Mar, 02/24/2015 - 08:44
Porque la adolescencia es uno de los períodos más críticos, tanto que se compara con “un segundo nacimiento”. Un período asociado a cambios radicales, físicos, fisiológicos y emocionales. 
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Manejo de la adolescencia y crisis de valores:

CAMBIOS RADICALES, FÍSICOS Y EMOCIONALES

“El día en que el niño se da cuenta que los adultos son imperfectos,

se convierte en adolescente.” Filosofía popular.

 

-  Un periodo de turbulencias, con cambios físicos y psíquicos, que genera grandes desconciertos en los jóvenes y en sus padres. Una de las principales características es discutir y cuestionar la autoridad de los padres y confundir la libertad, con la independencia.

-  En Colombia el 30 por ciento de la población es adolescente, mientras que en el mundo, 1 de cada 5 personas pertenece a este grupo poblacional.

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Escuché a un médico que decía que toda la problemática empieza por un cambio radical de los valores. Donde el hijo se convierte en el protagonista o el eje central y en el hogar se impone moderadamente o a raja tabla, su voluntad.

 Y de allí hacia afuera lleva la rienda y conduce a su modo a sus padres. En el colegio o en la universidad, el adolescente llama al profesor por su nombre y lo tutea. De igual a igual. No hay la reverencia de antaño. No hay la distancia o eso que llaman, “respeto.”

En ese orden de ideas, por ejemplo, si al alumno no le va bien en alguna materia, examen o evaluación, para el alumno y los padres, la culpa es del profesor. Con el respectivo reclamo a la institución académica. Antes era al contrario, el culpable siempre era el alumno.

Más al fondo, en la complejidad del problema, en la inseguridad de las ciudades, los desórdenes sociales, la delincuencia, el crimen, de manera sorprendente (poco a poco deja de sorprender) el adolescente aparece con más protagonismo.

Porque la adolescencia es uno de los períodos más críticos, tanto que se compara con “un segundo nacimiento”. Un período asociado a cambios radicales, físicos, fisiológicos y emocionales. En Colombia 3 de cada 10 personas hacen parte de este grupo poblacional, agobiado, según los especialistas, por crisis de identidad y adaptación.

Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, de las 6.000 millones de personas en el mundo, dos de cada cinco son adolescentes. Define la adolescencia como la etapa que transcurre entre los 10 y 19 años, considerándose dos fases, la adolescencia temprana 10 a 14 años y la adolescencia tardía 15 a 19 años. Un periodo de grandes cambios físicos y psicológicos y profunda transformación de las interacciones y relaciones sociales.

Se trata de un ser en conflicto permanente. Su unidad yace. Siente que su identidad y su sentido de sí mismo están amenazados

Según el especialista, en la actualidad el adolescente se enfrenta a un nuevo mundo bombardeado por las nuevas tecnologías, un mundo virtual, donde hay que replantear qué es la autoridad, quién es el adolescente, cuál es su situación, cuáles sus consecuencias y qué se puede hacer.

Tiene nuevas concepciones del tiempo y del espacio. Se mueve en espacio infinitos o virtuales, donde el pasado no existe, el futuro es incierto y solo existe el presente. Incluso sus nuevas formas de relación nacen de la espontaneidad y estas ofrecen riesgos.

La formación de pandillas, por ejemplo, que son regresiones grupales primitivas, se vuelve una amenaza directa. Aparecen los sistemas de inclusión y exclusión y los cambios en las condiciones de salud y sexualidad.

El inicio temprano de la sexualidad conlleva a la maternidad temprana. Enfermedades como el cáncer de útero, entre otras. Al mismo tiempo se sucede un inicio prematuro del contacto con las drogas y el alcohol y una preocupación excelsa por lo material, por el cuerpo.

Según los expertos hay una crisis o degradación de la autoridad, de la figura del poder y mientras no exista un espíritu crítico, lo que se da es un predominio de la banalidad y por tanto una ruptura de la convivencia.

Aunque durante la niñez los padres inculcan a los hijos una serie de normas familiares y sociales de convivencia, cuando el hijo llega a la adolescencia esta tarea es más compleja. A esta edad, por lo general, los jóvenes rechacen las normas y las cuestionen cuando no están de acuerdo con ellas.

Los adultos o los padres, según los médicos, no deben perder el miedo a exigir y a ejercer la autoridad en la familia, sin que eso signifique perder el cariño hacia los adolescentes. Es indispensable exigir con acierto y ser coherentes. No hacer lo contrario de lo que se exige a los hijos. Ellos juzgan todo y son  mucho más exigentes con los padres.

Establecer reglas del juego. Hacerle ver que el incumplimiento de las normas tendrá consecuencias. Estas normas deben ser aceptadas por padres e hijos. Papá y mamá deben ponerse de acuerdo en lo que se le exige al adolescente, de lo contrario él aprovechará estos desacuerdos para desafiar la autoridad de sus padres.

Debe propiciarse el equilibrio en el ejercicio de la autoridad. Muchos problemas pueden resolverse mediante otros mecanismos. Haga acopio de la creatividad.

Los padres deben tener claro de no separar la comprensión y de la exigencia. En algunas familias con adolescentes toda la comprensión está en los padres y toda la exigencia está en los hijos.

Los médicos insisten en que hay que poner a prueba la propia imaginación para encontrar situaciones de participación de los hijos. Saber resistir frente a dificultades y frustraciones. No desanimarse nunca, pase lo que pase. La autoridad se puede perder y se puede recuperar. Hay que ser perseverantes. En una discusión destacar siempre lo positivo en primer lugar.

La paciencia es clave para aclarar muchas veces algunas ideas, para que el adolescente entienda la razón de las afirmaciones.

El ejercicio de la autoridad se logra en un clima de confianza, que no excluye actos de energía. Debe ser una exigencia serena. Escuchar atento al hijo que trata de exponer su punto de vista, sin dejar de aclarar después.