Lun, 12/14/2015 - 12:09
Hay que “tomarse” los  barrios presentados como grandes oportunidades y en los que con el paso del tiempo quedó  en evidencia, que sin un acompañamiento social, se transforman en sitios vulnerables, violentos y difíciles.
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

No sé cuántos kilómetros puedan distanciar al barrio Potrero Grande en Cali con La Habana, capital de Cuba. Y menos cuántos pueden haber del epicentro de los diálogos de paz, hasta las fronteras invisibles que dividen a este sector caleño transformándolo en un epicentro de una violencia intraurbana irracional.

Lo que sí considero es que esa paz que se logre con la subversión, debe integrar a cada metro de estos barrios, en los que se crece luchando desde muy temprano para ser los más fuertes y sobrevivir. Unos barrios que han crecido en Cali, Bogotá o Medellín, y que además han tomado fuerza con el modelo de las entregas de viviendas gratis, y que hoy se replican en otras ciudades y poblaciones medianas de la geografía colombiana.

Buena parte de los combatientes que se desmovilizarán, cuando se geste el acuerdo definitivo, provienen de estos mismos barrios. Han salido del mismo "entramado social". Han surgido de esa mezcla de marginalidad con el anhelo de salir adelante como sea. Así fuera yéndose para el monte a lo que la suerte dispusiera. Y seguir en esa lucha desenfrenada por sobrevivir.

En muchos de estos barrios  hoy conviven desplazados con desmovilizados. O mejor dicho luchan entre sí por el mismo espacio y reconocimiento unos y otros. Incluso hay familias que han tenido hijos en la guerrilla, el Ejército y todas llegaron un día con una mano adelante y otra atrás, a ciudades que no conocían, y en la que sus integrantes tomaron los caminos que podían.

También hay barrios en los que victimarios y victimas  habitan las mismas manzanas. Y a los  que llegaron  desplazados y por la rudeza de sus entornos, pasando algunos  a ser   victimarios, y a desplazar a sus mismos vecinos. Así como ellos algún día lo había sufrido por parte de otros. Vaya “radiografía” social.

Considero que  en el  entender esa dinámica, esas vueltas que les han dado a estos barrios, sus crecimientos desaforados y sin ninguna atención integral para la construcción de un tejido social, puede estar el futuro de un proceso de paz, que debe apuntar a lo que va a ocurrir cuando a las ciudades  comiencen a llegar los desmovilizados de las Farc en gran número.

Hay  que comenzar a preguntar que va a pasar  cuando se encuentren frente a frente víctimas y victimarios, y sin que haya quien haga una mediación o una terapia de perdón y reconciliación, caso por caso, pues son muy distintos los de una vereda en el Chocó a los de un corregimiento en algún municipio del Cauca.

Y me surgen más interrogantes: Qué trabajo se va a adelantar para que aquellos que hoy los ven como enemigos, los puedan albergar en sus mismas cuadras? Porqué si hoy existen barreras invisibles, que podría pasar cuando estas se llegarán a multiplicar y  tuvieran a un lado a los civiles, en el otro a los excombatientes, y todos surgidos desde el mismo origen necesidades, problemáticas y dificultades?

La paz y el posconflicto, no pueden ser gestados sin atender a la realidad que se avecina. Unas ciudades a las que llegaran desmovilizados que hay que acompañar en todo sentido, pero además a las personas que ya están en muchos barrios sin una real presencia estatal.

Hay que “tomarse” los  barrios presentados como grandes oportunidades y en los que con el paso del tiempo quedó  en evidencia, que sin un acompañamiento social, se transforman en sitios vulnerables, violentos y difíciles.

En su alocución desde la Habana el delegado plenipotenciario, Humberto de la Calle Lombana indico “el anuncio del acuerdo sobre el reconocimiento de los derechos de las víctimas,  pronostica el posible fin del conflicto y el advenimiento de una paz firme. No cualquier paz. Queremos una paz duradera, la cual sólo se consigue situando a las víctimas en el centro, como lo hemos hecho”.

Nos tenemos que comenzar a preparar toda la sociedad para recibir a víctimas, que antes eran victimarios. Dejar de pensar que  desplazados, excombatientes, los que llegarán con la paz, son una responsabilidad exclusiva del estado. Hay que cambiar, como dicen los entendidos en temas sociales “el chip”.

Hoy silenciosamente están llegando a ciudades como Cali desmovilizados de los grupos subversivos por su propia decisión. Han abandonado el monte y la “guerrillerada”, y han sido acogidos por la agencia de Reintegración en varios procesos. En las últimas semanas vimos algunos graduándose en Roldanillo de bachilleres, llenos de sueños.

En la medida en que los sueños de los desmovilizados se conviertan en una realidad, la paz comenzará a gestarse. También en la medida en que unos y otros se acepten en estos barrios como Potrero Grande, en los que todos son tan similares en sus realidades, pero tan diferentes en sus reacciones.

La paz no está solo en unas conversaciones y un proceso, va más allá de las fronteras de cada uno de nosotros, y no tiene un kilometraje establecido,  hay  recorrerlo cada día.