Viernes, Febrero 28 2020

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ABC… Dando, por Eduardo Figueroa

  Más avisos y más letreros enredados El enredado lenguaje de algunos avisos sigue siendo divertido para quien detecta el error y muy complicado para el responsable. Pero, por encima de todo, es un rico filón para mostrar buenos ejemplos del mal uso de la sintaxis y de la lógica. Ya en ocasión anterior cité …

ABC… Dando, por Eduardo Figueroa

 

Más avisos y más letreros enredados

El enredado lenguaje de algunos avisos sigue siendo divertido para quien detecta el error y muy complicado para el responsable. Pero, por encima de todo, es un rico filón para mostrar buenos ejemplos del mal uso de la sintaxis y de la lógica.

Ya en ocasión anterior cité algunos casos y prometí retomar el tema. Comienzo entonces con una serie de letreros de negocios callejeros donde ofrecen productos o servicios. Hay uno muy común que dice “Sí hay servicio de internet”. Sobra el “sí” e incluso sobra el verbo.

Otros letreros publicitan servicios “a domicilio”, es decir van a la casa de uno para ejecutar el trabajo que se requiera. Lo divertido del asunto radica en la redundancia en la que caen.

Por ejemplo este aviso: “Se pintan casas a domicilio”. Obvio, si usted pinta casas, tiene que ir a las casas. O este otro: “Se fumiga a domicilio”. Aquí cabe la duda, porque puede salir más barato si se llevan las cucarachas y los ratones a la oficina del fumigador.

Hay avisos donde los administradores de los edificios o conjuntos residenciales se esmeran en redactarlos para dar a conocer políticas de convivencia que generen un buen ambiente con los inquilinos y evitar accidentes por el mal uso de espacios públicos.

Y cito este caso. El administrador de una torre de parqueaderos fijó el siguiente aviso junto al ascensor: “Advertencia. Los niños menores de 5 años no pueden subir solos al ascensor”. Hasta aquí vamos bien. Y prosigue: “Tampoco está permitido jugar o brincar dentro de ellos”. Ahora sí me perdí. El sujeto es niños (plural), por lo tanto la advertencia es para no brincar ni jugar dentro de los niños. Si se refiere al ascensor (singular) debió escribir “tampoco está permitido jugar o brincar dentro de él”.

En algunas ocasiones, los errores se presentan por no estar seguros de la palabra que necesitan emplear y terminan escribiendo una parecida. Eso ocurrió en un comunicado de una empresa prestadora de servicios donde aclaran: “Cualquier inquietud adicional será TENDIDA en nuestro punto ubicado en…” ¡Ah difícil que resulta recostar una inquietud!

Buscar la precisión es otra característica de algunos avisos callejeros y se quiere dejar muy claro cuál es el servicio que se ofrece. Como en este caso que ilustra la foto: “Se hacen trenzas en el cabello”. Creo que no es redundancia, sino precisión para evitar equívocos.

En la publicidad profesional también hay buenos ejemplos de mala redacción. Así promocionan un  cuchillo: “Corta carnes y verduras congeladas fácilmente”. ¿O sea que las congeladas ‘difícilmente’  no las corta? O una de dos, es una propaganda muy honesta o el publicista es un mal redactor.

Remato con un informe escolar en el que le piden a los alumnos Traer una bolsa de basura negra”. Si es así hay que pedir ayuda a los recicladores para hallar basura de ese color, y de paso, rescatar un libro de gramática para regalárselo al autor de esa nota.

 

Si desea leer el artículo anterior sobre letreros enredadados, visite http://efigueroacabrera.wordpress.com/2013/11/06/avisos-letreros-y-otros-enredos/

 

Eduardo Figueroa Cabrera ([email protected])

Twitter: @figueroacabrera

Blog: A,B.C… Dando (http://efigueroacabrera.wordpress.com/)

 

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