Mar, 08/23/2016 - 09:37
Pero qué digo. ¡Anillo! Ella debe tener pesadillas con la tal comunidad que acaba de decir la Fiscalía, no existe. 
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Foto: Especial para www.90minutos.co

Claudia Palacios, Julio Sánchez, Paulo Laserna, Jorge Alfredo Vargas, Gustavo Gómez, María Jimena Duzán… Canal Capital, La W Radio, El Espectador, Blu Radio, Caracol, Revista Semana, Semana en vivo… el listado de periodistas y medios es tan reconocido como ella. Esa es una verdad inobjetable. Todos -como ella, hasta hace muy poco- informan cada mañana, cada noche, todos los días, a toda hora, al país. Y esa es una verdad relativa, es decir, es casi una mentira. Ellos definen la agenda de noticias. O mejor, ellos comunican o debaten lo que han definido los dueños de los medios donde trabajan. Así es este negocio, en equipos chicos y también en las grandes ligas. Y el término es preciso: negocio.

Y todos ellos la han entrevistado ahora que ella ya no está con ellos. Entre ellos. Ahora que está fuera del grupo. Todos se han solidarizado mediáticamente con ella. Y enarbolan la objetividad, la responsabilidad, la imparcialidad... bla, bla, bla. Y le han dicho en voz baja, fuera de micrófonos y detrás de cámaras apagadas, ¡qué cagada no! Es el culillo del periodismo. Nadie le ha ofrecido trabajo. Hay que esperar a que se acabe este gobierno. Pareciera que todos rezan y profesan lo mismo. Esa frase de la cultura popular que con una pequeñísima variación de número le viene al ejercicio periodístico nacional como anillo al dedo: “Ni tanto que queme al Santos, ni tan poco que no lo alumbre”.

Pero qué digo. ¡Anillo! Ella debe tener pesadillas con la tal comunidad que acaba de decir la Fiscalía, no existe. Debe despertarse todos los días preguntándose por qué a todos los periodistas -menos a ella- les dio culillo contar algo que el Procurador ya había advertido. Y habrá de responderse que su cabeza estuvo servida en la mesa de los carroñeros, cuando la doble moral de cualquiera de los poderes consideró o acordó que ella se había salido de madre.

Fue el más reciente escándalo mediático que ha puesto en tela de juicio al periodismo nacional y que sacó de una de las empresas del Grupo Ardilla a Vicky Dávila. Ella se ha dedicado entonces a contar su verdad en un libro. O la que considera es la verdad. O la versión de unos hechos cuyo desenlace afecta a unos pocos de manera directa y a una mayoría colateralmente. Cualquier escándalo estatal concierne a todos los ciudadanos. Debería. Ahora ella también es digital y muy crítica del sistema del que hizo parte. ¿Se redescubrió o se reinventó?

Mientras ella responde, llama la atención que el periodismo nacional sea tan acucioso en estos temas -me refiero a los escándalos sexuales intrascendentes- y les dedique una, dos y hasta tres semanas, y pase por encima de temas como el colosal desfalco de Reficar, del que no se volvió a hablar; la tremenda crisis humanitaria de la Guajira, incluido el desvío del rio Ranchería para beneficio de una multinacional carbonífera; lo acordado por debajo de la mesa en La Habana; y la Reforma Tributaria que muy acorde con ‘La comunidad del anillo’, nos clavarán en medidas dosis. No es otro el afán del plebiscito. Primero SÍ a la paz y después más impuestos.

Son temas digamos incómodos para el gobierno. Como incómodo debió ser para Carlos Ferro reconocer su bisexualidad, que es una de las cosas que prueba un video tildado de pornográfico, escabroso, escandaloso -y otros adjetivos de más grueso calibre- y que en estricto sentido, es un diálogo entre un par de hombres adultos y, en el caso del viceministro, adúltero. Somos -a pesar de tímidos avances- un país homofóbico, machista y gobiernista. Nuestra sociedad no está preparada, es decir, educada, para discutir temas de índole sexual con altura. El solo nombre mediático: ‘La comunidad del anillo’, es ya un irrespeto. De ahí en adelante, o de ahí para atrás, el espectáculo sustituyó la mayoría de las veces la información. Si a eso sumamos que tumbar funcionarios es una especie de revanchismo social, el melodrama estuvo servido.

Ella, Vicky, seguirá denunciando cosas que investiga o le informan sus fuentes y que antes debía manejar con pinzas. Pero ahora ya no siente culillo, porque ya no teme estar de patitas en la calle si no tira línea, si no hay ‘rating’, impacto y ganancias para la gran empresa mediática.

Y ellos, Claudia, Julio, Paulo, Jorge Alfredo, Gustavo, María Jimena… y todos los periodistas orales, seguirán informando -o como plantea Serge Halimi, en su libro “Los nuevos perros guardianes”, salvo honrosas excepciones, en lugar de contrapoder y servicio a la sociedad-, seguirán sirviendo de formidable maquinaria de soporte ideológico y correa de transmisión de poder.Es un fenómeno creciente yuniversal, el modo en que la profesión de periodista sirve de vehículo, propaganda y defensa de los intereses de los propietarios de los medios de comunicación ligados al poder político y económico. Eso hay que decirlo, en honor a la verdad.

Vicky hablará sobre su libro “En honor a la verdad” en el auditorio Quincha de La Universidad Autónoma de Occidente, el marte 23 de agosto entre las 10:00 y las 12:00 m. Entrada libre.