Jue, 09/29/2016 - 11:08
El plebiscito convocado por el presidente de la república tuvo el efecto positivo de generar una amplia discusión nacional sobre los acuerdos de la Habana. No hay reunión, por trivial o solemne que sea, en la que los asistentes se abstengan de hablar del plebiscito.
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Foto: Especial para 90minutos.co

“Deja de persuadirme, mi querido Proteo”, le exige Valentín a su falsario amigo, en la obra de Shakespeare Los Dos Caballeros de Verona. 

Al igual que Valentín muchos colombianos ya tomaron una decisión o están a punto de tomarla respecto a su voto en el plebiscito y en cambio de más discursos persuasivos o disuasivos sobre la razones para votar por el SI o por el NO, necesitan tomarse un tiempo para reflexionar sobre los argumentos de uno y otro lado, pero sobre todo, respecto al papel que los ciudadanos vamos a jugar el próximo 2 de octubre.

El plebiscito convocado por el presidente de la república tuvo el efecto positivo de generar una amplia discusión nacional sobre los acuerdos de la Habana. No hay reunión, por trivial o solemne que sea, en la que los asistentes se abstengan de hablar del plebiscito. En algún momento alguien lanza la pregunta por todos esperada: ¿y, que opinan del plebiscito? y el cumpleaños o los negocios terminan en un segundo plano.

La poca participación ciudadana en los asuntos propios del Estado, hizo pensar a los más escepticos que Santos había cometido un grave error  al dejar en manos del pueblo la decisión final sobre los Acuerdos de la Habana, sin embargo, el tiempo le dio la razón. Los colombianos nos tomamos en serio el asunto y desde muy temprano fijamos posiciones. Salvo algunos notables puristas, que prefieren la abstención para mantenerse inmaculados pensando que así tendrán autoridad moral para señalar el fracaso de los demás, la inmensa mayoría participaremos activamente acudiendo a las urnas.

Este plebiscito pasará a la historia como una reñida contienda electoral entre quienes apoyan la solución política y pácifica del conflicto armado con las Farc y aquellos que prefieren la prolongación del mismo hasta la obtención de una victoria militar que suponga la aniquilación del enemigo o su rendición incondicional a las leyes de la república.

Este es el dilema que debemos resolver los colombianos, de ese tamaño es la decisión que vamos a tomar el próximo domingo.  El plebiscito nos ha puesto de cara al futuro del país y obligado a pensar mas allá del beneficio directo e inmediato que podamos recibir.  La promesas giran en torno a la defesa de los valores de la paz, la justicia, la verdad y la reparación integral de la victimas y no a la satisfacción de intereses particulares.  De ahí la importancia de este evento en la construcción de una cultura democratica, participativa y solidaria. 

Ojalá los colombianos estemos a la altura de las circunstancias y escribamos entre todos esta página de la historia que nos llenará de orgullo por haber puesto fin a un largo, cruel y despiado conflicto armado.

Hagamos un alto en el camino, no mas mentiras sobre los acuerdos, no mas discurso del terror, no mas respuestas engreídas y soberbias de las FARC, dejemos que los ciudadanos asuman la responsabilidad que les corresponde de ser artifices de su propio destino.

Los defensores del NO deben entender que le causan un inmenso daño al país al promover una campaña basada en imprecisiones, falsedades, mentiras y ruindades y del lado del SI no se puede caer en la bobería de vender la idea de que al ganar el plebiscito nadaremos en rios de leche y miel.

La verdad no puede seguir siendo la gran damnificada en esta disputa electoral. A la mentira no podemos responder con engaños.  Decir la verdad, expresar los temores y sinsabores que nos producen los acuerdos es un imperativo ético insoslayable. La alegria que nos produce el silencio de los fusiles debe llamarnos a la reflexión sobre los desafios que están por venir para que la paz alcanzada sea realmente estable y duradera y esto solo es posible si ponemos la verdad en el centro del debate.

A la verdad deben temerle los victimarios y no el pueblo que la necesita para sanar sus heridas y como garantía de no repetición.  Debemos sospechar de todo aquel que invite a rechazar, negar u ocultar la verdad o la muestre como innecesaria o peligrosa.  Sin verdad, no hay posibilidad  de perdón y mucho menos de reconciliación. Es falso que el perdón esta fincado en el arrepentimiento, pues este de nada sirve sino se conoce la verdad.

A los falsos profetas que Biblia en mano se oponen a la paz e invocan a Jesucristo para defender la prolongación de esta guerra fratricida debemos recomendarles que lean el evangelio, para que adviertan el sacrilegio en que incurren  al invocar un Jesús violento o vengativo.

El triunfo del SI en el plebiscito será un paso muy importante en la construcción de un Estado realmente pluralista, participativo, incluyente y democratico.  

A pocos días del plebiscito muy pocos cambiaran de postura y los indecisos, como siempre, dejarán todo para el último momento.  Durante el interregno que falta para la votación podemos meditar sobre lo que le espera a Colombia, según sea el resultado del plebiscito, y  pensar en un pais donde no tendremos mas viudas, ni huerfanos, ni destrucción por causa del conflicto con las FARC. ¿Será que la sola ausencia de tanto dolor futuro hace que valga le pena votar por el SI?