Sábado, Octubre 19 2019

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¡Ah ida la de Merlano! Le importó un ano la justicia y por supuesto, el estúpido elector colombiano, que de manera tan pérfida le vendió su voto.

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Crédito de foto: Especial para 90minutos.co

¡Ah ida la de Merlano! Le importó un ano la justicia y por supuesto, el estúpido elector colombiano, que de manera tan pérfida le vendió su voto. Solo le importaron sus jefes, los que la sacaron del fango del barrio Carrizal en Barranquilla. Los patrones que mandan la parada y la plata para comprar los votos y duran décadas en el Congreso o en cualquier cargo de elección dizque popular. Los señores que están detrás de la espuria Casa blanca, ennegrecida de corrupción. Los que especulo –verbo reprochable para un periodista íntegro- orquestaron esta nueva vergüenza nacional. Los ventiladores es mejor tenerlos apagados (fugados para el caso), cuando se enciende la llama de la delación. Nada más peligroso que una sapo (rana para el caso), asustado. Lo de esta señora no fue un salto al vacío, no señor, fue una negociación. Quienes se fugan, cambian unos años en prisión, por toda una vida como prófugos. En Colombia, hay muchas formas de pagar el silencio. Andrés Felipe lo sabe y todos los que le temen al patrón, claro.

Y quienes hacen los memes también. Trinó Félix de Bedout desde Miami que el gobierno de Colombia se está convirtiendo en un meme 24/7. No creo. Y no lo creo, porque el gerundio anuncia un proceso -que el país se está convirtiendo-, y la realidad es que ya está convertido en el hazmerreír de quienes en el mundo atienden nuestra realidad sociopolítica. Todos los días hay cientos de memes, que con textos, fotografías o videos, desafían la interpretación que de nuestra situación hacen los medios de comunicación. Empecinados más en tapar que en develar. Yo no creo que este gobierno sea un chiste. No. Este gobierno lo que es, es una soberana payasada que pasará a la historia como el epílogo de los 20 años más aciagos que ha padecido Colombia, desde que la actitud de un solo hombre, sembró para siempre -en lo poco que quedaba de conciencia nacional-, la idea de que en esta nación pasa de todo y no pasa nada. Solo caen mandos medios. Gente anónima. Nada.

Ahora bien, por qué tanto escándalo con esta fuga. Tal vez porque hay imágenes y porque la señora Merlano, es otro de esos fusibles de la corrupción que evita que el corrientazo de una justicia politizada y selectiva, llegue al poderoso. Al clan o a su jefe. En el ethos traqueto, Aida no es un pez gordo. Es uno de esos bagres de río con ínfulas de tiburón. Una arribista que no pertenece a las elites intocables de la nación. Hecha y desecha por los señores de corbata. Puesta y depuesta sin vergüenza. Como Oneida Pinto, la ex gobernadora de la Guajira, que hace tres meses huyó a una cita médica de la que no ha regresado, cuando le imputaban cargos relacionados con las irregularidades del manejo de recursos públicos durante su mandato como alcaldesa de la población de Albania. Lo extraño de ese caso, es que el juez dictaría sentencia (medida de aseguramiento) después del almuerzo. Debió caerle mal, muy mal. El juez, la sentencia y el almuerzo.

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Retroceso

Prófugos de la justicia en Colombia hay por montones. Desde asesinos de poca monta, hasta capos y exfuncionarios de todos los niveles, a quienes se les conceden permisos como quien lo pide para ir a orinar y nunca regresa. Desde Luis Carlos Restrepo y todos los funcionarios del uribismo salpicados de miseria; hasta Liliana Pardo Gaona, otro alfil del carrusel de la contratación; pasando por Ana María Flórez Silva, la funcionaria de la Fiscalía que en una práctica histórica, les entregaba información a los delincuentes. O Jesús Santrich o Iván Márquez. Todos, más perdidos que el alcanfor. Como los guerrilleros, como los narcotraficantes, como los hampones ramplones, como el chofer con varias libretas de comparendos, como el violador en serie, como el delincuente que a su amaño justifica su actividad con un argumento tan repetido como certero: el no creer en la justicia, porque conoce su permeabilidad.

Cada año las autoridades colombianas capturan en flagrancia a unas 200 mil personas y arrestan alrededor de 40 mil por cuenta de investigaciones y órdenes judiciales. En todas las cárceles el hacinamiento es ley. De ahí que las maniobras -legales e ilegales- para estar en la calle, sean más ingeniosas que los memes sobre la huida de Aida. En Cali es mítica la historia del más temible, efectivo y costoso sicario del bajo mundo, que residía en la cárcel de Villahermosa y solo salía con permiso, a hacer sus vueltas macabras. No menos legendarias son las salidas de los narcos o las entradas de todo tipo de personas y bufetes a sus bacanales fastuosas. Colombia tiene con Pablo Escobar, como único caso en el mundo, la historia de un hombre que construyó su propia cárcel con vía segura de escape, para cuando se aburriera de la farsa.

Por todo lo anterior y por más, tiene razón Félix de Bedout. Porque cuando no es Duque con autoridad impostada, con falsa autonomía, con cortinas de humo, con estrategias de desviación, con datos históricos o económicos errados, haciendo como presidente lo que criticó como senador, con fotos falsas en la ONU sobre Venezuela o verdaderas de Guaidó con paramilitares en la frontera, con silencio ante la pregunta de quiénes son las Águilas Negras; es Martha Lucía con equívocos propios de una estudiante de básica primaria y ese sonsonete que es deleite de los humoristas; o cualquier ministro con declaraciones desacertadas, producto más de sus impulsos que de su conocimiento; o un  canciller que en un lapsus populi, confunde a los tenistas con los ciclistas. No pasa un día de este gobierno en el que no sea necesario cambiarle el pañal. Pero ahí siguen y seguimos todos, cagados y con la mierda al cuello. Ahí les queda material para más memes.

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Acerca del Autor

Lizandro Penagos

Nací en San Antonio Abad del Páramo de Nuestra Señora de los Dolores. Un pueblecito del Tolima que produce café, ganado y mucha lástima. Hizo parte de La Cortina, un muro imaginario de las guerrillas liberales, gérmenes de las FARC-EP. Allí nací, sietemesino. Allí mataron a mi padre hace más de 20 años. Allí vive aun mi madre, sola. Y allí pienso escribir literatura. Mientras tanto, hago y enseño periodismo en la UAO. Hice televisión y una hija. Publico donde me dejan y sobre cómo leo la existencia.

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