Viernes, Febrero 28 2020

.

ABC… Dando, por Eduardo Figueroa

  Las ‘gracias’ de los malentendidos   ¿Alguna vez usted ha sido protagonista de un malentendido? Posiblemente, porque por lo regular nos comunicamos a través de palabras y estamos expuestos a interpretarlas de muchas maneras. Esta historia tiene que ver con un error de comunicación que se da cuando creemos que el mensaje está claro, …

ABC… Dando, por Eduardo Figueroa

 

Las ‘gracias’ de los malentendidos

 

¿Alguna vez usted ha sido protagonista de un malentendido? Posiblemente, porque por lo regular nos comunicamos a través de palabras y estamos expuestos a interpretarlas de muchas maneras.

Esta historia tiene que ver con un error de comunicación que se da cuando creemos que el mensaje está claro, pero no nos tomamos el trabajo de comprobarlo.

Ocurrió en la década de los 80 (mucho antes de que apareciera el Power Point) cuando las presentaciones se hacían utilizando diapositivas y un proyector. Regularmente, para sobreponer textos en las diapositivas, había que recurrir al apoyo de dibujantes.

El líder de un grupo de profesionales tenía que realizar una presentación importante para mostrar los resultados de un proyecto. Para concluir, escogió una diapositiva donde aparecía su equipo de colaboradores.

Este jefe, reconocido por ser estricto en todo y con todos, le llevó esa foto al encargado de diseño y le dijo: “Póngale GRACIAS a esta foto” (nunca dijo ESCRIBA la palabra “gracias”). Y se marchó.

El muchacho, con más entusiasmo que lógica, entendió que debía poner la foto “graciosa” y procedió a ponerle “gracias” a cada uno de los que aparecían en ella.

Suponemos que por respeto fue muy cauteloso con el jefe (a quien le pintó gafas de sol y un signo de interrogación sobre su cabeza. A una profesional, que también tenía mando, le puso gafas y una estrella en su camiseta. A otro, además de gafas, le agrandó los botones de la camisa, le pintó una cartera-canguro y le  ‘moteó’ el pantalón. Con los demás, con quienes tenía más confianza,  fue “más gracioso”. A una chica que tenía los ojos cerrados, aparte de ‘decorarle’ la bata, le puso varias letras z sobre su cabeza, como en las historietas; al flaco del grupo le pintó barba, y a los otros alternó entre botones, gafas y falsas cabelleras.

Orgulloso con los resultados, el muchacho llevó su obra de arte. No voy a relatar reacciones; se las dejo a su imaginación. Algunos de los protagonistas siguen trabajando en la empresa. Del ‘artista’ no se volvió a saber nada.

La sabiduría popular, para referirse a este tipo de situaciones, dice que no hay palabra mal dicha sino mal entendida.

¿Cómo evitarlo? No conozco una fórmula mágica, pero un consejo es utilizar el verbo apropiado para cada ocasión; el otro consejo es cerciorarnos de que le mensaje se entendió y para ello habría que seguir el método de nuestros padres y abuelos cuando nos ordenaban llevar un recado; “repita ¿cómo le va a decir?”.  Balbuceantes repetíamos y, entre frase y frase, ellos nos corregían hasta que el mensaje quedaba claro para nosotros, y ellos quedaban tranquilos.

Ahora bien, si cree que este mensaje les quedó claro, pónganle GRACIAS y lo renvían.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

seventeen + 16 =

Acerca del Autor

Noticiero 90 Minutos

Lunes a viernes a la 1 p.m. por @TelepacificoTV. On Line en http://t.co/5CJEjpjCZf Síguenos en Facebook: http://t.co/oONUEJfx y en You Tube: http://t.co/PHKUwg

Noticias Relacionadas