miércoles, octubre 28 2020

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Así es el regreso a la ‘normalidad’ en España

Una periodista caleña le narró a 90 Minutos cómo ha sido el retorno a las actividades económicas en la Península Ibérica. Mientras algunos temen salir a la calle y contagiarse, otros se arriesgan y quieren volver lo más pronto posible a sus tareas cotidianas. Crónica dese la Madre Patria.

Así es el regreso a la ‘normalidad’ en España
Crédito de foto: Especial para 90 minutos.co

Por Carmen Andrea Rengifo

Especial para 90 Minutos desde Sevilla-España

Colombia se prepara para volver a la “normalidad” en algunas ciudades y entra un periodo de desescalada gradual, aunque se mantiene el aislamiento preventivo obligatorio. España está a punto de entrar en la fase 3, la etapa tiene aperturas, pero aún muchas restricciones, luego de 76 días, desde el inicio de la cuarentena. Aquí les contamos como ha sido el proceso de desconfinamiento que ha vivido el país ibérico. 

El chico aprieta el atomizador, el gel no sale, lo presiona duro, se frota el líquido viscoso en las manos, me pide que repita la operación. Presiono el dedo sobre el envase y el gel sale disparado hacía mi cara y mi camisa, el hombre pone una sonrisa nerviosa, excusándose por algo que no es culpa suya. Está protegido con una mascarilla transparente, nos hace pasar a la mesa, ─las mesas están separadas con al menos un metro de distancia─. Nos enseña el código QR para escanear la carta. No tengo datos en mi celular es lo primero que pienso, cómo puedo ver la carta, le pregunto. Me dice que puede traerme una desinfectada. Por fortuna una de las personas con las que estoy me presta su celular. Mi amiga ha llegado minutos antes, cuando la veo intento acercarme, una reacción espontánea, ella se retira y me dice que choquemos los codos, esa es su nueva forma de dar el saludo y reemplazar el doble beso español. Otra persona llega a la cena, nos sentamos separadas por una silla. Las personas que atienden la mesa se muestran inexpertas en este nuevo funcionamiento de atención al público, por momentos se acercan demasiado, luego se percatan de que hay gente que no lo tolera y se retiran con vergüenza. A la hora de pagar la cuenta, nos pasan un datafono (punto) plastificado para que cada uno inserte la tarjeta. 

Casi toda España está en fase 2 de la desescalada, hemos pasado por varias etapas, en la fase de confinamiento solo se podía salir al mercado, a la farmacia, a las panaderías o a sacar el perro en un radio de un kilómetro, yo cumplí a rajatabla con el encierro, el día de mi cumpleaños (23 de abril)  salí a la tienda a comprar una torta y me desvíe un poco del camino, terminé en una calle turística, solitaria, la policía estaba haciendo control, entré en pánico pensando que me iban a detener, me sentí como una delincuente, mi delito: caminar un poco. El día de la cena supe que una amiga salía a diario con la bolsa de mercado, recorría varios locales sin comprar nada, esa era su manera de “escaparse” de su confinamiento sin ser detectada. 

En la fase cero fuimos felices, se abrieron las puertas para salir a hacer deporte de forma individual con horarios restringidos. “No sabes lo emocionada que estoy de poder salir a correr, estoy llorando” me dijo a través de una nota de voz una amiga, nos separan escasos dos kilómetros de distancia y más de 50 días sin vernos. Cientos de personas salieron, cronometrados, a darse un paseo. La mayoría de gente cumplía los tiempos establecidos, sin embargo, el número de multados ha ido creciendo, según cifras del Ministerio de Interior de España la policía es la que más sanciones ha puesto desde el inicio de la cuarentena, 369.597, seguida por la Guardia Civil con más de 290.000, y la Policía local con 268.672. 

Saltarse la ley en España equivale a pagar una multa de entre 600 hasta 10.000 euros. Un golpe al bolsillo. El estado de alarma decretado desde el pasado 14 de marzo y que irá hasta el 7 de junio ha tenido muchos detractores, sin embargo, las restricciones han llevado a un descenso del número de personas muertas, tras 75 días y con más de 1.000 casos diarios, el reporte es de 38 fallecidos la última semana. Las multas versus el estado de alarma tienen entre sus defensores a cientos de abogados y bufetes que se han lanzado al mercado a cazar infractores para buscar la forma de eliminar las sanciones mientras que el ejecutivo se prepara para defender ─nuestras prioridades la salud de las personas, ─dijo Pedro Sánchez, Jefe de Gobierno. Para pasar a la fase 0 los habitantes de Madrid y de Cataluña tuvieron que esperar más que el resto del país, era en estas zonas en donde más contagiados había. “Nos tienen secuestrados en casa” comentó una persona tras la decisión del ejecutivo.

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El regreso a las iglesias

Las puertas de la iglesia aún no se abrían, al menos 15 personas estaban esperando, distanciados entre ellos, para entrar a misa. El aforo de cada iglesia está puesto en la entrada, máximo 15, limitando la fe. El feligrés número 16 deberá buscarse otro sitio para estar con Dios. Es la fase 1, la transición hacia una nueva “normalidad”, se flexibilizaron los paseos y se permitieron los grupos de hasta diez personas. Un enjambre de chicos se reía, muy cercanos y sin mascarilla se paseaban en patineta y caminando por Plaza España en Sevilla. Muchos aprovecharon para darle la cara al verano que empieza a asomarse en parques, restaurantes y locales comerciales. Se autorizaron visitas a familiares y amigos, más de dos personas en un carro, compras sin cita previa y apertura de museos, bibliotecas, velorios y entierros con máximo 15 personas. El coronavirus nos igualó: se volvió común ver a la gente haciendo fila para comprar algo o para entrar en un sitio. 

El hombre que atendía el local de tapas sudaba por encima de la mascarilla, asustado por una posible multa, recorría con su mirada las mesas, el gel sobre una tinaja con decoración improvisada impedía el ingreso al local. Los meseros se veían agotados. Una pareja con un niño decidió no sentarse porque le parecía que había mucha gente cerca. Una señora insistía en beberse una cerveza de pie (algo muy común en España), el dueño se excusaba por no poder permitirlo. Lo vi perder varios clientes en pocos minutos: “es que no damos abasto con tanto por estar pendientes” dijo. Son muchos los locales, bares y restaurantes que aún no abren, aunque ya están autorizados. 

En fase 2. Un policía corretea con un megáfono desde su carro a la gente: “A esta hora solo pueden estar los adultos mayores” me devuelvo del parque y aunque en esta etapa se permite hacer ejercicio a cualquier hora para los menos de 70 años, los sitios públicos aún tienen restricciones, desde las 10 de la mañana y hasta mediodía los adultos mayores tienen prioridad. A un grupo de chicos que hacían un picnic los expulsaron, la gente salía del lugar molesta. Una amiga decidió visitarme para celebrar su cumpleaños, nos encontramos en la calle, me saludó a un metro de distancia, cargaba mascarillas, gel, lejía, su plato, su vaso, al llegar a casa tardamos al menos quince minutos en desinfectar todo. 

La ilusión óptica nos hace creer que hay mucha gente haciendo fila, las tiendas de marca y centros comerciales han vuelto a abrir, la fila supera al menos las diez personas para entrar, todos deberán pasar por un estricto control de limpieza. En menos de veinte minutos me tuve que aplicar gel tres veces, en una librería, en una farmacia y en un restaurante. 

Aunque las cifras de muertos y contagios han descendido y la flexibilización ha llegado como un bálsamo de libertad hay gente que sigue autoconfinada por temor a un rebrote. Muchas personas se mantienen en casa y solo salen a hacer lo necesario. La fase 3 está cerca, pero podría estar lejos si se reactivan las cifras; aquí podrán abrir las discotecas con aforo limitado, así como hoteles, bares, plazas de mercado, todo el transporte público, los espectáculos al aire libre estarán limitados a 800 personas y las actividades deportivas solo se harán en espacios cerrados (para practicar deportes en los que no exista contacto o el riesgo de contagio sea moderado). El público estará limitado a 1 persona por cada 20 m2.

Hemos pasado por varias etapas: negación, ira y aceptación, porque, aunque no todos hayamos perdido a algún ser querido, si hemos perdido algo en esta situación. Soy optimista y quiero pensar que también todos hemos ganado algo.

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