Viernes, Febrero 28 2020

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ABC… Dando, por Eduardo Figueroa

    Si su trauma son las tildes…   Una de las lecciones gramaticales que más trabajo nos cuesta aprender (lo digo por experiencia propia) es identificar las palabras según su acento y saber cuáles se tildan y cuáles no. Esa así como después de una ardua lucha para sincronizar oído, voz y vista, nos …

ABC… Dando, por Eduardo Figueroa

 

 

Si su trauma son las tildes…

 

Una de las lecciones gramaticales que más trabajo nos cuesta aprender (lo digo por experiencia propia) es identificar las palabras según su acento y saber cuáles se tildan y cuáles no.

Esa así como después de una ardua lucha para sincronizar oído, voz y vista, nos familiarizamos con agudas, graves, esdrújulas y sobresdrújulas, y se nos vuelven repetitivas reglas como “agudas son las palabras que llevan el acento en la última sílaba y solo se tildan las terminadas en N, S o vocal”.

Llevarlo a la práctica nos cuesta un poco más de trabajo, porque hay quienes emplean una lógica ilógica. “Si se tilda ratón, cajón, llorón, entonces se tildan todas las que terminan en ON”. Y ahí aparecen estas perlas: dijerón, trajerón, volvierón. En estas circunstancias es cuando el asunto pasa de agudo a grave.

Y más grave se pone cuando, convencidos de que ya dominamos el tema de las tildes, encontramos que no solo las palabras agudas que terminen en N, S o vocal se tildan. Que hay otras que son agudas, como maíz, que termina en Z y también se tilda.

–          ¿Cómo así?, le pregunté entre sorprendido y enojado a mi profesor de español, que era español, cuando me corrigió un dictado de los que él acostumbraba a hacer en clase.

–          Porque hay hiato, respondió con una sonrisa de burla.

–          ¿Hay qué?

–          Hiato. Es lo que disuelve el diptongo (la unión de dos vocales) cuando el acento recae sobre la vocal cerrada o débil (la i y la u) y forma otra sílaba.

–          Pero maíz es una palabra aguda, ¿sí o no?, insistí con rabia de mal perdedor.

–          Por supuesto, pero el acento recae sobre la vocal cerrada (la i), y como está junto a otra vocal, entonces se forma hiato y se debe poner la tilde.

Pero en ese dictado no fue el único error. También fallé al escribir oído. No le puse la tilde en la i. “Es grave terminada en vocal”, justifiqué.

–          Hay hiato, volvió a decir el profesor con esa sonrisita que golpeaba mi ego

“No vuelvo a caer en esta trampa”, me prometí mentalmente. Prosiguió el dictado y apareció la palabra jesuita y huir. Ambas las tildé en la i.

–          ¿Por qué tildó esas palabras?, preguntó el profesor, pero ya no sonrió.

–          Porque hay hiato, respondí, y ahora el de la sonrisa burlesca era yo. El acento recae sobre la i, que es una vocal cerrada, entonces se disuelve el diptongo, dije con propiedad repitiendo una a una las palabras de su explicación (con mi mirada recorrí el salón, como lo hacen los artistas circenses, buscando las caras de admiración de mis compañeros).

–          No señor, allí no hay hiato, ripostó el profesor con el tono triunfal que da la experiencia. No hay hiato porque junto a la i está la u que es la otra vocal cerrada, y cuando se juntan las dos vocales cerradas se aplican las reglas de agudas, graves, etcétera, etcétera

Confieso que esa lección me traumatizó por un buen tiempo, pero ahora, aprovechando el poder de las redes sociales, quiero traumatizar a otros. De paso, en la palabra hiato, no hay hiato sino diptongo, porque el acento recae sobre la vocal abierta, y no se tilda porque es una palabra grave que termina en vocal. ¿Ahora sí, traumatizados?

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