Jueves, Junio 21 2018

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El abuso del sistema de justicia y el papel de los medios de comunicación

Las violaciones de los Derechos Humanos por parte de la fiscalía y sus órganos de investigación tienden a perpetuarse en nuestro país gracias a la debilidad de los órganos de justicia y a un precario sistema de pesos y contrapesos.

El abuso del sistema de justicia y el papel de los medios de comunicación

En julio del año pasado los medios de comunicación dieron cuenta de la captura, en la ciudad de Cali, de alias Chinga Harry, señalado por la policía de estar implicado en más de 50 homicidios. En una entrevista divulgada por los medios locales y nacionales el comandante de la policía metropolitana indicó que el sujeto  “es cabecilla de una organización denominada Petecuy II. Ejercían homicidios selectivos, extorsiones a comerciantes y personas. Además tenían una línea de comercialización de estupefacientes en Cali”.

( ver https://noticias.caracoltv.com/cali/capturan-en-cali-chinga-harry-implicado-en-mas-de-50-homicidios)

En un país que tiene el más espantoso registro de “criminales en masa” de la historia reciente, ‘Chinga Harry’ no despertó mayor curiosidad, pues no le llega a los talones a ‘Popeye’, ‘Mancuso’, ‘El Iguano’, ‘El Grillo’ y ‘El Paisa’, para citar solamente algunos de los más despiadados macroasesinos colombianos.

Un año después los medios reportaron que un juez le había concedido a ‘Chinga Harry’ el beneficio de la detención domiciliaria. Sin mayores comentarios algunos informativos, con amplia cobertura, se limitaron a contar que el sujeto, señalado de ser responsable de asesinar a 50 personas en la capital del Valle cumpliría su condena en su residencia.

(ver http://www.wradio.com.co/noticias/regionales/juez-concede-detencion-domiciliaria-al-asesino-de-50-personas-en-cali/20170706/nota/3512507.aspx )

Como era de esperar el  juez que tomó la decisión terminó en la picota pública como un ejemplo claro de la podredumbre que afecta a la justicia colombiana.

Lo que no reportaron la mayoría de los medios de comunicación fue que la fiscalía solo logró probar que el chingón de marras había cometido los delitos de tentativa de homicidio y porte ilegal de armas y que en virtud de un preacuerdo se hizo derechoso a cumplir la pena en su casa.

Este caso sirve para ilustrar la mala práctica policial de presentar a los sospechosos o indiciados como penalmente responsables sin haber sido oídos y vencidos en un juicio oral y público. Se trata de una clara violación de los Derechos Humanos, especialmente en lo que tiene que ver con la presunción de inocencia, el debido proceso y la dignidad humana.

En el afán de mejorar la imagen institucional, tranquilizar a la comunidad y de paso promover a los mandos, la policía no solo incurre frecuentemente en el despropósito de presentar a los indiciados como responsables, también les aumentan los supuestos crímenes por ellos cometidos  y con total desparpajo les atribuyen alias inexistentes, exacerbando en el público un deseo de linchamiento, que por estos tiempos tiende a expresarse a través de las redes sociales.

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El asunto de los alias es bien particular. En Colombia todo el mundo tiene un apodo o mote, ni que decir de los delincuentes. Sin embargo, en muchas ocasiones la policía no logra establecer el apodo del capturado, pero  como se trata de mostrar que la persona privada de la libertad es mala y peligrosa, los mismos policías no tienen molestia en rebautizar al cautivo, llegando  al extremo de ponerle como apodo su propio nombre: “el reporte policial indica que alias Carlos, fue identificado como Carlos P…” y así sucesivamente, sin que nadie reviere frente a semejante estupidez.

Tanto la Fiscalía como  la policía son adictas compulsivas a entregar las pruebas a los medios de comunicación y no a los jueces competentes, llegando en muchos casos a mencionar pruebas que no hacen parte de los procesos. Algunos medios son igualmente adictos incurables a publicar las pruebas que “les filtran las fuentes oficiales”, sin corroborar la calidad y legalidad de las mismas, convirtiendo a los noticieros y programas de opinión en tribunales de facto, donde se tramitan juicios sumarios, sin derecho a la defensa y son desprestigiados los verdaderos jueces, es decir,  los señores y señoras de toga negra y martillo, cuyas decisiones están amparadas aquí y en la quinta porra por la presunción de legalidad. Pero, como dicen por ahí, en Colombia esa presunción no pegó y cualquiera, con un micrófono o una cámara, puede convertir la vida de un juez impoluto en un infierno,

Hace pocas semanas, Noticias Uno, caracterizado por la seriedad y valentía de sus denuncias puso en tela de juicio la decisión de un juez que dejó en libertad a una ciudadana, sin averiguar las razones que tuvo el funcionario, y cuestionó de la peor manera a la Fundacion Defensa de Inocentes (FDI), que a través de uno de sus abogados había asumido la defensa impecable de la acusada.

La directora del prestigioso noticiero no perdona que la FDI haya denunciado, con pruebas y argumentos firmes, a su amiga MARTHA LUCÍA ZAMORA, señalada de ser artífice del montaje judicial contra SIGIFREDO LÓPEZ y se va lanza en ristre, cada vez que puede, contra el grupo de abogados que  conforman la fundación.

Las violaciones de los Derechos Humanos por parte de la fiscalía y sus órganos de investigación tienden a perpetuarse en nuestro país gracias a la debilidad de los órganos de justicia y a un precario sistema de pesos y contrapesos. Nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Y si alguna persona denuncia al fiscal y su cohorte queda expuesto a que lo investiguen, censuren o amenacen.

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También debemos ser firmes en señalar la responsabilidad que tienen los medios de comunicación en este estado de cosas. La búsqueda incasable de la chiva, el culto a la espectacularidad, la necesidad de mantener los más altos niveles de sintonía, audiencia o de lectores y los amores y malquerencias, son algunas de las variables que afectan la labor informativa y hacen olvidar el papel que cumplen los medios en beneficio de la sociedad.

Por estos días, cuando la mayor preocupación de la prensa es la corrupción, es bueno recordar que la peor de todas las corrupciones es el ejercicio de un sistema de justicia arbitrario y tramposo, protegido por la prensa.

En nombre de la justicia, así como en nombre de Dios, se han cometido los peores horrores en la historia de la humanidad, de ahí la inaplazable necesidad de imponer límites y reglas claras al sistema judicial; en ese cometido la prensa libre, crítica, veraz, objetiva y responsable es imprescindible.

La opinión de los blogueros no refleja el pensamiento editorial de 90minutos.co

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Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo.Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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