Mié, 11/25/2015 - 10:52
Y el Gobierno antes de ir dando indultos, controvertidos pero justificables para algunos, debería exigirle a las Farc que cumplan con la libertad de los niños y adolescentes en sus grupos combatientes, o como se dice en  términos coloquiales en las filas, que les den “la mocha”. Que los devuelvan a sus vidas y entornos.
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

El 13 de febrero de este año, es decir, hace 9 meses largos, el jefe guerrillero de las Farc, Iván Márquez, indicó que esta agrupación subversiva no incorporaría menores de edad a sus filas. Admitió así que sistemáticamente habían reclutado menores a sus frentes, y las cifras hablan por sí solas:unos 2.500 niños y niñas han abandonado las filas de las Farc en los últimos 13 años.

De otra parte de 17.345 desmovilizados de esa guerrilla desde 2002, casi la mitad dijeron que los reclutaron siendo niños. El año pasado fueron 278 los menores que se entregaron a las autoridades tras huir de las Farc.

Unas cifras  que sacuden, y que deben generar reflexión. En un eventual posconflicto a las ciudades y campos van a llegar menores de edad o excombatientes quienes, desde su adolescencia, lo único que saben es manejar fusiles, granadas y minas antipersonales.

Pero más allá de lo que pasará, concentrémonos en los que está pasando. El Gobierno anuncia un  indulto a 30 guerrilleros, pero las Farc no dicen nada sobre los menores de edad que tiene en sus filas, sobre todo las niñas y niños, reclutados desde antes del 13 de febrero del año 2015.

Si apuestan por un desescalamiento del conflicto, que dejen en libertad a sus combatientes menores de edad porque, para mí, como creo que para miles de colombianos, ellos están “amarrados a un conflicto que les quitó la inocencia, alegría y los mejores sueños”.

La primera vez que estuve en un encuentro con la guerrilla, en el Tambo, Cauca, dentro de mis actividades periodísticas, lo que más me impactó fue que las que nos recibieron fueron dos guerrilleras y prácticamente unas jovencitas. Las recuerdo con sus botas por encima de camuflados desteñidos, y esa mirada desafiante que les dejó el paso del tiempo en el monte, en medio de fuertes entrenamientos, caminatas, combates y muchas veces enfermedades que deben soportar en silencio y el hambre.  

Reclutadas desde antes de sus fiestas de quince años frustradas. Sin derecho a estrenar un jean un domingo. Las miradas desafiantes de esas niñas nunca las olvidaré; ellas  son testimonios de una de las prácticas más crueles en el conflicto, el reclutamiento de menores.

Las Farc están en la mira de la Corte Penal Internacional, pues se trata de un crimen de guerra que no prescribe, y esperemos que tras el acuerdo de paz en La Habana, esto no quede como un “canto a la bandera”.

Que la conciencia de miles de niños que fueron arrebatados a sus padres en zonas en donde no hay otra opción que entregárselos al comandante de turno o a familias que no alcanzaron a salir desarraigadas para salvar a sus pequeños, no quede impune.

Las Farc deben también a nivel nacional, entregar un listado actualizado de esos menores de edad que están bajo su mando en las filas. ¿En qué condiciones están? ¿Qué nivel por lo menos de escolaridad tienen? Pues estos niños además fueron condenados al analfabetismo, la desnutrición, pero lo más grave a la violencia por sus jefes.

El saldo del conflicto con la niñez colombiana, especialmente la rural, es infame. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ha atendido en 15 años a 5.708 niños desvinculados del conflicto, eso dimensiona esta reflexión. Pero ojo, la Defensoría del Pueblo dice que recibe cada mes al menos 10 denuncias de reclutamiento de menores para grupos armados.

Y el Gobierno antes de ir dando indultos, controvertidos pero justificables para algunos, debería exigirle a las Farc que cumplan con la libertad de los niños y adolescentes en sus grupos combatientes, o como se dice en  términos coloquiales en las filas, que les den “la mocha”. Que los devuelvan a sus vidas y entornos.

No sé qué habrá pasado con las dos guerrilleras de El Tambo, ojalá que después de muchos años estén con vida. Para ellas tal vez no habrá indulto, así como no hubo ese derecho a ser felices, a vivir en paz. ¿Quién sabe si estén con vida para tener un horizonte diferente?

Finalizo este blog recordando que el reclutamiento de menores es castigado en Colombia con penas de entre 6 y 10 años. ¿Serán suficientes tras arrebatarles a tantos  niños sus vidas?