Martes, Octubre 23 2018

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Aldabó, por Jorge Iván Ospina

  La ciudad que baila   A los caleños nos gusta bailar. Está en nuestra esencia y lo hacemos siempre. El baile constituye parte fundamental de nuestra forma de comunicarnos, de seducir, y persuadir, conocernos e integrarnos. Con el baile nos tocamos y enamoramos y tanto bailamos que lo hacemos en bautizos, en “los 15” …

Aldabó, por Jorge Iván Ospina

 

La ciudad que baila

 

A los caleños nos gusta bailar. Está en nuestra esencia y lo hacemos siempre. El baile constituye parte fundamental de nuestra forma de comunicarnos, de seducir, y persuadir, conocernos e integrarnos. Con el baile nos tocamos y enamoramos y tanto bailamos que lo hacemos en bautizos, en “los 15” y otros cumpleaños, en matrimonios, en la rumba de cada ocho días y sin falta, en la feria.

Los caleños nos reafirmamos en el baile encontrando en cada paso una oportunidad para interpretar la vida, a través del baile queremos decir: “acá estamos, esto somos, nos identifica y representa”. Y si otros pueblos cantan, los caleños bailamos.

A los caleños nos encanta la salsa, sus historias, sus personajes, su cadencia, su melodía y aunque es una música de origen antillano, no existe otra que refleje tan bien lo que somos. Ella como nosotros es revoltura, sincretismo: afro, india y española. La salsa como los caleños es sumatoria de distintos, expresión total de diversidad y ello nos hace realmente grandes.

A los caleños nos fascina bailar salsa, tanto que hemos desarrollado un estilo propio, una mezcla maravillosa que lleva la música al cuerpo y éste, lleno de energía, se convierte en el bajo, el bongó o la clave. A este pueblo le llegó la salsa directo al corazón y desde ella ha venido forjando reconocimiento e identidad y lo que en un principio constituía la música de los que vivían más allá del ferrocarril, hoy inunda la ciudad entera, filtrándose mágicamente en clubes, discotecas, colecciones y en los espacios más íntimos de los que más tienen:  llegó desde abajo para cubrirlo todo.

El baile de la salsa es un conector. Hoy es un lazo enorme que se asocia a nuestra ciudad y más allá de las formas, es una oportunidad para encontrar y visibilizar desarrollos auténticos en los barrios. Detrás de cada compañía de baile hay un proceso popular de significados mayores que involucra a las familias, líderes comunitarios y por supuesto a los bailarines, unos jovencitos talentosos que desde el goce encuentran su disciplina y orden. El baile posibilita además, el desarrollo de una verdadera industria cultural  que incluye la producción musical, los coreógrafos, el diseño de vestuario y todo lo que gira alrededor de la puesta en escena.

En Cali procesos como el Salsódromo, el Festival Mundial de la Salsa, el Festival Mercedes Montaño, Delirio, Salsa Cabaret, Ensálsate y compañías como Swing Latino, Pioneros del Ritmo, Estilo y Sabor entre otras, además de cerca de 120 salsotecas y un centenar de melómanos y coleccionistas deben ser potencializados para consolidar una ciudad que baila.

A los caleños nos gusta la brisa de la tarde y colocamos el rostro de frente a un mar imaginario en donde hay unos farallones majestuosos, esperando que llegue el nuevo ritmo con el que bailaremos y bailaremos.

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