Mié, 10/05/2016 - 10:58
Por el momento las propuestas de Uribe sobre el particular son una tomadura de pelo, puesto que la amnistía para delitos menores, el alivio judicial para miembros de la fuerza pública y la protección de los guerrilleros, están expresamente contemplados en los acuerdos que la mayoría de los votantes decidió arrojar al tarro de basura.
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Uribe no puede seguir siendo la enfermedad y el remedio a la vez
Foto Especial para www.90minutos.co

“Gracias a la democracia y a la educación de masas, los políticos poseen ilimitadas oportunidades para manipular a la opinión pública, aunque ellos mismos dependen directamente de cambios de actitud en la sociedad de masas y pueden ser destruidos por ellos”  (Leonidas Donskis)

La incertidumbre creada por el triunfo del NO, obliga a los colombianos a pensar en una solución que impida que los resultados del plebiscito se traduzcan en el fracaso del proceso de paz con las FARC y nos veamos enfrentados a la reactivación del conflicto armado con esa guerrilla.

Los primeros que están obligados a dar a conocer los términos de la renegociación y la forma como debe llevarse a cabo, son, por supuesto, los líderes del NO. Las consignas de campaña que promovieron en contra de la impunidad, la elegibilidad y otros aspectos deben se nutridas de contenido, de igual manera tienen la obligación de precisar cuáles son los cambios que deben introducirse a los mecanismos de negociación.

Por el momento las propuestas de Uribe sobre el particular son una tomadura de pelo, puesto que la amnistía para delitos menores, el alivio judicial para miembros de la fuerza pública y la protección de los guerrilleros, están expresamente contemplados en los acuerdos que la mayoría de los votantes decidió arrojar al tarro de basura.

Si el uribismo no da a conocer sus propuestas en un tiempo prudencial o simplemente insiste en que los guerrilleros deben purgar largas penas de cárcel y renunciar a la participación en politica,  estaríamos de cara al mayor despropósito cometido en la historia del país y quedaría en evidencia que los impulsores del NO querían solamente  el fracaso del proceso de paz, con la inevitable consecuencia de la reanudación del conflicto armado con las FARC, como parte de una calculada estrategia política pensada en la toma del poder en 2018.

Los dirigentes del NO tienen el sartén por el mango de la nueva realidad política, pero no el futuro del país. La profunda división en que se encuentra Colombia no garantiza el triunfo del uribismo en los próximos comicios presidenciales, pero  puede llevarnos a una grave inestabilidad institucional con terribles e imprevisibles consecuencias.  

Los promotores del NO saben que su victoria fue demasiado estrecha y que del otro lado quedaron millones de colombianos que si bien acatan los resultados del plebiscito, no están dispuestos a permitir que el país avance hacia el precipicio.

Uribe debe reconocer que su exitosa estrategia basada en el miedo y el odio, promovida a través de mensajes engañosos y cantinflescos, solo le sirvió para lograr una difusa mitad más uno en el plebiscito, dejando al país enfrentado en dos bandos aparentemente irreconciliables; una victoria de esta naturaleza debe ser manejada con pinzas porque puede convertirse en su peor derrota.

Uribe mató la paloma de la paz y ahora no sabe que hacer con las plumas.  Cuando lideró el movimiento del NO jamás calculó que ganaría y menos con tan pocos votos, provocando una compleja crisis institucional y política de impredecibles consecuecias, de la que ahora quiere sacar provecho.

El país esta dividido pero no destruído, sin embargo, es de preveer que las FARC aprovecharán la coyuntura para movilizar a las organizaciones sociales que las respaldan y de paso concitar la adhesión de quienes sin tener ninguna afinidad ideologica con esa guerrilla apoyan irrestrictamente el proceso de paz y experimentan un sentimiento de rabia contra el uribismo.  Si esto llegara a ocurrir, Uribe le habrá hecho a las FARC el invaluable servicio de fortalecerlas politicamente sin que hubieran empezado a desmovilizarse.  La virtud que tienen los extremos de alimentarse entre sí.

Los colombianos que votamos por el SI tenemos la obligación de respaldar al presidente, sin ninguna vacilación.  Cometen un descomunal error quienes piensan que la salida a la crisis originada por los resultados del plebiscito debe solucionarse con la renuncia del presidente Santos y del equipo negociador del gobierno en los diálogos de la Habana. Eso sería acercar una antorcha encendida al polvorín en que quedó convertido el país desde el pasado 2 de octubre y una grave e imperdonable ingratitud con quienes hicieron un enorme esfuerzo y sacrificio por la paz de los colombianos.

Esta semana, estaba previsto el proceso gradual de desmovilización de las FARC, en cambio tenemos un escenario donde cualquier cosa puede pasar por culpa de la desmedida ambición de poder de Uribe, respaldado por sus leales seguidores, fanaticos religiosos y ciudadanos desinformados,  pero también por una vieja clase política y una dirigencia económica  mezquinas que se niegan a renunciar a una mínima parte de sus privilegios.

Nadie dijo que el camino hacia la paz era fácil de transitar. Debemos asimilar el golpe de la derrota del plebiscito  como un desafío en la defensa de la paz y el futuro del pais.  No podemos rendirnos cuando la lucha apenas comienza.

ADDENDA UNO: La vergonzosa abstención del 63 por ciento de los ciudadanos habilitados para votar en el plebiscito pone sobre la mesa la necesidad de aprobar el voto obligatorio en Colombia.

ADDENDA DOS: Vargas Lleras debe saber que el pueblo colombiano le cobrará en las urnas su cobardía y oportunismo.