Jue, 03/31/2016 - 10:10
El matrimonio es la manera natural de experimentar las cosas valiosas de la vida porque es allí donde aprendemos a amar, a perdonar, a tolerar, a entregar sin esperar nada a cambio, y donde aprendemos paciencia, misericordia y bondad. 
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

Con este título, una prestigiosa revista en Colombia titulaba por estos días el siguiente texto:

"Ahora cuando la Corte Constitucional discute sobre el matrimonio entre parejas del mismo sexo, vale la pena mencionar algunas cifras de cómo le va a esta institución entre las parejas heterosexuales del país. Según el Informe Mapa Mundial de la Familia, presentado en Colombia por la Universidad de la Sabana, solo el 20 % de los colombianos mayores de edad están casados, la cifra más baja de nupcialidad en el mundo. Mientras tanto se cree que más del 35 % de los colombianos vive en unión libre. A esto se suma que el 84 % de los bebés concebidos hoy en el territorio nacional son de mujeres que no se han casado ni por lo civil ni por una iglesia. Latinoamérica es la región en la que está situación más se presenta. El menor promedio lo tiene Argentina (13%) y el mayor nuevamente Colombia (84%)".

Estas son de nuevo tristes noticias para nuestro país. Estar a la cabeza de las naciones donde nacen más niños de padres no casados, es una muy lamentable realidad.

Triste porque el matrimonio es la institución que Dios diseñó y creó para proteger de manera natural a la familia. Triste porque cada día para los jóvenes es más fácil embarazarse que responsabilizarse, más fácil engendrar un hijo que construir una familia. Y mucho más triste aún porque estamos haciendo de este, un mundo sin lazos, sin compromisos, un mundo de solteros y solteras, es decir de solitarios con licencia para deambular por la vida sin nada que los estabilice, sin cobertura y sin pertenencia ninguna.

¿Que ser soltero es una opción? Por supuesto. Y muy respetable. Sin embargo, no podemos olvidar que la familia, a partir del matrimonio, es la institución base de toda sociedad sana porque es allí donde se construyen valores, principios y estilos de vida en comunidad. Es la manera como podemos trascender y dejar huella en nuestras generaciones venideras. Es la figura del matrimonio la forma en que Dios nos protege, nos cuida y nos lleva de su mano. Es la forma como Él quiere que vivamos la vida. No como ovejas sueltas, sino en pareja, en unidad, en unanimidad.

El matrimonio es la manera natural de experimentar las cosas valiosas de la vida porque es allí donde aprendemos a amar, a perdonar, a tolerar, a entregar sin esperar nada a cambio, y donde aprendemos paciencia, misericordia y bondad. Aprendemos a ver al otro con los ojos que Dios le ve, y sobre todo, es en el matrimonio donde podemos encontrar la verdadera paz, esa paz que viene de arriba en la forma de una persona amorosa esperando por ti, y unos hijos alegres que aunque no te lo digan, siempre te agradecerán que hayas tenido el valor de haber construido para ellos un verdadero hogar.

El matrimonio, pese a que muchos lo vean como una cadena o una pesada obligación, es por el contrario una muy alta expresión de la libertad, porque cuando nos amamos tal y como Dios dice que lo debemos hacer, nos libera de muchas ataduras, en especial de aquellas que vienen en el paquete generacional, tales como el adulterio, el abandono y por supuesto la soledad, uno de los grandes males de nuestra sociedad.

Oro al Señor Todopoderoso, para que el matrimonio no se extinga jamás y para que cada día las nuevas generaciones entiendan de verdad que Dios no se equivocó inventándolo, no sólo porque Él nunca se equivoca, sino porque nos lo ofrece como la opción más bella para caminar por este bosque tan lleno de dificultades, de egoísmo y maldad. Oro para que comprendan que la bendición que Dios puso sobre el matrimonio no es algo menor, es por el contrario, la más hermosa y grande oportunidad para vivir la vida, porque cuando Él nos bendice ya no somos más dos sino uno, y entonces la vida en pareja se torna plena, completa, divertida y feliz. Es cuestión de creer para poder ver.