. Siempre reservado y antipático, Germán tiene historia a cuestas. 

La historia nos cuenta, que desde los tiempos en que los Reyes Católicos lo disponían todo, algo difícil de explicar o de investigar, remite a la frase graduada hoy de refrán y a que don Francisco Vargas fue -además de funcionario del Escorial-, una escoria que implantó el espionaje en el reino. Lo cierto es que investigó todo cuento le fue ordenado, pero jamás aspiró a nada más. De hecho, tras larga vida de servicio a España se retiró y murió solo -como mandan los cánones jerónimos- en el convento toledano de Sisla. Siempre leal y arriesgado, Vargas Mejía no fue -como los espías- un traidor natural, sino un servidor leal.

La historia nos cuenta, que -con las debidas disculpas a su señor padre- Germán Vargas Lleras es más Lleras que Vargas, pues desde que su abuelo, el expresidente Carlos Lleras Restrepo, lo nombró su secretario privado y luego lo ungió con una dedicatoria temeraria: “Para Germán Vargas Lleras, de quien espero me supere en el servicio del liberalismo y de Colombia, con el entrañable afecto de… Carlos Lleras Restrepo”, el muchacho no volvió a ser el mismo. En un amañado perfil que publicó la Revista Semana, tras su campaña a la presidencia, puede leerse una trayectoria política en la que lleva 25 cultivando votos.

Admirado y odiado, don Francisco Vargas fue tan leal con la Corona como desleal con sus iguales. Algunos textos dan cuenta de ello y aseguran que más que descubrir los asuntos oscuros de los enemigos del Reino, sus esfuerzos estuvieron orientados a impedir que se descubrieran, dando a conocer escandalillos de sus amigos, es decir, de fieles y leales funcionarios de sus majestades, los Reyes Católicos.      

Admirado y odiado, hace poco -el 2 de diciembre de 2015- Germán Vargas Lleras se desmayó y por primera vez el país vio al hombre recio derrumbarse, y con una agravante, ante cámaras de todo tipo. El hecho, solo comparable con la mojada de pantalón del presidente Santos, generó toda suerte de especulaciones y como es apenas lógico, puso a buena parte del país a preguntarse por la salud del hombre que regirá los destinos de Colombia. Y esa es la preocupación, porque salvo un hecho excepcional como la muerte o la incapacidad física severa -se comprueba con evidencias que la mental no ha sido óbice-, Vargas Lleras será presidente de la nación. Es el sucesor natural de Santos y hace parte de la élite rancia, dinástica y monárquica, que nos gobierna hace más de doscientos años. Aunque inicialmente se dijo que el desmayo obedeció a una fatiga por la excesiva carga laboral -lo que es cierto, pues el Vice anda inaugurando vías y viviendas a diestra y siniestra-, exámenes médicos dieron cuenta de un meningioma, un tumor cerebral benigno, y la intervención quirúrgica fue inaplazable.

Está convaleciente, pero la incertidumbre acecha. Será que Vargas Lleras deja el cigarrillo, el whiskey, hace ejercicio, come a horas, pelea menos e inaugura menos obras, baja de peso, enfrenta los designios de su abuelo, y lo más importante, se recupera totalmente para asumir la Colombia del posconflicto y no traiciona a Santos. ¡Averígüelo Vargas!

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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