Jue, 07/30/2015 - 11:35
No puedo dejar de hacerme todas estas preguntas. No puedo dejar de repetirme si allí en esos que haceres o en otros por el estilo hay verdadero gozo, o más bien una dependencia soterrada, que como el alcohólico, se ve obligado a consumir cada vez más sin llegar a saciarse nunca jamás.
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Foto: Especial para: www.90minutos.co

Uno de los problemas que tal vez tenemos los seres humanos para no alcanzar la felicidad, es que nos faltan cosas y nos sobran cosas. Quizá el equilibrio sea el camino para alcanzar ese esquivo estado que llamamos felicidad.

Hacer un auto-análisis de nuestras carencias y nuestros excesos no resulta fácil, porque en general nuestro nivel de autocrítica es bajo. Nos encanta medirnos con mano suave, con benevolencia, con consideración. 

De todas formas deberíamos arriesgarnos de vez en cuando a mirar menos hacia afuera, a los demás, y hacer un viaje honesto a nuestro interior, en la certeza que allí encontraremos sorpresas de toda índole. Unas agradables, otras no tanto.

Ocupémonos por ahora de dar una mirada a esas cosas que tal vez sobran, pero que hemos ido cultivando y cuidando como valiosos tesoros, cuando en realidad no lo son tanto.

Allí aparecerán entonces, esas pequeñas o grandes manías que tenemos y que bautizamos con distintos nombres para disimularlas: las llamamos aficiones, hobbies, colecciones, pasatiempos, etc. Y yo me pregunto (con todo el respeto por quienes lo practican): ¿Está bien por ejemplo, dedicar horas, días, y una buena parte de nuestra vida y esfuerzos a coleccionar llaveros? ¿O vasos, o artículos de una marca de cerveza? O lo que sea. ¿Está bien una afición de esas? ¿No será que eso es algo que realmente sobra? Lo digo porque en la mayoría de los casos las personas "sufren", y se desviven, y pagan importantes sumas de dinero por una pieza de "su colección" que les hace falta, y cuando la consiguen se sienten eufóricos y victoriosos.

¿No será que están poniendo sus intereses y su esfuerzo en el lugar equivocado? ¿Qué me ofrece una experiencia como esa, que no sea un simple y dudoso placer efímero o una victoria pírrica de escaso beneficio?

No puedo dejar de hacerme todas estas preguntas. No puedo dejar de repetirme si allí en esos que haceres o en otros por el estilo hay verdadero gozo, o más bien una dependencia soterrada, que como el alcohólico, se ve obligado a consumir cada vez más sin llegar a saciarse nunca jamás. De corazón creo que esas cosas sobran, e incluso pueden estorbar.

Trato de entender la sicología de un coleccionista y la respuesta la encuentro en la sicología del jugador: no juega para ganar, sino para sentir la adrenalina del juego, y cuando gana esa adrenalina disminuye y por tanto debe empezar de nuevo. Quizá así funciona el coleccionista: persigue una pieza y cuando la obtiene, debe salir a perseguir una nueva, en medio de una permanente insatisfacción.

¿Qué otra cosa nos puede sobrar?: La moda. ¿Es usted de aquellos que necesitan vestir según lo último que está en las vitrinas? Cuando sale un nuevo estilo o unos nuevos colores, ¿se siente mal y fuera de lugar si no se conecta de inmediato con esa novedad? Si la respuesta es sí, tal vez es hora de reflexionar en la verdadera importancia y utilidad de estar "a la moda".

Porque una cosa es vestir bien y cómodamente, y otra es ser "esclavo" de las tendencias y los giros que la moda da cada vez con mayor velocidad. En general no deberíamos ser esclavos de nada que nos ofrezca el mundo, porque sin duda será efímero e inane.

¿Qué otras cosas pueden sobrar? Tal vez muchas. Es posible que tengamos otras "dependencias" que no traen beneficio alguno y que por el contrario sólo agregan carga innecesaria a nuestro caminar. Hablo de los vicios: cigarrillo, alcohol, drogas, pornografía y todas esas manifestaciones de debilidad en el carácter. Hablo también de otras aceptadas socialmente, pero igual de perjudiciales: pasión por un equipo de fútbol, que nos lleva a agredirnos unos a otros; afición excesiva a las redes sociales, a los videojuegos, y en general a estar conectados a los mundos virtuales cómo adicción o como excusa a nuestra propia incapacidad para relacionarnos bien entre seres humanos.

Descubrir nuestra carga sobrante es cuestión de mirar hacia adentro de manera autocrítica, para encontrar que tal vez una buena parte de esa carga no es necesaria, y por el contrario nos estorba para caminar ligeros de equipaje.

Y por último, para deshacernos de toda esa carga innecesaria, es primordial pedir ayuda al único que puede aliviar nuestro caminar. Esta escrito:"Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo". Salmo 55:22