martes, marzo 2 2021

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Amparo Arrebato, la negra más popular

…Se estrenará el miércoles 9 de diciembre a las 8:00 pm. No es una biografía llevada a la pantalla de Telepacífico. No. Es otro homenaje a las mujeres caleñas y vallecaucanas.

Amparo Arrebato, la negra más popular
Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

Cuando la vi –conocer es un verbo que las leyendas no dejan conjugar-, todavía ese par de torres gemelas que la divina providencia le había dado como piernas, guardaban esa esbeltez que el tiempo se negaba a derrumbar del todo. Si las de Sofía Loren fueron aseguradas por un escandaloso millón de dólares en su momento, las de Amparo Ramos Correa se quedaron sin precio para la historia, porque hace medio siglo las inmortalizaron Richie Ray & Bobby Cruz en una canción que la rebautizó para la eternidad. Amparo tuvo las piernas más bonitas de la rumba y Sofía las más hermosas del cine. En su casa del barrio El Hoyo, vecino de San Nicolás, en el centro de Cali, vivieron también Jovita Feijóo y Jairo Arboleda, otro par que escribieron su historia con las piernas. La reina del Cali Viejo para andar y desandar los pasos de su locura; y El Maestro, para darle baile al fútbol.

Era una mujer llana. Sencilla. Tal vez resignada al abandono de su lindeza pasada. Por eso se veía aún bella, porque aceptaba sin reparo alguno el inexorable paso del tiempo. Y se reía de eso. Hasta cierto punto, se burlaba. Incluso Carlos Lleras Restrepo -un chiquito grandioso- quiso tomarse una foto a su lado. Un cascarrabias de semejante talante que puede haber sido el último estadista de Colombia. Y ella se reía balanceando su cabeza hacia los lados, como negándose su propia grandeza, buscando en el suelo de su casa una explicación para esa admiración que forjó con su cintura -esa balinera sutil-, y esas piernas de fuego. Su relato era plano. Un desaire a esa imagen de leyenda que se erigió desde sus tacones hasta su cabeza. Era bembona y tal vez por eso la imagen burlona.

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Era una ñata preciosa, recita un hombre tan entrado en años que dentro de poco estará de salida, pero asegura que bailó con Amparo. Yo no bailé mucho dice, pero bailé con ella y eso es suficiente. Aquí hubo gente que tiró mucho paso. Unos trompos, pero esa mujer era sinónimo de cadencia y sabor. Yo no sé por qué los salseros le pusieron Arrebato, si ella no era brusca. Yo me imagino que para que sonara bien con su nombre, pero esa pelada era un sereno frenesí. Su boca era carnosa, sonriente a toda hora y unos dientes que invitaban al mordisco. Tenía más muelas que una pelea de perros, evoca, y suelta una carcajada como la de Tito Cortés en su canción Diablo. Tímida en la vida y temida en la pista. No era muy alta. Nada que no solucionaran un par de tacones, una falda corta, flecos, lentejuelas y esas piernas que se movían mejor en la pista, que las de Mohamed Alí en el ring. Un par de sutiles y letales mariposas.

Era una borrasca bailando. Como la canción homónima que inmortalizó Nelson Pinedo, en su vida se confundieron dicha y sufrimiento. Siempre aseguró que jamás traspasó los límites, pero la tradición oral y la cultura popular que ni respetan ni piden permiso, le sumaron a su leyenda cuentos de todo tipo. Eran tiempos difíciles. Noche, trago y desenfreno. Frenaba el centro. La Carrera 8ª. con Calle 15 fue el epicentro de su figura endiablada y su baile celestial. Y rumbeaderos como Cabo Rojeño, Honka Monka, Escalinata o Séptimo Cielo, los testigos de su armonía corporal y dancística en la guaracha, el bogaloo o el mambo, que al final, y por cuenta de una entrevista a sus bautistas, el mundo llamó salsa. Jugó basquetbol desde muy joven y esa fue una disculpa piadosa para frecuentar el grill Costeñita, donde dio sus primeros pasos. En el baile, por supuesto.

Todo en su existir estuvo ligado siempre con un lugar de rumba. Sus inicios, su ascenso, el éxito, el amor, todo. Le sucede a las leyendas. Solo viven, en realidad, en su espacio natural, y el de Amparo era la pista de baile. Así como la cancha es el del futbolista o el set es el de la actriz. Corría 1968 y Cali vivía su propio Peace and Love, con sus hippies y su píldora, sus hongos y su vareta, el jean como prenda y el  sexo libre como devoción. Y claro, la rumba, el azote de baldosa y el ‘aguaelulo’. La Caseta era una versión decembrina del grill o de la fuente de soda. Y fue en una legendaria, la Matecaña, donde Bobby Cruz la disparó a la historia. La vio bailar Bomba Camará, cruzaron un par de palabras (jamás las piernas, aunque lenguas bífidas lo comenten), unos chorros de guaro y al otro día, estaba comiendo tamales vallunos en la casa de la mujer que ese día, 30 de diciembre, estaba cumpliendo 23 años y perdería desde ese momento sus apellidos para llamarse: Amparo Arrebato.

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El tema sería incluido en el álbum Agúzate, que salió al mercado un año después y donde se destacan clásicos de hoy como el que le da nombre al trabajo discográfico, además de Traigo de todo, Yo soy Babalú y claro, Amparo Arrebato. Y así empezó todo, cuenta como con desgano y ese deje caleño que no modula bien, la mujer que murió hace 16 años de un ataque al corazón. Lo relata en un documental de UVTV bautizado con una precisión absoluta: La vida de una canción. Tenía 59 años. Se murió con las piernas limpias. Elegante. Sensual. Moviendo los hombros y a los hombres como ninguna. Varios grilles se disputan haber sido el lugar donde nació la leyenda. Y hasta varias mujeres, el haber sido la musa de la canción. Pero ella, serena y sabrosa, solo sonríe. En últimas Amparo Arrebato puede ser cualquier mujer caleña que baile rico. Cada vez son menos, pero una se hizo popular en las redes destilando salsa y sudor con su tumbao: Martha Isabel Bolaños.

Hace unos años Jairo Varela la incluyó en el video de la canción Duele más como antagonista y como protagonista de Mecánico, además de un par de apariciones fugaces en el clip de La gallinita de los huevos de oro; después la televisión la hizo famosa como la Pupuchurra en Yo soy Betty, la fea. Su trayectoria es amplia, como su boca hermosa, que maneja con acierto; como el labio inferior que se muerde para comunicar ricura cuando baila; como sus piernas perturbadoras, llenas de lógica sabrosura; como la cadencia de su cintura y el maraqueo de sus hombros. Como sus caderas de candela, que no queman pero abrasan y prenden. Como la picardía chispeante de sus ojos, que más que mirar sonríen. Como la mujer a la que el destino le tenía un espacio reservado para inscribirla también en la caleñidad. Para que su reconocimiento salte a la fama. Martha Isabel es el resumen de todos los adjetivos con los que se intentó definir al personaje que representará en la serie: Amparo Arrebato, la negra más popular.

La coproducción del canal regional con Noelia Films y Container Films, se estrenará el miércoles 9 de diciembre a las 8:00 pm. No es una biografía llevada a la pantalla de Telepacífico. No. Es otro homenaje a las mujeres caleñas y vallecaucanas. A su baile y a sus valores. La evocación de un ícono del pasado que se sirve y reúne el talento local que ha descollado en el ámbito nacional. Y ahí está Martha Isabel, rodeada de cómplices de la actuación y de la rumba. Sonriente y guapachosa. Extrovertida y talentosa. Ha venido a mi casa a recibir clases de percusión. No de mí, que apenas toco los bafles, sino de mi cuñado Alex Franco. Se metió de lleno a llenarse de música, para sentirla y transmitirla más. Creo que también abrazará el éxito con sus piernas. Porque una mujer que baile salsa sola, tan bien como lo hace ella, se merece no solo la admiración y el aplauso, sino el abrazo apretado y sonoro de todo el mundo salsero.


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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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