Martes, Abril 25, 2017

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¿Está preparada la izquierda para el post conflicto?

¿Está preparada la izquierda colombiana para enfrenar la nueva realidad del país surgida de la eventual firma de los acuerdos de paz entre el gobierno nacional y las Farc?  ¿Está preparada para el post conflicto? En principio podría pensarse que el proceso de paz de la Habana ha fortalecido a la izquierda debido al protagonismo …

¿Está preparada la izquierda para el post conflicto?

¿Está preparada la izquierda colombiana para enfrenar la nueva realidad del país surgida de la eventual firma de los acuerdos de paz entre el gobierno nacional y las Farc?  ¿Está preparada para el post conflicto?

En principio podría pensarse que el proceso de paz de la Habana ha fortalecido a la izquierda debido al protagonismo que los dirigentes de los principales movimientos y  partidos de izquierda han tenido gracias a las frecuentes invitaciones a Cuba por parte del gobierno y de los negociadores del grupo insurgente.  Sin embargo, los sectores de extrema derecha han aprovechado estas visitas para atacar el proceso de paz y esparcir toda clase de suspicacias sobre el objetivo de las mismas, mostrándolas como espurias y sospechosas.

Lo cierto es que la izquierda ha enfocado toda su atención en el proceso de paz librando una dura batalla en contra del Uribismo, que está empeñado en que el pueblo colombiano niegue legitimidad a los acuerdos.

El compromiso con la paz llevó a que la izquierda respaldará incondicionalmente al gobierno nacional en este propósito al punto que CLARA LOPEZ OBREGON, presidenta del POLO DEMOCRATICO fue nombrada Ministra del Trabajo.

De esa manera el pacto estratégico por la paz quedó convertido en un apoyo al gobierno nacional,  dándole al POLO la calidad de integrante de la Unidad Nacional, así no lo quieran reconocer.   

El interés de la izquierda en la conquista de la paz es apenas lógico y plausible. La guerra fratricida en que nos hemos enfrascado los colombianos durante más de 50 años es una aberración imperdonable y hace parte del ideario de izquierda luchar para ponerle fin, denunciando los beneficios  que ciertos sectores obtienen del negocio de la guerra, incluyendo por supuesto las ventajas  políticas que logra la extrema derecha con el discurso de la guerra justa.

Pero el enfoque exclusivo en la paz llevó a la izquierda a abandonar el escenario nacional donde siguen produciéndose las desigualdades económicas, sociales y políticas que precisamente sirvieron de nutrientes para fecundar la cepa de la violencia.

Los líderes de izquierda han pasado del optimismo a la euforia debido a los avances de las negociaciones y por lo visto se preparan para disfrutar de los estertores de un clímax colectivo, durante la anhelada firma del acuerdo final.

Mientras tanto crece la brecha entre ricos y pobres, las personas mueren en las puertas de los hospitales y clínicas por falta de atención, aumentan el desempleo y  la inseguridad, la impunidad se mantiene en niveles escandalosos, tenemos una de las tasas de desescolarización más altas en América Latina, lo cual se refleja en el incremento del trabajo y la explotación infantil, el pandillerismo y la delincuencia juvenil, se aprueban leyes que debilitan los derechos fundamentales de las personas como el Nuevo Código Nacional de Policía, las minorías son perseguidas implacablemente por motivos de raza, etnia y orientación sexual, la corrupción adquiere dimensiones apocalípticas y la participación ciudadana es conducida y orientada mediante campañas desinformativas en las redes sociales.

La izquierda, romántica hasta los tuétanos, mira embelesada el idilio de la Habana entre el gobierno nacional y su otrora archienemiga guerrilla de las FARC, mientras la extrema derecha hace de las suyas y engendra grupos neo fascistas a plena luz de día, con sus trajes típicos, sus banderas típicas y su discurso típico de muerte y terror.

La izquierda abandonó el campo de batalla y le entregó las banderas al enemigo. Ahora la extrema derecha exige mejoras salariales para los trabajadores y los grupos neo fascistas defienden los derechos de los camioneros y se suman a las marchas campesinas.   De paso hacen lo propio en defensa de su ideario: persiguen a las minorías, promueven un Estado Confesional, neo fascista-comunitario, basado en el voto desinformado y groseramente manipulado de las mayorías, avalan el armamentismo desaforado del Estado, defienden a capa y espada sus corruptos, que por miserables y granujas que sean, son suyos y promueven la persecución implacable de la opinión ajena.

Esta breve ojeada sumaria quedaría incompleta si no mencionamos que muchos intelectuales de izquierda se han metido al closet por temor a ser señalados como aliados de las FARC. No cabe duda, la guerrilla desacreditó a la izquierda al mostrarla como su aliada natural, sin que realmente lo fuera. En efecto, salvo los camaradas del Partido Comunista y la UP, el resto de la izquierda colombiana ha guardado distancia con las FARC y no han compartido la tesis de la combinación de todas las formas de lucha, que comenzó justificando el secuestro y el terrorismo y término aceptando las alianzas con el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Mientras Piedad Córdoba e Iván Cepeda se funden en abrazos fraternos con Iván Marquez y su combo, los líderes de izquierda, que los hay, deberían estar pensando en el papel que esta colectividad debe jugar en el post conflicto, como garantes de los acuerdos y la seguridad de los ex combatientes, pero sobre todo luchando por el bienestar general, el progreso de la nación, la eliminación de las desigualdades económicas y sociales, el respeto de los derechos humanos y la plena vigencia de un Estado Social de Derecho.

La izquierda democrática debe salir del closet y explicar a sus bases y a la juventud que Cuba y  Venezuela no son los modelos a seguir, por tratarse de regímenes obsoletos y autoritarios, además deben recuperar los espacios que les arrebató la extrema derecha y de esta manera evitar que el post conflicto sea el escenario donde triunfen la desigualdad, el nacionalismo, la xenofobia, el racismo, la homofobia y el autoritarismo guerrerista. 

Acerca del Autor

Elmer Montaña

Caleño, padre de familia, abogado santiaguino especialista en D.I.H y cultura de paz, derecho administrativo. Ex fiscal, profesor universitario, asesor y consultor, defensor de derechos humanos y director ejecutivo de la Fundación Defensa de Inocentes.

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